sábado, 16 de febrero de 2013

"La imposibilidad del humanista", por Carlos González Ruiz


 

"Fueron aquellos tres hombres, doctos en ciencia, arte y filosofía, que encontraron al bebé en una cueva; pálido y rollizo, con la mente tan abierta como sus ojos. Abierta como un brote que se afirma en la tierra, y mira al cielo con optimismo.

Hay una promesa, una profecía abocada a realizarse: ese niño llegará a ser el hombre en lo alto de la montaña, que observa admirado el resto del mundo, y con un solo pensamiento fijado en su mente: “lo hice”. Y es éste el último secreto de la naturaleza humana: esa total soledad en lo alto de una montaña, pensando si guardar el secreto, y con él su felicidad más profunda, o compartirlo a voz en grito al bajar la ladera, y con ello ganar los premios hueros de la gloria; ofreciendo a la especie un breve gramo más de grasa con que salvaguardar su existencia.

Tú y yo somos, en mucho, ese niño; y sentimos el aliento de los cuatro jinetes que procuran la `pax romana´ sobre la que construimos esta aparente prosperidad: el hambre, la enfermedad, la guerra y, por último, el hermano pequeño, que traicionó al resto, otorgando al hombre la muerte.

Una promesa de soledad definitiva.

Los cuatro jinetes, con sus armas infalibles de miedo, dolor y oscuridad, prostituyen a los hombres para con su especie, malvendiendo sus breves días a cambio de globos huecos de aire, que les ascienden a los efímeros cielos de la gloria, donde pueden morir sin molestar.

Es en nuestro corazón y en nuestras almas que los tres hombres del saber honesto: filósofo, científico y artista, educan a cualquier niño en el interior de cualquier cueva, y entrenan su cuerpo y su mente en aprender a convivir con sus semejantes; y le habitúan durante seis días al estruendo del galope de tres jinetes, con la intención de que, al séptimo día, el niño pueda solazarse en el retumbante silencio del cuarto jinete, que lo dirigirá a una decisión irreversible, que marcara, definitivamente, su destino.

Y acunados en ese silencio de nuestra soledad última, conscientes al fin de nuestra naturaleza volátil, asumimos plegarnos al ocre aliento del miedo, atrapados en un eco que refleja una imagen de nosotros mismos que no reconocemos, o bien mirando al horizonte siempre ancho que ofrecen las cumbres, conscientes de nuestra propia y necesaria soledad como requisito (sacrificio) necesario para aprender a amar el mundo, allí abajo; amarlo lo suficiente como para zambullirse en él de nuevo, con el único refugio de nuestro propio ser.

Es en esta contradicción que encontramos la dialéctica del humanista: debe abandonar, aún por un instante, la humanidad para comprender y aceptar su propia humanidad. En este recogimiento, en esta honda catarsis, nos encontramos y definimos como personas.

Acabo: aquéllos tres hombres, doctos en ciencia, arte y filosofía, también encontraron a un viejo ermitaño en una cueva; con la mente curvada y los músculos torcidos, como el tronco de un olmo centenario…

… ese viejo eres tú, amigo mío".

Carlos González Ruiz.
 
Carlos González Ruiz es un alto funcionario de la Comisión Europea, resonsable en áreas que tienen que ver con Tecnología de la Comunicación. Coordina como máximo responsable equipos de desarrollo de proyectos en cuatro países de la Unión Europea.
Con una sólida formación científica en España e Inglaterra, sus inquietudes abarcan áreas tan diversas como las matemáticas, química, filosofía y física teórica. Porta siempre consigo un cuaderno en el que apunta o esboza sus descubrimientos o pensamientos, a la manera de un Leonardo moderno.
Quédense con este nombre. Puede que haya descubierto algo.

3 comentarios:

  1. Un brindis por la nota. Y despues dicen que el teleológico soy yo, eh! Ja.

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  2. Debo indicar, con el permiso de Antonio, que la descripcion de mi curriculo es harto exagerada. Si bien tengo el honor de particiar directamente en el proyecto de integracion europea, mi estatura es bien limitada tanto fisica como jeraquicamente. (lo digo sin reproches)

    Si lo mencionado a mis inquietudes y los cuadernos es bien cierto, debo reconocer que mirando desde la perspectiva del tiempo mi formacion pudo ser mas bien negligente; que para educar u alma joven hace falta un sistema educativo tambien con alma joven. (esto ultimo sí va con reproche)

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  3. Disfruté el escrito.
    Me dejé llevar por la metáfora.
    Nuevamente, gracias por este espacio.
    Saludos cordiales.

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