viernes, 14 de febrero de 2014

INTENTANDO ARROJAR LUZ SOBRE EL PRINCIPIO DE NO CONTRADICCIÓN (PARTE II) Artículo de Roberto Daniel Crema




Artículo de Roberto Daniel Crema


Antes de continuar considero necesario dejar en claro que el significado de la palabra ambigüedad tiene en mi mente una connotación natural, despojada de toda crítica o postura clasificatoria de cualquier índole frente a una observación. De acuerdo a mi forma de ver la vida, es ésta misma la que nos lleva por una dualidad a veces provocada por nuestro comportamiento, a veces inducida por terceros, a veces fruto de la biología, y a veces, solo por azar o lo que los religiosos le llaman destino.

LAS LIMITACIONES DE BERTRAND RUSSELL

Para Russell, la inteligencia era el máximo de sumisión posible de la psicología a la logística. En ésta declaración, el pensador dividía al pensamiento y a las actitudes mentales del hombre en dos, en lógico y en psicológico. Lo primero tenía que ver con el intelecto (según él, despojado de sentimientos) y lo segundo (aparentemente para mi interpretación porque el filosofo en cuestión no se ha explayado en sus obras en éste tema) tenía que ver con los sentimientos en sí mismos y desarticulados de toda razón.

No pretendo aquí, psicoanalizar a un pensador, sin embargo, si desmenuzamos la frase de Russell en partes claramente divisibles, nos vamos a acercar a una ambigüedad en su raciocinio. Ambigüedad que, como profundizaremos más adelante en éste capítulo,  acompañó a todo el desarrollo de su pensamiento y a la mayoría de los filósofos de su época. Las palabras “máximo de sumisión”, implican un conjunto de interpretaciones muy variadas, de acuerdo al lector. Siendo éste un pensador que tanto se aferraba a la lógica, la concepción difusa de ésta división, significaba ya que en su mente existía todo un abanico de combinaciones posibles entre “su definición de intelecto” y “su definición de sentimiento”. Está claro que al expresarse en términos de “máximos” estamos dejando deslizar que consideramos la existencia de mínimos e intermedios. También está claro que al utilizar la palabra “sumisión” estamos abriendo un universo de posibilidades de interpretaciones culturales, tradicionales, educativas y profesionales.

Russell también utiliza en su frase la palabra “posible”. Ésta, también posee un universo casi infinito de interpretaciones en el mundo del comportamiento humano.

En los albores de éste capítulo (parte I), dejábamos bien claro que tanto la concepción lógica de Leibniz como la de Avicena, y ahora la de Russell, eran erróneas desde el punto de vista de la realidad del comportamiento de un “ser” humano. ¿Que se pretende con esto?, ¿anular todos los pensamientos filosóficos históricos?, ¿refundar la filosofía? Por supuesto que esos no son mis motivos.

EL “PROGRESO” DE LA INTELIGENCIA



“Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar.” Hipatia de Alejandría

Luego de leer a varias escuelas de pensamiento y estudiosos del tema, creo que existen tantas definiciones de la palabra inteligencia como intentos ha tenido cada escuela. Russell, el círculo de Viena, Marbe, Selz, Bühler, Claparède, Meyerson, Spearman, Rignano, Mach, Guillaume, Piaget, D.k. Adams, Hull, Tolman, y la lista sigue casi hasta el infinito. En principio, me preguntaba ¿cómo definir el progreso del pensamiento humano sin pasar por la descripción de inteligencia?, y luego me pregunto si es necesario relacionar el progreso del pensamiento humano con los principios filosóficos, ¿pueden estos “progresar”?, y finalmente, debido a que no puedo evitar esquivar los términos inteligencia y evolución, ¿cómo puedo hablar del progreso sustantivo de un término que aún no ha sido definido científicamente?.

La diferencia entre juicio y prejuicio.
Para continuar hablando de esta aparente incongruencia, primero deberemos introducirnos en la acción de los juicios. Los juicios son veredictos, con ellos creamos una nueva realidad, pero debemos tener bien en claro que la germinación de esta realidad es fruto de la interpretación exclusiva de quien emite el juicio. La emisión de un juicio no nos obliga a proporcionar evidencia, esta ya ha sido analizada o salteada. Cuando decimos “esto es lindo”, no estamos haciendo otra cosa más que expresar nuestro punto de vista. La influencia social de quien emite el juicio dependerá de su credibilidad.

Ahora bien, si nos exteriorizamos o pasamos a actuar en consecuencia con nuestro juicio, estamos llevando adelante una acción que se denomina pre-juicio. Pero si emitimos un juicio en silencio, y en lugar de actuar en consecuencia comenzamos a “tantear” la situación dejando abierta toda posibilidad de habernos equivocado en nuestra interpretación, estamos emitiendo internamente un prejuicio.

Hermenéuticamente hablando, Los prejuicios son condición de posibilidad de toda comprensión.  Todos tenemos prejuicios y éstos son nuestro punto de partida de cualquier proceso comunicativo o interpretativo. En este sentido son necesarios para nuestro día a día. La ironía que muestra Gadamer (padre de la hermenéutica filosófica contemporánea) es que como tales son siempre susceptibles de revisión y cambio. De hecho, tal y como lo muestra Gadamer en "Verdad y Método", los prejuicios siempre cambian en todo proceso de comprensión. Muy diferente a pre-juicio, donde la posterioridad ya no dejará espacio alguno para cambio y/o evolución. Ej: Si nos encontramos en una exposición de arte y expresamos “esto es lindo”, las personas que lo escuchen solo podrán aceptar, dejar pasar, o rechazar nuestro juicio. En cambio si lo pensamos para nuestro adentro y luego nos acercamos a otro espectador y le pedimos su opinión, seguramente nuestra interpretación inicial se verá afectada, sin haber corrido riesgo alguno de provocación más que el de nuestro intelecto. En el ejemplo, la primera acción es un pre-juicio, la segunda, un prejuicio.

Si emitimos un prejuicio y decidimos avanzar en la búsqueda de la verdad, de forma abierta y receptiva, lo que estamos haciendo es incrementar nuestro conocimiento, es decir, nuestro intelecto. Con esto no quiero decir que conocimiento sea igual a intelecto, quiero decir que a pesar de la enorme cantidad de definiciones de inteligencia, la mayoría de los autores coinciden en que el conocimiento es parte importante en la toma de decisiones razonables. Mientras más conocimiento busquemos, y más capacidad de almacenamiento le dediquemos a nuestros resultados, nuestras decisiones se encontraran intelectualmente más arriba de la media estándar normal. Si todos pudiésemos adoptar éste ejercicio, la media normal será móvil y creciente. Lo cual resulta un buen ejercicio para la evolución social practicar el ciclo cerrado prejuicio-busqueda-reflexión-comunicación-reflexión-almacenamiento-prejuicio. En éste ciclo cerrado, y en mi humilde opinión, socialmente virtuoso, he insertado dos veces reflexión, porque considero que en la comunicación debe tener mucho más peso el “oír” que el “hablar” para comunicar los resultados de la primer reflexión.

Vulgarmente hablando, el prejuicio permite la estructuración del pensamiento luego del tanteo. Thorndike, realiza un estudio científico donde pone diferentes animales en un laberinto. Al observar la forma en que los animales van eliminando los ensayos fallidos para solo quedarse con los correctos hasta llegar así a la meta, deriva en una ley que se denomina “ley de efecto”. Claparède profundiza esta idea y desarrolla lo que se llama “génesis de la hipótesis”. Como se conduce el sujeto en presencia de nuevas circunstancias?, sencillamente el sujeto tantea. Este proceso puede ser solo sensorio-motriz o el más profundo ensayo del pensamiento. Independientemente del método, el objetivo siempre será el mismo, encontrar soluciones a un problema, o interpretaciones a algo que desconocíamos.

Mi hipótesis frente a la definición de “inteligencia” y en sintonía con Feyerabend, es que la inteligencia posee una definición móvil in crecente, conforme el ser humano va adquiriendo y transmitiendo nuevos conocimientos de generación en generación. Feyerabend expresaba,

La versión refinada de un mito, admite la influencia de una representación consciente, [….] ya no tenemos una variable independiente como la “realidad” que determinará el pensamiento, y la percepción de los hombres, sino, una serie de influencias, como las que ejercen el lenguaje, los medios de expresión artística, la estructura social, la percepción misma, y las emociones, que actúan unas sobre otras y cuya relación momentánea solo de manera insuficiente pueden captar los conceptos presentes. [……] Mientras que la ciencia euclídea emplea círculos, cuadrados, líneas, y puntos para describir al mundo, los creadores de mitos se sirvieron de conceptos sociales y biológicos contando la historia de manera gráficamente representativa mediante arcos, flechas, soles, lunas, animales, flores, y fuegos.[……] en contraste con la versión ingenua, se admite que hasta los hechos más sencillos eran interpretados y modelados. […..] El mundo aparece en esos primeros pensadores, realmente como un “tú” y no como un “eso”; el cielo es un “libro de estampas”, y no un “libro de cuentos”; cada fenómeno descrito  “existe, es algo percibido”, y como tal, tratado.[…..] Se convierte así la representación mitológica en una realidad, no en un simple juego de símbolos.”

En continuidad, que Aristóteles haya estudiado profundamente y defendido la esclavitud, o que Russell haya obviado la ambigüedad de la psiquis humana en sus definiciones, no significa que no hayan sido inteligentes, dado el alcance social de sus pensamientos, solo significa que su nivel de intelecto estuvo por encima de la media normal para sus respectivas edades contemporáneas.

En el otro extremo, matar lo que no se entiende como mecanismo de defensa es una acción “grabada” en nuestros genes en pos de la supervivencia natural desde que el hombre comenzó a caminar erguido. Según Feyerabend, el ser humano desata este mecanismo en todos los ámbitos de la vida (social, educativo, grupal, de trabajo,...), y comienza solo con un pre-juicio; es decir, es un juicio emitido sobre un acto o situación, de lo cual tenemos poco de conocimiento y mucho de intuición, pero condenamos con acucia y para la eternidad. Mientras más razonable es una persona, más reflexivo se comporta, más anula sus instintos y pre-juicios, y más se preocupa por informarse antes de emitir un juicio. En éste principio se basa la eliminación de dogmas y acciones devenidas fruto de la ignorancia. A veces falla la presión evolutiva, a veces falla la escuela (entiéndase por escuela, el todo educativo de una persona, desde la familia hasta la universidad), pero nunca dejaremos de fallar mientras seamos humanos. Según Jean Piaget, no nos deben preocupar tanto los errores como la falta de reflexión. La presión evolutiva se logra en la comunicación, y según Jung, la simbología es la herramienta más eficiente en éste proceso.

Revalidando a Thorndike y Claparède creo que el hombre va progresando en su “SER”, íntegro incluido su intelecto, fruto de las presiones evolutivas.

Poniendo un ejemplo en el otro extremo, hace unos años, un obispo de Argentina, declaraba que utilizar el profiláctico era terminar con vidas humanas, por eso lo consideraba abortivo, y una responsable de una institución dependiente de la iglesia católica Española declaraba que se debía prohibir la masturbación por el mismo motivo. Esto demuestra que en un ambiente donde la mente no es sometida a presión del razonamiento (si un animal no es introducido en un laberinto, no siente obligación alguna de evolucionar intelectualmente) de la forma que pueden ser los claustros o las sectas, la regla de evolución intelectual queda anulada, e incluso a veces, invertida.


LAS AMBIGÜEDADES DEL MUNDO FÍSICO Y EL MODELAJE DEL COMPORTAMIENTO HUMANO.

Mientras más se acercan las expresiones matemáticas a la realidad, menos ciertas son. Mientras más cerca estén de la certidumbre, menos referidas a la realidad se encuentran”. ALBERT EINSTEIN.

Tal como lo veníamos expresando, Bertrand Russell tuvo limitaciones científicas a la hora de definir el pensamiento humano. Limitaciones fruto de dos puntos importantes, i) el nivel científico devenido de la época donde se pretendía aproximar el comportamiento humano a la lógica clásica y lineal, ii) la falta de aceptación científicamente masiva en la ambigüedad y la complejidad del comportamiento humano. Las ecuaciones matemáticas y la lógica de aquella época eran lineales. Nada más alejado esto, del comportamiento humano promedio. Pero casi como un presagio, Russel expresaba en su ensayo de “Investigación sobre el significado y la verdad”,

Todos partimos de un realismo ingenuo, es decir, de la teoría de que las cosas son lo que aparentan, [….] Si hemos de creer a los físicos, el observador convencido de que está observando una piedra, lo que observa en realidad son los efectos que la piedra produce sobre él. De esta suerte, la ciencia parece estar en guerra consigo mismo: cuando más objetiva se cree ser, se encuentra sumida, contra su propósito, en la subjetividad. El realismo ingenuo conduce a la física, y ésta, si es verdadera, demuestra que el realismo ingenuo es falso. Por lo tanto, si el realismo ingenuo es verdadero, es falso, y por consiguiente, el conductista que piensa estar registrando observaciones del mundo exterior, esta registrándolas, en realidad, de lo que ocurre dentro de sí mismo, […….] este examen crítico se denomina teoría del conocimiento o epistemología,  […….] el problema de la epistemología no es ¿Por qué creo yo esto o aquello?, sino, ¿Por qué tengo que creer yo esto o aquello?”.

Seguramente la primer reacción del lector será “bueno, entonces no creamos en nada”, o, “bueno, entonces nada de lo dicen los científicos es verdad”, o, “bueno, entonces ¿ni yo existo?”. Pido al lector trate de evitar emisión de juicio hasta el final.

Algo muy similar sucedió con Nietzsche que en su obra “Más allá del bien y del mal” expresaba,  

“Sigue habiendo cándidos observadores de sí mismos que creen que existen «certezas inmediatas», por ejemplo «yo pienso», o, y ésta fue la superstición de Schopenhauer, «yo quiero»: como si aquí, por así decirlo, el conocer lograse captar su objeto de manera pura y desnuda, en cuanto «cosa en sí», y ni por parte del sujeto ni por parte del objeto tuviese lugar ningún falseamiento. Pero que «certeza inmediata» y también «conocimiento absoluto» y «cosa en sí» encierran una contradictio in adjecto?, eso yo lo repetiré cien veces: ¡deberíamos liberarnos por fin de la seducción de las palabras! Aunque el pueblo crea que conocer es un conocer-hasta-el-final, el filósofo tiene que decirse: «cuando yo analizo el proceso expresado en la proposición `yo pienso' obtengo una serie de aseveraciones temerarias cuya fundamentación resulta difícil, y tal vez imposible, - por ejemplo, que yo soy quien piensa, que tiene que existir en absoluto algo que piensa, que pensar es una actividad y el efecto causado por un ser que es pensado como causa, que existe un ‘yo’ y, finalmente, que está establecido qué es lo que hay que designar con la palabra pensar, - que yo sé qué es pensar. Pues si yo no hubiera tomado ya dentro de mí una decisión sobre esto, ¿de acuerdo con qué apreciaría yo que lo que acaba de ocurrir no es tal vez `querer' o `sentir'? En suma, ese `yo pienso' presupone que yo compare mi estado actual con otros estados que ya conozco en mí, para de ese modo establecer lo que tal estado es: en razón de ese recurso a un `saber' diferente tal estado no tiene para mí en todo caso una `certeza' inmediata.» - En lugar de aquella «certeza inmediata» en la que, dado el caso, puede creer el pueblo, el filósofo encuentra así entre sus manos una serie de cuestiones de metafísica, auténticas cuestiones de conciencia del intelecto, que dicen así: «¿De dónde saco yo el concepto pensar? ¿Por qué creo en la causa y en el efecto? ¿Qué me da a mí derecho a hablar de un yo, e incluso de un yo como causa, y, en fin, incluso de un yo causa de pensamientos?» El que, invocando una especie de intuición del conocimiento, se atreve a responder enseguida a esas cuestiones metafísicas, como hace quien dice: «yo pienso, y yo sé que al menos esto es verdadero, real, cierto» - ése encontrará preparados hoy en un filósofo una sonrisa y dos signos de interrogación. «Señor mío», le dará tal vez a entender el filósofo, «es inverosímil que usted no se equivoque: mas ¿por qué también la verdad a toda costa?»”.

Tanto Heráclito como Nietzsche entendieron que para comprender a los seres humanos debemos concentrarnos tanto en su “ser” como en lo que no son, al mismo tiempo que debemos observar como participa éste en su proceso de continuo devenir. Para Nietzsche, “ser” humano puede comprenderse como un proceso en el que estamos permanentemente huyendo de la nada, mientras que al mismo tiempo, somos impulsados hacia ella, hacia el “sin sentido” de la vida misma, auto induciéndonos la necesidad de regenerar constantemente un sentido. Para Heráclito, estamos en un proceso de flujo constante como lo hace un río. Un río siempre envuelve esta tensión entre lo lleno y lo vacío, entre el ser y el no ser.

Un reconocido biólogo y autor de diferentes ensayos de biogénesis lenguaje, acción y pensamiento como Maturana, expresa que todo lo dicho siempre es dicho por alguien, y en lo posible, no debemos esconder al orador tras la forma del lenguaje. Esta es una trampa que permanentemente nos tiende nuestra comunicación permitiéndole a la persona que habla, esconderse detrás de las palabras. Podemos llegar así a mencionar el primer principio de ontología del lenguaje,

1)                 No sabemos cómo son las cosas.
2)                 Solo sabemos cómo las observamos o interpretamos.
3)                 Vivimos en un mundo interpretativo.

Vamos a intentar clarificar estas afirmaciones con un ejemplo literal. Ej: No hay límites exactos en el espectro visible, pero un típico ojo humano responderá a longitudes de onda desde 400nm a 700 nm. Se le llama un espectro visible a la región del espectro electromagnético que el ojo humano es capaz de percibir. A la radiación electromagnética en este rango de longitudes de onda se le llama simplemente luz. Un ser superior vestido en un traje que emite un espectro electromagnético fuero de nuestro rango de espectro visible, tranquilamente podría pasar desapercibido por nosotros (al menos en materia visual).


Una abeja, posee un espectro visible diferente al nuestro tal como lo indica la siguiente figura.


Por lo tanto, las abejas “ven” a las flores y al agua dentro de una piedra, de una forma muy diferente a la nuestra. Incluso muchos insectos, dada esta particularidad, pueden “ver” la temperatura de un objeto sin necesitar la cooperación del tacto para confirmarla. Cabe aclarar fundamentalmente, que cada ser humano posee su propio espectro visible, por consiguiente, la interpretación del color de un objeto, dependerá de cada ser humano en particular.

Profundizando en materia de percepción, según Hartmann, la base de toda definición verdadera, merecedora del nombre, es la unidad de una sinopsis todavía más amplia, como se tiene en toda “teoría” bien cimentada. Una consecuencia de esta tesis es la movilidad del concepto, considerado siempre injustificadamente como una forma estática. Con todo, Hartmann[1] no llega a la experiencia del “estado de relación excepcional de la conciencia” durante el cual, en la observación del pensamiento por encima del contraste sujeto-objeto, se capta lo que Steiner llama el “mundo uno de las ideas”. Aquello es tanto más lamentable cuando se admira grandemente su faena pionera de la cuádruple gradación ontológica de la realidad, es decir, inorgánico, orgánico, anímico y espiritual. Pese a ciertas imperfecciones susceptibles de enmienda, se pueden trazar relaciones fecundas con las realidades de lo físico, etérico, anímico y espiritual, investigadas y descriptas por Steiner décadas antes. Según Hartmann, cada nivel superior descansa siempre en el inferior, que es siempre el más fuerte. Pero el superior le imprime una forma más elevada, le agrega un elemento nuevo, un “novum” y, por consiguiente, tiene cierta libertad con respecto al inferior. En cambio, según Steiner, los niveles inferiores son transformados por los superiores; en el sentido de los conceptos aristotélicos de materia y forma, se convierten en materia para los superiores que, en esa actividad formatriz, también son más fuertes.

Yuxtaponiendo a Russell, Nietzsche, Steiner, Hartmann, Piaget, Maturana, con el principio de tanteo, error, selección y reflexión de Thorndike y Claparède (ley de efecto), podemos llegar a dos conclusiones,

1)      El hombre nunca tendrá un comportamiento lineal, continuo, permanentemente reversible y repetible, excepto que posea una imposibilidad mental compuesta y compleja.

2)      Dos personas (aún bajo el ideal de que sean biológicamente idénticas), no pueden copiar, repetir y/o reproducir exactamente el mismo comportamiento, el mismo pensamiento, y la misma percepción al mismo tiempo.

Estas dos afirmaciones, imposibilitan de raíz el modelaje del comportamiento humano mediante ecuaciones lineales. Por consiguiente, el principio de no contradicción no solo es inviable desde el punto de vista psicológico como afirmaba Piaget, sino que a su vez, también desde el punto de vista biológico dicho principio se convierte en el ideal imaginario de los fanáticos o dogmaticos.




[1] . (H. Büchenbacher: Experiencia y pensamiento en los cuatro niveles de la realidad. Actes du 2. Congr. Intern. de L’Union Intem. de Philos. de Sciences., Vol. 4, Zürich, 1954, Neuchatel, 1955).


Roberto Daniel Crema es ingeniero y gerente de RDC

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