domingo, 9 de agosto de 2015

Anécdotas del Sistema Solar

Sacado de mec.es


Le propongo un recorrido por su vecindario. Nos asomaremos por las mirillas, escudriñando en los secretos de nuestros vecinos. En todas las casas se encuentran sorpresas, se ocultan secretos.

La primera sorpresa nos la ofrece el propio vecindario. En este barrio todos somos vagabundos, aunque sólo sea de nombre. Se nos conoce por nuestro nombre en griego clásico: "vagabundo" se traduce por la palabra griega "planeta".

Todos deambulamos por el espacio orbitando alrededor de una estrella mediana, que se encuentra en mitad de su vida. Y todos somos muy distintos.

Pero comenzamos por el primer piso. En él se encuentra el vecino más pequeño de todos. Enseguida vemos que algo extraño sucede con él: pesa demasiado.


 

Mercurio es el segundo planeta más denso del sistema solar, pero es muy pequeño. La única explicación a esta paradoja la encontramos en que su núcleo es una esfera de hierro gigante, posiblemente fundida en sus capas más exteriores. Si el núcleo de hierro líquido fluye alrededor del centro sólido, entonces ello explicaría por qué Mercurio tiene un campo magnético similar al de la Tierra. Su núcleo funciona como una dinamo inmensa.

¿Por qué un planeta tan pequeño tiene un núcleo que ocupa casi la mitad de su volumen total? Es algo inusual; el núcleo de la Tierra ocupa apenas un 17%; el resto es fundamentalmente magma y una pequeñísima corteza sólida. La única explicación plausible es que Mercurio fue en sus comienzos un planeta mucho mayor, pero en los violentos orígenes del sistema solar algo debió chocar con él, con tal fuerza que desgajó casi todo su volumen, dejando fundamentalmente el núcleo pesado de metal rodeado de una capa de magma no muy ancha y una corteza sólida de roca. El impacto debió de ser colosal; de hecho, Mercurio ni tan siquiera tiene atmósfera. Es el único planeta del sistema solar sin ella.

Este pequeño mundo desolado, en cuya superficie las temperaturas oscilan entre los 400  y - 150 grados centígrados, viaja por el espacio a una velocidad de traslación enorme, la mayor de todo el sistema: 167.400 km/h. Sólo necesita 88 días para completar una rotación. Es lo que dura un año en Mercurio: menos de tres meses. Pero su rotación es lenta: tarda 59 días terrestres en dar una vuelta completa sobre su eje. Por tanto, Mercurio necesita menos de dos días para completar un año. ¿Sorprendente?


Pero abandonemos a este pequeño e interesante vecino. Antes, queremos dejar para el recuerdo un fenómeno geológico insólito, que tiene fascinada a la comunidad científica: la "Cuenca de Caloris". Éste cráter de impacto es inmenso, con un diámetro aproximado de 1.550 km. Contiene una formación de origen desconocido formada por un centenar de grietas estrechas conocida como "La Araña"; en el centro de La Araña se encuentra un cráter. La pregunta es: ¿Por qué el albedo (la cantidad de luz reflejada) de la Cuenca de Caloris es anormalmente alto? ¿Tiene algo que ver con "La Araña", sea lo que sea? Lo normal es que los cráteres sean más oscuros que el terreno circundante. ¿Qué hay de especial en la "Cuenca de Caloris? Todavía no lo sabemos, pero es posible que pronto tengamos una respuesta.




Venus ocupa el segundo piso, y es el planeta que más brilla. Éste hecho, y su proximidad a la Tierra, hacen que sea posible verlo incluso durante el día.


Es un planeta muy parecido a la Tierra, en tamaño y proximidad a la estrella. Y, sin embargo, es muy distinto. De hecho, es el reverso de nuestro hogar. Si la Tierra es un paraíso que hizo posible la vida, Venus es lo más similar a la idea que tenemos del infierno. Un dato: en la superficie de Venus se alcanzan temperaturas que rozan los 500 grados. Es decir, hace más calor que en Mercurio, el cual se encuentra mucho más cerca del Sol. Esto se debe a que su atmósfera es un invernadero, que deja pasar todo el calor y radiación solar, pero luego no permite que salga reflejado al espacio. En su tórrida superficie la presión es enorme, llueve ácido sulfúrico y la temperatura derretiría el plomo. Todos los vehículos espaciales que hemos enviado han funcionado apenas unos pocos minutos antes de sucumbir al horror que es Venus.
Este planeta tiene una peculiaridad: su movimiento de rotación es retrógrado; es decir, gira sobre sí mismo en el sentido de las agujas del reloj. ¿Se lo imaginan? Si estuvieran en la superficie de Venus, el sol saldría por la mañana por el oeste, y se pondría por el este.
 
De todos modos, tendrían que tener paciencia. Venus gira muy despacio, y un día (una rotación completa) dura 243 días terrestres ¡Es asombroso! Y lo es más si tenemos en cuenta que Venus tarda 225 días en girar alrededor del sol (período orbital sideral). En definitiva, ¡en Venus un día es más largo que un año!



La tercera planta de este vecindario tan peculiar la ocupa el planeta más denso del Sistema Solar: la Tierra. Es un lugar sorprendente porque, por el momento, es el único que sostiene vida. Se sospecha incluso que hay vida inteligente, aunque, visto el comportamiento de la especie dominante, esto resulta en ocasiones difícil de creer.

Es un planeta muy liso. Su orografía se desvía de lo que sería un esferoide perfecto en sólo un 0,17%. Cuesta creerlo si se piensa en el Himalaya, pero la Tierra es más lisa que una bola de billar, cuya desviación llega al 0,22%. No es extraño: los vientos, la lluvia, una atmósfera que protege la superficie de meteoritos y la actividad tectónica de placas en la litosfera, son todos fenómenos que acaban borrando las huellas de los accidentes geológicos más significativos, y que hacen de la Tierra un planeta bastante uniforme.

Pero la verdadera rareza de la Tierra se encuentra en su único satélite, la inmensa Luna.



La Luna no debería existir: es enorme. De hecho, muchos consideran el sistema Tierra/Luna como un sistema planetario doble. ¿Cómo pudo crearse un satélite así? Sólo hay una explicación posible: la Luna es el resultado del choque de dos planetas en los inicios del Sistema Solar. Tuvo que ser un espectáculo increíble: un planeta del tamaño de Marte chocando con otro tan grande como Venus. Los restos de este choque, que salieron despedidos de la órbita, acabaron juntándose por efecto de la gravedad formando el enorme satélite.

Al principio, la Luna estaba tan cerca de la Tierra que nuestro planeta, afectado por su tirón gravitatorio, giraba rápidamente; esos primeros días duraban apenas dos horas. Con posterioridad, el satélite se ha ido alejando y los días terrestres haciéndose más largos; y así seguirá, hasta que los días terrestres duren 47 horas. ¿Y al final? 

Lo más probable es que el aumento de tamaño del sol provoque que la Luna se acerque a la órbita de la Tierra, hasta que la gravedad de ésta la destroce, provocando la aparición de unos anillos similares a los de Saturno. Pero todo esto son conjeturas.


Por cierto, la Luna en raras ocasiones se sitúa frente al sol, provocando un eclipse total. ¿Sabe que esto se debe a una extraordinaria casualidad? El diámetro del Sol es 400 veces más grande que el de la Luna, pero también está 400 veces más lejos, por lo que ambos abarcan aproximadamente el mismo ángulo. Dentro de un millón de años, la Luna se habrá alejado, será más pequeña, y no habrá más eclipses totales.

Una curiosidad para acabar: en 1953 un avispado abogado chileno, Jenaro Gajardo Vera, publicó 3 avisos en el Diario Oficial, preguntando si alguien declaraba tener algún derecho de propiedad sobre un terreno llamado la Luna. Como nadie respondiera, procedió conforme a la Ley registrando la propiedad a su nombre el 25 de septiembre de 1954, en el Registro de la Propiedad de Bienes Raíces de la ciudad de Talca, pagando 42.000 pesos de la época.

Inmediatamente se presentó ante el notario de Talca César Jiménez Fuenzalida, y pidió dejar constancia de que se declaraba dueño de la Luna. El notario no vio motivos para negarse a una petición formulada en derecho, y la oficializó con estas palabras:

Jenaro Gajardo Vera, abogado, es dueño, desde antes del año 1957, uniendo su posesión a la de sus antecesores, del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475 kilómetros, denominada Luna, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, Oriente y Poniente, espacio sideral. Fija su domicilio en calle 1 oriente 1270 y su estado civil es soltero.

Jenaro Gajardo Vera

Carné 1.487.45-K Ñuñoa

Talca, 25 de septiembre de 1954.

Escritura legalizada



Y ahora, la sorpresa: ¿Sabían que Richard Nixon cumplió la formalidad de pedirle permiso para el alunizaje de la Apolo 11 en 1969? En efecto; envió un comunicado a través de la embajada norteamericana en Santiago. El comunicado rezaba:

"Solicito en nombre del pueblo de los Estados Unidos autorización para el descenso de los astronautas Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que le pertenece".

Richard Nixon, 1969.

A lo que Jenaro Gajardo Vera respondió, galante:

"En nombre de Jefferson, de Washington y del gran poeta Walt Whitman, autorizo el descenso de Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que me pertenece, y lo que más me interesa no es sólo un feliz descenso de los astronautas, de esos valientes, sino también un feliz regreso a su patria. Gracias, señor Presidente".

Jenaro Gajardo Vera, 1969.




Marte habita en la cuarta planta, y es un planeta pequeño. Su satélite más grande, Fobos, orbita el planeta a una distancia muy pequeña (6.000 km). De hecho, se calcula que chocará contra Marte dentro de sólo 30 millones de años.


Este pequeño planeta acoge la montaña más alta que conocemos, el volcán Olimpus, de 25 kilómetros de alto y 600 km de base. Su orografía demuestra que en tiempos tuvo agua líquida en su superficie. Sufre enormes tormentas de polvo, que pueden afectar al planeta entero. En el polo sur, en primavera, el calor del sol provoca la aparición de enormes géiser, que desaparecen al llegar el invierno. Aunque es un planeta frío, con temperaturas medias de -55 grados celsius, en verano la zona del Ecuador supera los 20 grados.

¿Se podría vivir en Marte, instalar colonias? Si se encuentra agua en cantidades suficientes, es factible; pero el mayor problema lo constituye la radiación solar. Marte no dispone de una capa de ozono que proteja la superficie de los rayos provenientes del sol. Tendríamos, entonces, que vivir bajo tierra.




Júpiter, el vecino del quinto, es el planeta más grande. Es tan inmenso que todos los demás planetas cabrían en su interior (es 318 veces más grande que la Tierra). En sus orígenes, Júpiter era el doble de grande y mucho más caliente que en la actualidad.



Además, es el planeta que gira sobre sí mismo a mayor velocidad; los días duran menos de 10 horas, lo que provoca grandes tormentas en su atmósfera, como la famosa mancha roja, con vientos de hasta 500 km por hora. 


Tiene el satélite más grande del Sistema Solar, Ganímedes; sólo un poco más pequeño que Mercurio. Calisto, otro satélite, es el lugar del sistema solar con más cráteres; e Ío es un satélite convulso, con volcanes que escupen 100 veces más lava que cualquier volcán de la Tierra. No es un lugar muy recomendable: presenta altos niveles de radiación y tiene lagos sulfurosos de hasta 200 km de diámetro. Europa, por último, es un satélite misterioso. Descubierto por Galileo en 1610, tiene un diámetro de 3126 km, y una corteza compuesta por agua congelada; pero hay indicio de calor en su interior, y muchas fracturas en la capa de hielo ¿Acaso hay un océano líquido bajo su superficie? En tal caso, podría haber vida. Artur C. Clarke conjeturó al respecto en su novela "2001, una odisea en el espacio".



En el sexto piso hallamos la joya del sistema solar, Saturno. Sus espectaculares anillos los conforman las partículas heladas de una antigua luna que fue destruida en una colisión hace unos 50 millones de años; algunas miden apenas un metro, otras tienen el tamaño de una casa. Existe una teoría que supone que los anillos de Saturno desaparecerán disueltos en el espacio o serán atraídos por la gravedad del planeta. Si algo estamos aprendiendo con esta visita es que nada es eterno.



Saturno, al igual que Júpiter, gira muy rápidamente sobre su propio eje. Es por esto que el planeta aparece aplanado en los polos. Un día en Saturno dura sólo 10 horas y cuarto.

Este gigante, el segundo planeta más grande del sistema solar, es también el más ligero. Su densidad es tan baja, que si lo situáramos sobre un océano inmenso de agua, flotaría. ¿No le sorprende? 

Es el planeta con más satélites. Destaca Titán, el único satélite del sistema solar con una atmósfera espesa. El elemento que más abunda en ella es el nitrógeno, al igual que en la Tierra.



El séptimo planeta, Urano, también tiene anillos, como Saturno o Júpiter; tiene las estaciones más largas ¿Se imaginan un invierno que durara más de 20 años? Posee la atmósfera más fría: - 224 grados centígrados. Sus vientos superan los 900 kilómetros por hora.

Lo más curioso es su eje: está en un ángulo de 97 grados, lo que significa que orbita alrededor del Sol prácticamente acostado. ¿Por qué? ¿Por una colisión? No podemos estar seguros. Por cierto, todos sus satélites reciben nombres de protagonistas de obras de Shakespeare y Pope.




Y algo más lejos, ya en el ático, Neptuno, el planeta con los vientos más fuertes: vendavales que alcanzan los 2.000 kilómetros por hora. Tiene un satélite extraño: Tritón, que posee un órbita retrógrada; es decir, que gira en dirección contraria al movimiento de rotación del planeta. Es el único satélite que lo hace.

Se sospecha que Tritón es un objeto del cinturón de Kluiper capturado por Neptuno. En los polos se observan géiseres de nitrógeno. La temperatura en superficie es de -235 grados Celsius, la más baja medida en el Sistema Solar.

Acabamos. Ha sido un somero recorrido por el vecindario. Sin duda que vivimos en un lugar apasionante, con vecinos que podrían narrar rodó tipo de historias.

Conviene escuchar. Aprender de ellos. Prestar atención. Y abrir los ojos de la imaginación a tanta maravilla.

Hemos sido los primeros en poder verlos. Disfrutémoslos.


Antonio Carrillo.

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