jueves, 3 de julio de 2014

De las abejas y los padres aka



Dicen que las abejas desaparecen. Y es asunto que preocupa. Mucho.

Einstein dijo en una ocasión que el día que desaparecieran las abejas, a la civilización le quedaría una década de vida. En realidad, exageraba; los países del primer mundo diseñaremos cultivos transgénicos que nos librarán del hambre. Distinto es el tercer mundo: miles de millones de seres humanos dependen de las abejas para conseguir polinizar sus cosechas.
Igual, empujados por el hambre y la desesperación de ver morir a sus hijos, estos desgraciados se deciden a saltar las vallas que nos separan. Y sospecho que no hay muro ni arma de fuego capaz de detener esta marea.

En fin; hablaba de las abejas. Que no vuelan.
Y no saben el porqué.
Humildemente, propongo una razón: hace tiempo unos sesudos ingenieros aeronáuticos estudiaron el tamaño del cuerpo de la abeja y la envergadura de sus alas, y emitieron un dictamen basado en una larga cadena de razonamientos matemáticos:

La física dicta que las abejas no pueden volar.

Por fortuna, las abejas no saben de aerodinámica y, por consiguiente, vuelan.

¿Acaso las abejas, víctimas de una rara mutación genética, han logrado avances en el campo de la mecánica de fluidos y han descubierto que, en efecto, no pueden volar?
Este asunto me trae a la memoria a los padres aka.
 
Los pigmeos aka son una tribu de “salvajes incivilizados” detenidos en una sociedad cazadora/recolectora paleolítica. Los pobres no saben nada de los últimos avances en el estudio del comportamiento y la pedagogía infantil.
Ello explica que hagan tan mal las cosas. Contraviniendo cualquier manual al uso, los padres aka malcrían a sus hijos y acuden prestos si un niño llora. Los niños akas pasan buena parte del tiempo en brazos de sus mayores, especialmente de los padres.
Un estudio de Naciones Unidas proclamó a los hombres aka los mejores padres: llevaban en brazos a sus hijos el 40% del tiempo. Impensable en nuestra cultura de “dificultosa” conciliación familiar.
Les propongo una reflexión: un ratón resguarda a su progenie en una madriguera, y se pasa el día fuera, buscando alimento. Sólo amamanta a las crías unos instantes al cabo del día. En el extremo opuesto tenemos a los primates, como los orangutanes o los chimpancés. Las hembras llevan a las crías todo el tiempo en su regazo, y las alimentan a demanda.
Usted que cree; el Ser Humano, en última instancia, ¿es un primate o un roedor?
Un niño occidental nace, y un pediatra se lo lleva para lavarlo y hacerle los primeros estudios. La enfermera dejará al niño dormir en una cuna para que la madre pueda descansar. Todo es muy aséptico.
Un niño aka nace, y toda la tribu se reúne alrededor de una hoguera. La criatura recién nacida va pasando por los brazos de todos los integrantes de la tribu, que lo manosean, besan, bailan con él y le cantan melodías hermosísimas. Porque, curiosamente, la música aka es una de las más bellas e intrincadas que existen. Músicos occidentales han estudiado sus instrumentos, la asombrosa capacidad de improvisación y el uso casi instintivo que hacen de la técnica del contrapunto en su música vocal.
Estos “salvajes” acogen al recién nacido como miembro de una comunidad de la que forma ya parte, en la que crecerá como individuo y será cuidado desde el principio como una persona merecedora de respeto. El niño no será una pertenencia de los padres. Por cierto, los aka no conciben el maltrato infantil. Lo consideran una aberración.
Los padres aka no saben de psicología infantil, ni tienen acceso a los miles de ensayos escritos sobre cómo dormir, dar de comer o controlar las rabietas de los niños. Y, sin embargo, algo extraño sucede: los niños aka, a los que se calma cuando llaman la atención de sus mayores, lloran de media mucho menos tiempo que los niños de las sociedades modernas. Son niños con un despertar de habilidades motrices y psicosociales más temprana. Niños menos dependientes.
Los aka lo hacen todo mal. Son como abejas, cuyo desconocimiento de la física les permite volar.
Y los niños aka vuelan en las alas de la risa. Porque, ¿saben?, sus hijos ríen más que los nuestros.
Pobres salvajes ignorantes.

(Coda: los principios de la física que permiten comprender el vuelo de las abejas se descubrieron hace poco; el asunto es más complejo de lo que parece)

Antonio Carrillo

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