martes, 7 de octubre de 2014

Ébola en España



Acaba de saltar la noticia, hace apenas una hora: una auxiliar de enfermería de 40 años está enferma de Ébola en España, en la localidad de Móstoles. Es el primer caso conocido de contagio fuera de África de una enfermedad potencialmente mortal y extremadamente peligrosa. No se esperaba algo así; menos en España. Los próximos días y semanas prometen una avalancha de opiniones y comentarios más o menos apocalípticos.
Voy a compartir lo que sé sobre esta enfermedad horrible, lo que opino sobre este caso y lo que creo que va a suceder. Lo hago mientras tengo la televisión encendida, a la espera de que los medios de comunicación ofrezcan la rueda de prensa urgente de la Ministra de Sanidad.
No soy médico y desconozco casi todos los detalles sobre lo que ha acaecido, pero la gravedad de lo que está sucediendo me impulsa a escribir. Lo que escribo hoy, mañana mismo podría no tener sentido; pero son miles las personas que acuden a este blog. Y lo que voy a decir se fundamenta en opiniones que la Organización Mundial de la Salud y el Centro Europeo de Control de Enfermedades sustentan desde hace decenios.
Los hechos son muy graves: una mujer está enferma de un mal muy contagioso con un índice de fallecimientos que puede alcanzar el 90%; hablamos de una paciente que vive en una ciudad de más de 200.000 habitantes y que forma parte del área urbana de Madrid, que supera los 4 millones y medio de habitantes.
¿Cómo no preocuparse? Es una noticia que será portada en todo el mundo. Y han trascendido datos difíciles de entender: la paciente es una auxiliar de enfermería y estuvo en contacto directo hace poco con los dos médicos misioneros españoles expatriados y fallecidos por Ébola. La paciente se encontraba de vacaciones desde hacía días, y se sometía al control que la OMS establece para el personal sanitario de riesgo que ha estado en contacto con enfermos de Ébola: dos veces al día se tomaba la temperatura.
Pues bien: esta mujer tiene fiebre desde el día 30 de septiembre, y sólo hoy, seis días más tarde, se le han realizado las pruebas pertinentes. Cuando ha alcanzado una temperatura de 38,8 grados. En tanto, durante estos seis días ni se le ha ingresado ni se le ha impuesto una cuarentena: seis días deambula por una gran ciudad una persona con fiebre que ha estado en contacto con dos fallecidos por Ébola.
¿Ustedes lo entienden?
Yo, tampoco.
El rostro de los responsables políticos refleja en la conferencia un pánico difícil de disimular. No sólo tendrán que explicar cómo es posible que una auxiliar de enfermería se contagiara en un entorno de alta seguridad; también tendrán que dar explicaciones respecto de su conducta durante estos seis días.
Los sindicatos llevaban semanas advirtiendo del recorte de gastos; hace poco una enfermera me comentaba que los guantes que utilizan son de tan baja calidad que se rompen continuamente. Acabamos de saber que los trajes utilizados para atender a los médicos enfermos eran de nivel de seguridad 2, cuando la OMS recomienda trajes de nivel 4. Sirva el ejemplo: los guantes iban sujetos con cinta adhesiva.
Hasta aquí los datos en concreto de lo que acaba de suceder. Ahora, déjenme decirles algo sobre el mal con nombre de río, el Ébola.
Es una enfermedad terrible, pero es importante conocer su verdadero rostro.
El Ébola tiene un periodo de incubación que puede variar, más o menos, de 5 a 12 días, aunque puede llegar incluso a 21. Durante este tiempo de incubación es prácticamente asintomático y, esto es muy importante, no contagia. Es decir, hasta que no aparecen los síntomas el Ébola no se puede contagiar, y es más: la enfermedad es más contagiosa cuanto peores son los síntomas. De hecho, el cadáver de un enfermo de Ébola puede contagiar la enfermedad; y el semen de alguien ya curado hace dos meses aún contiene virus.
Por eso resulta tan difícil entender el ejemplo de la enfermera española: durante los seis días en los que presentó leves síntomas había un cierto riesgo de contagio.
De todos modos, el Ébola no es como la gripe: no se contagia por el aire. Es necesario el contagio directo, bien con el enfermo o con un objeto que haya estado en contacto con sus fluidos. Esta forma de contagio explica que su incidencia sea menor que la de la gripe (transmisión por estornudos) o el dengue (transmisión por la picadura de mosquitos).
Otro factor importante a tener en cuenta es su elevada mortalidad. El SIDA fue una pandemia que causó millones de muertos porque permanecía latente durante años. Cuando dio la cara, los infectados estaban por todo el mundo y una mayoría no se sabían enfermos. En el mundo 60 millones de personas han enfermado por SIDA (el número de afectados en la actualidad ronda los 38 millones). Los pacientes de Ébola, sin embargo, desarrollan la enfermedad en no más de 21 días, y su mortalidad atroz impide su propagación. Los que estén preocupados por los inmigrantes que intentan saltar la valla de Melilla, reflexionen: llevan meses, sino años, embarcados en esta odisea. No pueden transmitirnos el Ébola.
Para que se me entienda: ningún país está investigando el Ébola como arma biológica debido a su difícil propagación. Si lo piensan, asistimos a la peor epidemia de Ébola de la historia, en una de las zonas más pobladas de África, el oeste subsahariano, con un deambular de población ingobernable de un país (de un poblado) a otro y, con todo, los casos en estos meses se cifran en torno a unas 7.000 personas enfermas. Es posible que las cifras reales puedan ser incluso el doble; pero, en todo caso, no tiene la incidencia de una gripe. Ni tampoco del dengue, que contagia a cientos de miles de personas al año. Recordemos que el SIDA silencioso ha matado a unos 25 millones de seres humanos en 30 años.
Se está diciendo que este brote de Ébola tiene una mortalidad del 90%. No es cierto. Los datos de la OMS hablan más bien de una tasa del 50%.  Es un porcentaje terrible en todo caso, pero conviene ser veraz con las cifras. Además, como en cualquier fiebre viral hemorrágica, el tratamiento temprano de los síntomas y la ayuda de las nuevas medicaciones en fase de prueba parecen mejorar el pronóstico.
También, en un intento por ser fidedignos, a pesar de todo lo que escuchen el Ébola no es una enfermedad que se dé únicamente en África; hay un tipo de Ébola, llamado RESTV, que se ha encontrado en Asia, en Filipinas y China. Sin embargo, los escasos registros de personas infectadas por comer cerdos enfermos son, o muy leves, o totalmente asintomáticos.
El Ébola africano es mortal y una amenaza para el mundo pero, insisto, no se propaga por la picadura de un mosquito. En el verano de 1999 los hospitales de Nueva York recibieron bastantes casos de enfermos afectados por una rara dolencia neuronal; una encefalitis que podía causar la muerte. A las pocas semanas se descubrió que los habitantes de la Gran Manzana habían enfermado del denominado Virus del Nilo, causado por la picadura de un mosquito. No se sabe cómo pudo llegar esta enfermedad a Nueva York, pero llegó para quedarse. Ahora es una mal crónico en Norteamérica. Afortunadamente, su tasa de mortalidad es baja.
El humano sí tiene a su peor enemigo en otro virus: la gripe. Un brote terrible, surgido en Kansas en 1918, conocido como “gripe española”, enfermó a 500 millones de personas y mató a 100 millones. Y no ha sido el único brote devastador del siglo XX. 
 
Por cierto, según Corominas la palabra “gripe” procede de una palabra en alemán: “grüppi”.
Significa acurrucarse.

Otras versiones encuentran su origen etimológico en la palabra en lengua franca gripan, que significa garra. La gripe sería, así, una enfermedad que te atrapa.
Por consiguiente, conviene estar atentos a lo que sucede con el Ébola. Lo que voy a decir puede parecer cruel, pero su extensión y afectación al denominado primer mundo puede significar que aumenten los presupuestos farmacéuticos en la búsqueda de una vacuna o remedio paliativo; como sucedió con el SIDA, que pasó de ser una dolencia irremisiblemente mortal a crónica. No es lo mismo que muera gente en un poblado de Sierra Leona a que mueran españoles, franceses o ingleses.
Hay humanos de primera y de segunda, soy perfectamente consciente de cómo funciona el mundo, pero sería todo un detalle que compartiéramos migajas de nuestros avances farmacéuticos con los países subdesarrollados. Al fin y al cabo, parece inteligente atajar el mal de raíz ¿No les parece?
Por cierto, es muy probable que en el futuro surjan casos de Ébola en Francia o Bélgica; los países africanos afectados son francófonos. O en Inglaterra, un territorio de tránsito. En todo caso, espero que las autoridades sanitarias de esos países actúen con diligencia y profesionalidad.
No como en España.
Pero estar atentos no significa caer en el catastrofismo. No creo que el Ébola socave nuestro sistema sanitario ni cause una gran epidemia. En España no vuelan los murciélagos portadores de la enfermedad.
Espero no equivocarme. Confío en que las autoridades sanitarias respondan con eficacia a este reto. Y, de paso, que acabe dimitiendo la nefasta ministra de sanidad.
Si quieren preocuparse por un virus, en la página inicial de la OMS se habla de un nuevo caso confirmado de gripe aviar; un tipo de gripe muy audaz, que ha dado el salto de las aves al humano. Todavía no se transmite de humano a humano pero, con su increíble capacidad de mutar, es cuestión de tiempo. Y llegará de improviso, acechando por el aire.
Incluso entonces, no espero una masacre como la acaecida en 1918. Hemos avanzado mucho en la detección y tratamiento de enfermedades. Y la gripe que venga no contará con el caldo de cultivo de la tierra bombardeada y podrida de muerte de la I Guerra Mundial.
En unos meses las aguas volverán a su cauce. Para entonces, espero de corazón que la pobre enfermera se encuentre recuperada y feliz en su casa.
Mi recuerdo para ella en esta su primera noche como enferma de Ébola.

Antonio Carrillo

4 comentarios:

  1. Gracias. Me gusta mucho leer tus opiniones son muy interesantes e informativas!

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  2. El primer mundo no es inmune a los contagios , y creo que el contagio de cualquier enfermedad es muy facil

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  3. No de cualquiera. Hay niveles de contagio, como los hay de mortandad. El primer mundo, por el momento, sí es "inmune" a ciertas enfermedades, como las que tienen como portador animales que sólo viven en un clima ecuatorial o tropical.

    Por cierto, el cambio climático puede suponer que determinadas especies puedan salir de los trópicos y poblar climas antaño más fríos. entonces sí: el dengue, la fiebre amarilla o la malaria pueden aparecer en el primer mundo. Es un tema que preocupa, y mucho.
    Saludos

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  4. Ana Mongelos García9 de octubre de 2014, 11:04

    Al hilo de este post, igual te parece interesante este artículo: http://www.huffingtonpost.es/adam-c-levine/dejad-de-preocuparos_b_5678586.html

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