miércoles, 23 de octubre de 2013

El martillo de Thor


 

En ocasiones me preguntan: ¿de dónde saco las ideas sobre lo que escribo? ¿Hay una fuente de la que bebe mi imaginación?

La hay, en efecto. Se llama estar vivo.

Pondré un ejemplo:


Ayer vi la película Thor con mi hijo menor. El pequeño tenía en su regazo el martillo Mjolnir, el arma suprema que Odin regala a Thor el día de su proclamación como heredero.
Gracias a la película Pablo y yo sabemos que Mjolnir se formó con la materia de una estrella antigua; pesa tanto que sólo Thor puede levantarlo y crea intensos campos magnéticos a su alrededor. Atraviesa cualquier cosa, con él Thor puede volar y cuando lo arroja regresa a manos de su dueño. Es asombroso; no me extraña que mi hijo lo tenga de juguete.

 
El martillo nos acompañó a la cama por la noche (mamá estaba lejos, volando), y el cuento de todas las noches versó, cómo no, sobre el fabuloso martillo del dios escandinavo. Pero en mi mente bullía una duda.

Algo no cuadraba en esta historia. Decidí escribir sobre ello.

Verán: el peso y la composición de Mjolnir me parece un dato importante. Respecto de lo segundo, Odín nos ofrece una pista: materia de una estrella vieja. ¿A qué se puede estar refiriendo?

Cuando una estrella similar a nuestro Sol muere lo hace lentamente, expandiéndose más allá de la órbita de Venus. Al final de sus días, se contrae de nuevo hasta que termina formando lo que se conoce como una "enana blanca"; una estrella pequeña, muy caliente y extremadamente densa. Lo que suceda después dependerá de su masa: las enanas blancas más pequeñas se apagarán hasta formar una enana negra. Pero se tarda mucho en llegar a este estado; más de lo que lleva existiendo el universo.

No hay enanas negras. No todavía. Tan sólo su formulación teórica.

Si su masa es muy grande, la estrella se contraerá en sí misma apresada por una gravedad enorme y creciente, hasta que colapsa en lo que llamamos un "agujero negro": un sumidero en el que no rigen las leyes de la física y sí un concepto extraño: la singularidad. Es un tema apasionante, y mejor dejarlo en este punto si no queremos alargarnos demasiado.




Una enana blanca mediana también se contraerá hasta formar un cuerpo extraño, que llamamos "estrella de neutrones". Para entender el proceso que conduce a una estrella de neutrones deberíamos hablar de "materia degenerada", "Principio de Exclusión de Pauli"  o "distribución del mundo fermiónico". Y acabaríamos perdidos; yo el primero. Lo importante es que entiendan que una estrella de neutrones es un cuerpo que se ha comprimido tanto como, supongamos, si un enorme transatlántico cupiese dentro de una lenteja.
Una estrella de neutrones es un mundo en el que las lentejas pesan miles de toneladas.

Para saber cuánto pesa el martillo, primero debemos calcular su volumen.

El volumen se calcula multiplicando el área de la base (14x14 cm) por la altura (21). Por lo tanto, la cabeza del martillo de Thor tiene una volumen de unos 4.116 cm3 (si se respeta el tamaño del martillo que aparece en la película). Si la densidad de una estrella de neutrones alcanza los 1015 gramos por centímetro cúbico, entonces el martillo de Thor pesa (tiene un volumen equivalente a) unas 4.116.000.000.000 toneladas. El volumen de la Luna, por ejemplo, equivale a unas 70.000.000.000.000.000.000 toneladas.

Más de cuatro billones de toneladas es una barbaridad. Sería como juntar en una balanza 22.000.000.000 de ballenas azules hembras de 30 metros de largo cada una. Pero lo asombroso es el volumen: hablamos de comprimir y juntar 22 mil millones de ballenas en una caja de 14x14x21 cm. Más pequeña que una caja de zapatos.

Odin castiga a Thor su rebeldía con el destierro a la Tierra, y el rubio hipermusculado acaba estrellándose contra un vehículo que conduce Natalie Portman. Eso es tener suerte. Pero Odin también arroja el arma Mjolnir, en una caída que provoca un cráter de unos 100 metros de diámetro y 30 metros de profundidad. Y esto es una soberana tontería.
 

Un cuerpo con tal densidad en caída libre de cientos de miles de kilómetros por hora atravesaría la Tierra sin apenas merma en su velocidad. Si entrase, pongamos por caso, verticalmente por España algún neozelandés lo vería surgir de la tierra hacia el cielo. La energía cinética que supone sumar a la densidad de Mjolnir con la fuerza de atracción gravitatoria de la Tierra es difícil de mensurar.

¿Y luego? Depende de la inercia. Si la velocidad con la que sale Mjolnir supera los 40.000 km/h y mantiene esta velocidad hasta escapar de la atracción gravitatoria de la Tierra, saldrá disparado hacia el espacio profundo. Si la fricción que supone atravesar el planeta más la intensidad del campo gravitatorio provoca que la velocidad de Mjolnir baje de la "velocidad de escape", volverá a caer. Y esto sería una catástrofe.

Imagine: un objeto de más de cuatro billones de toneladas agujerea millones de veces al planeta, provocando fisuras, desplazamiento del magma, distorsiones en las corrientes convectivas del manto, desequilibrios en la tectónica de placas y, lo que más me preocupa, afectando gravitatoriamente al funcionamiento del núcleo de la Tierra. Es difícil predecir qué efecto tendría este bombardeo continuo en el mar de hierro y níquel fundido que circunvala el núcleo sólido, pero lo más probable es que frenara su rotación. Además, el núcleo de hierro podría ver peligrar su equilibrio estructural, y podría resquebrajarse.



Estos hechos tendrían efecto sobre el campo magnético de la Tierra, que nos protege de las radiaciones cósmicas. Sin tal escudo, la vida en la Tierra sería inviable salvo, posiblemente, en las oscuras profundidades abisales donde viven los extremófilos.

Al final, Mjolnir se detendría en el núcleo, aumentando la masa de la Tierra en 4 billones de toneladas. Es posible que este hecho, y el bombardeo continuo, afectara al movimiento de rotación y traslación de nuestro planeta, al eje de inclinación o la delicada interacción con la Luna. En todo caso, serían malas noticias.
Bueno. Hasta aquí las reflexiones sobre Mjolnir; a Pablo le conté la verdad: que el martillo proviene del material de una estrella, que fueron gigantes de piedra los que lograron tallar el martillo y que nadie era capaz de moverlo. Tuvieron que pedir ayuda a mil delfines cósmicos, de los que flotan en los cúmulos estelares, que arrastraron el martillo al reino de Asgard. Es la verdad de un niño de seis años.

Espero haber despertado en él la curiosidad. A lo mejor un día me pregunta por esa estrella en la que las lentejas pesan tanto como casas, y quizás me pregunte si hay otro objeto más masivo. Le hablaré de las estrellas de Quarks, que nadie ha visto pero que podrían existir. Y si es de mitología de lo que hablamos, le confesaré que mi personaje preferido en la mitología islandesa es Bard, a quién nosotros llamamos Gandalf.

¡Son tantas cosas! Es posible que Pablo me pregunte: "Papá, si el martillo pesa tanto, ¿cómo puede sujetarse con un mango de madera? Y la cinta de piel con la que Thor lo sujeta a su muñeca ¿De qué material está hecha?"

Pero esa es otra historia, otro cuento. Es tarde y hay que dormir.
 
 
Quizás mañana.

Antonio Carrillo.

1 comentario:

  1. ¡Qué placer leer tu publicación! Y que identificada me siento con eso de dejar volar la imaginación y sumergirse en un mar de conjeturas a partir de algo tan corriente en estos días como ver una película. ¡Muchas gracias por compartir tus ideas y pensamientos!

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