Escribir es
eliminar lo que sobra, desnudar la palabra. Buscar la esencia de un recuerdo de
entre sus sombras.
Escribir es
correr riesgos, abrir los ojos y aletargar las horas. Es llenar de silencios
una frase, deambulando entre metáforas volátiles, que van y vienen.
Se escribe
como se muere: siempre a solas. Las palabras acuden de improviso, fluyen por
recodos de nuestros dedos y se depositan, amables, sobre las hojas. Nadie sabe
de dónde proceden. Es un misterio.
El mayor de
todos.
Se escribe
como se sueña. Se escribe porque se vive.
Intensamente.
Antonio
Carrillo.