domingo, 7 de abril de 2013

El crisol de los sueños

 

En el crisol de los sueños, Dios creó la vida.

Se afanaba en un equilibrio sutil; plantas, bacterias y animales se agitaban en un todo coherente, de una belleza sobrecogedora. El artesano de la vida cerraba los ojos y dejaba que su intuición insuflara armonía donde antes gobernaba el caos.

No era sencillo, siquiera para Dios. La vida es traviesa, juguetea con el orden, improvisa alegre una sinfonía de colores y sonidos ingobernables. Es difícil mantener sujeta tanta curiosidad.

En el crepúsculo de la jornada, tras un arduo trabajo, Dios se asomó satisfecho a contemplar su obra. Entonces, de su frente cayó una solitaria gota de sudor.

Dios retrocedió, apenado. En el crisol de los sueños, de su cansancio, surgió la breve figura de un animal, desnudo de pelo, que sudaba.

Este nuevo e inesperado ser no quiso bailar la tenue danza de la vida.

Solo, confuso, ajeno a lo que le rodeaba, el hombre se distrajo de toda la belleza que lo envolvía y se afanó en encontrar, allá en lo alto, la mirada de Dios.

Pero Dios ya no estaba.

Desde muy lejos, tan sólo llegó el rumor de su voz, apagada por el cansancio y la tristeza:
 

              -  "Qué he hecho".

 
Antonio Carrillo

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