sábado, 21 de diciembre de 2013

Mi niña, que no llegó a nacer

Este artículo no tiene fotografía alguna; sólo un breve puñado de palabras.
 
Como un quejido.
 
Hace tres años mi esposa y yo supimos que íbamos a ser padres de nuevo. La primera ecografía no mostró nada anormal.
 
En la segunda, la expresión de la ginecóloga mostraba preocupación. El feto no estaba creciendo, y había indicios preocupantes. Era una niña.
 
Teníamos dos hijos varones, y guardábamos la ilusión de una niña. Habíamos decidido el nombre: Ana, como su abuela. Una Ana rubia de ojos claros, que su madre vestiría con lazos y volantes. Una princesa que peinar en casa.
 
Nos remitieron al mejor ecógrafo de Madrid. El corazón de Ana estaba mal; muy mal. Su cerebro presentaba malformaciones, también sus pulmones diminutos. La niña latía con dificultad , aferrándose a una vida imposible.
 
Hubo que esperar a posteriores ecografías y análisis genéticos, que confirmaron el diagnóstico. Ana tenía el síndrome de Williams. Si nacía, debía someterse a sucesivas operaciones a corazón abierto para sobrevivir, acaso, unos pocos meses. Tendría un retraso mental muy severo, pero mi hija vendría a la vida sólo para sufrir. Es difícil de explicar lo que se siente. La pena tan honda.
 
En este caso, todos los ginecólogos acordaban que la única salida razonable era interrumpir el embarazo.
 
Nos dieron cita en una clínica. Ya no habría Ana de ojos claros. No queríamos que sufriera. No queríamos su dolor. Fue una mañana sórdida, desagradable.
 
Volvimos a casa llorando.
 
 
Hoy, 21de diciembre de 2013, el gobierno conservador de España acaba de aprobar una Ley restrictiva del aborto que hubiese obligado a mi hija a sufrir el calvario de una vida breve y absurda. Indigna.
 
Estoy triste. Por los padres que acogerán en sus brazos a niños recién nacidos cuya existencia es imposible. Por un país que está retrocediendo en derechos y libertades.
 
Estoy triste por mí. Por mi mujer. Por Ana.
 
Por todos nosotros.
 
Antonio Carrillo

7 comentarios:

  1. Amelia Pérez de Villar21 de diciembre de 2013, 21:48

    Querido Antonio: mi madre tenía un refrán muy castellano, muy castizo, muy viejo. Decía "El que no tiene mujer, por la noche la mata a palos" (habrá quien no lo entienda y me acuse de fomentar la violencia doméstica, pero qué le vamos a hacer). Disfruta de tus dos hijos varones. En este país lo tendrán más fácil de lo que lo hubiera tenido Ana, como puedes ver. Y un abrazo para los dos, que sois valientes, coherentes y con una capacidad de amar enorme.

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    1. Gracias Amelia. Desde lo más hondo. Gracias.

      ¿Sabes? Se me ha llamado asesino.

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    2. Hola Antonio. Gracias por compartir tus sentimientos en las decisiones que tenés que tomar. Solo asi uno aprehende ( quien decide y lo siente, los demas que reflexionamos con el ) . No solo somos responsables por nosotros y nuestro ombligo sino que tambien de nuestro alrededor. Decisiones de corazon sabiendo las consecuencias sentimentales. Sentir la tension . Soportarla. Y saber que ha sido lo mejor que tenia que ser. Para todos. Gracias de nuevo Antonio.

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  2. Sólo quien, desde el más hondo de los dolores, es capaz de renunciar a lo que más quiere precisamente para evitarle una vida llena de sufrimiento, puede darme lecciones de valor y honradez.

    Un abrazo

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  3. Ha sido precioso.

    Gracias Frantic por entenderlo. Por compartirlo.

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  4. Soy madre de dos niñas, sanas y felices. Afortunadamente, nunca me he visto en una situación parecida pero te aseguro que yo hubiera hecho lo mismo: una decisión durísima pero acertada. Un abrazo

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  5. Sinceramente respeto tu sufrimiento pero no estoy de acuerdo. Tu has podido escoger no dejarla nacer y es bueno que te sientas en lo justo, de lo contrario sufrirías más y sería un sin sentido, pero yo no pienso que me atrevería (en una situación similar) a juzgar que tipo de vida debe o no debe tener alguien y cuanto debe durar. Cuando tenemos un niño sano no tenemos la menor idea de lo que le puede pasar a la edad de dos días o diez años, enfrentamos juntos lo que viene. Los exámenes prenatales dan indicaciones, pero el valor de la vida no se puede cuantificar y menos en nombre de otro. Además, la seguridad de que alguien no estando aquí no sufra en otra dimensión yo como atea y simpatizante agnóstica no puedo tenerla. He tenido mis felicidades y mis tragedias, las enfrenté como pude, certezas absolutas es difícil tener. Ahora la vida sigue con esta ley u otra, y la gente enfrenta sus circunstancias como puede. Lamentablemente (o por suerte, no se) la democracia es contribuir con impuestos sólo a lo que la mayoría aprueba. No es culpa de nadie, no se cual mejor sistema se pueda proponer, yo propondría nada más crear administraciones mucho más pequeñas porque ya es difícil ponerse de acuerdo si somos pocos, si somos muchos es casi imposible.

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