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viernes, 17 de enero de 2014

Curiosidades del lenguaje: conocimiento, creatividad y holismo. 3ª pregunta: Sorpréndeme: finalmente, ¿de qué estamos hechos?





Como propongo siempre, piense una respuesta a la pregunta, y luego compruebe si coincide con la propuesta final.



Aquélla mañana la clase se encontró con un tipo de pregunta muy distinta. Según iban entrando, todos se quedaban mirando la pizarra un buen rato. ¿Qué clase de pregunta era esa?


Sorpréndeme: finalmente, ¿de qué estamos hechos?



Alicia, Ana y Ricardo se percataron enseguida de que la clave de la respuesta se hallaba en las dos primeras palabras: "sorpréndeme" y "finalmente". Por una vez, estaban confusos.

Un alumno dijo que estábamos hechos fundamentalmente de agua, en un porcentaje del 70%. Y era cierto, pero no valía como respuesta. Era un hecho conocido por todos, y en absoluto sorprendía.


Desde el holismo.


Ricardo, nuestro inquisidor holista, no se veía esta vez capaz de formular pregunta alguna que lo ayudara a descubrir una visión de conjunto, que abarcara en su totalidad la pregunta tal y como había sido formulada. De todos modos, en su cerebro se fue forjando una posible respuesta.





¿De qué estamos hechos? De compuestos, sin duda, como el agua. Pero si se nos pide que demos con el detalle de lo que nos conforma, debemos acudir a los elementos esenciales, presentes en la tabla periódica. Estamos hechos de oxígeno en un 65%, de carbono en un 18%, de hidrógeno en un 10% y de nitrógeno en un 3%. También tenemos calcio, fósforo, potasio, azufre, sodio, magnesio, flúor, cloro, manganeso, hierro, cobalto, cobre, zinc y 12 elementos más, incluidas trazas mínimas de arsénico.

Con la combinación de estos elementos disponemos de la química con la que se construye finalmente un cuerpo humano, pero falta algo: la sorpresa. Esta respuesta puede ser formalmente válida, pero de nuevo no sorprende. No aporta nada nuevo, como exige la pregunta.

Roberto acude entonces al origen de los elementos químicos que se muestran en la tabla periódica. Recuerda de niño haber oído algo al respecto en la serie Cosmos de Carl Sagan. Y es en este aspecto, en el origen de los elementos, donde salta la sorpresa.

Las estrellas son inmensos hornos nucleares en cuyo ardiente interior se forman los elementos. En las más grandes se produce un fenómeno estelar conocido como supernova, por el que una estrella masiva acaba explosionando al final de sus días, creando con ello un ambiente de alta densidad de neutrones. Los núcleos reciben de 10 a 15 neutrones nuevos, y con ello se forman nuevos elementos, más pesados que el hierro. 

Estos elementos pesados se irradian por el espacio con el resto de la materia, formando una gigantesca nube. Con el tiempo, la materia se enfriará y condensará, formando nuevas estrellas y sistemas planetarios. En el interior de los planetas se acumularán los elementos más pesados, formando núcleos de hierro y níquel, como sucede en la Tierra. La actividad volcánica provocará que parte de estos elementos pesados suban desde el manto hasta la corteza. Entonces, podremos extraerlos para su uso metalúrgico. El oro de un anillo se creó hace miles de millones de años en el interior ardiente de una estrella que acabó explosionando. Si esto no sorprende...

En definitiva, desde una perspectiva lo más amplia posible, Roberto cuenta con una respuesta que no puede ser discutida.

Estamos hechos de polvo de estrellas.



Desde la creatividad.


Ana se ha leído una vez y otra la pregunta. Siempre lo hace. Cree haber dado con un aspecto esencial de la misma ¿Y si no se nos pregunta por la materia?

La física ha descubierto que la materia visible es una parte muy pequeña de lo que conforma el cosmos. También hay materia oscura, que sólo se puede descubrir siguiendo las trazas gravitatorias que deja en el tejido del espacio - tiempo. Pero lo increíble es que la mayor parte del cosmos, el 70%, es algo que llamamos energía oscura, y que, en esencia, no sabemos lo que es.

Si la materia visible es una mínima parte de la realidad, parece absurdo centrarnos en átomos y moléculas. Deberíamos buscar más allá. ¿Que hay en el hombre aparte de materia y energía? ¿Se manifiesta en nosotros la energía oscura de alguna manera?

Desde antiguo se ha establecido una dualidad entre la materia (cuerpo) y el alma (espíritu). El griego Anaxágoras utilizaba el término "nous" para designar a una entidad inmaterial que hoy asimilaríamos a la idea de Dios. Esta idea implica una teleología, una intención última que se desarrolla a un nivel espiritual.

Cuerpo y alma, una dualidad que ha acompañado al hombre hasta tiempos recientes, en los que estudios fundamentalmente neurológicos, como los del profesor Antonio Damasio, parecen demostrar que la distinción cuerpo/alma no se sostiene. Es probable que en los próximos años nos encontremos con explicaciones de orden neuroquímico que acaben con esta dicotomía. Sin embargo, piensa Ana, si a pesar de todo el alma existiese ¿ha habido algún intento científico por medirla, pesarla o encontrar sus efectos? Si la energía ni se pierde ni se destruye, solamente se transforma, ¿adónde va esa ingente carga energética que suponen nuestras creencias, nuestras más profundas reflexiones, nuestro "yo" interior? Acaso tenía razón Jung cuando postulaba por la existencia de un inconsciente colectivo, un "anima mundi" que nos sobrevive tras la muerte?

Todo lo que se ha dicho hasta el momento atañe al aspecto físico/material del humano, pero si queremos trazar un plano concluyente de lo que nos conforma, ¿No deberíamos al menos tomar en consideración lo espiritual?

A principios de siglo, el Doctor Duncan McDougall situó los cuerpos de personas moribundas en camas que disponían de balanzas de precisión, y llegó a la conclusión de que en el preciso momento del óbito el cuerpo perdía 21 gramos. La noticia mereció aparecer en el New York Times de la época.

¿Sorprendidos? Es una buena respuesta, pero acaso haya un pequeño problema: poco hay de cierto en ella o, si se quiere, no ha sido suficientemente verificada. La teoría de los 21 gramos no cuenta con ningún respaldo entre la comunidad científica. Según parece, las propias mediciones de McDougall no fueron, en absoluto, exactas.

Ana ofrece bosqueja una respuesta que siente en su interior que no es válida: estamos hechos finalmente de materia y, pongamos por caso, 21 gramos de alma. Es una respuesta creativa, sin duda, pero inexacta. Ana ha leído a Damasio, y le han convencido sus argumentos.

Decide quedarse callada.

Ni la creatividad ni el holismo han dado con la respuesta. Todos miran a Alicia. ¿Será capaz esta vez de sorprender con la ayuda de su saber enciclopédico?


Desde el conocimiento.


Alicia ha querido hablar la última. Esta vez va a ganar, está convencida. Y se guarda un as en la manga, una demostración que va a sorprender al resto de la clase.

Se levanta y todos ven que lleva una bolsa con garbanzos. Pide permiso al profesor, y se sitúa en su mesa.

- hasta ahora hemos creído que la respuesta radicaba en la esencia química del cuerpo, o acaso en su vertiente dualista alma/cuerpo. Yo creo que la respuesta es aún más sorprendente.

Alicia coge un puñado de garbanzos de la bolsa.

- En el lado izquierdo de la mesa voy a situar los componentes de origen animal que nos conforman. En el lado derecho, iré acumulando entidades presentes en el árbol de la vida pero que no forman parte del reino de los animales y que, sin embargo, forman parte de nosotros.

Alicia empieza a distribuir los garbanzos; un murmullo recorre la clase: el montón derecho empieza a ser mucho más grande que el izquierdo. Cuando ha acabado, la parte no animal es 10 veces más grande que la animal. La respuesta es increíble: fundamentalmente, estamos hechos de entidades no animales, de bacterias, en una proporción de 10 a 1.

Esta respuesta tan increíble necesita de una explicación; las sorpresas no han acabado.

al principio la vida era muy simple: formas de vida simples procariotas (sin núcleo) dominaron la tierra durante los primeros miles de millones de años. Sólo hace 600 millones de años que organismos multicelulares mas complejos poblaron primero los mares y después la tierra. Pero, en esencia, la Tierra sigue gobernada por organismos muy simples llamados bacterias. Hay 5.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 de bacterias en el planeta  , habitan todos los hábitats, incluso los más extremos, y sólo hemos sido capaces de catalogar el 10%.

¿Cuántas bacterias hay dentro del cuerpo humano? Si vemos los montones de garbanzos, tienen que ser muchísimas, diez veces más que células u organelos animales. Se calcula que el cuerpo humano porta unos 700 billones de bacterias (frente a los sólo 70 billones de células). ¡Sólo las bacterias del intestino pesan más de un kilo!

Todas las personas tienen una característica única en lo que se refiere al número, disposición y  género de bacterias que lo acompañan.

- ¡Un momento! - interrumpe Ricardo - las bacterias viven en simbiosis con nuestro cuerpo, y son muchas. Todo esto es cierto. Pero no son parte de nosotros. No forman parte de nuestra esencia.

- Espera Ricardo. Creo que Alicia no ha terminado - dice el profesor.

En efecto, hay algo más. Lo que nos define como humanos e individuos es una configuración genética única, con un ADN propio que hemos heredado de nuestros progenitores y que guardamos en el núcleo de nuestras células eucariotas. A su alrededor, en el citoplasma, flotan múltiples orgánulos u organelos. Hay dos extremadamente raros: los cloroplastos y las mitocondrias. Ambos también portan ADN, pero su ADN no es humano, ni siquiera animal. Es un ADN de bacterias.

Nos centraremos en las mitocondrias.

En cada célula hay una media de 1.500 mitocondrias. Su número depende del grado de actividad de la célula, puesto que las mitocondrias tienen como función suministrar energía. Su estructura y su ADN las identifican como antiguas bacterias, que se han adaptado para formar parte de nosotros. ¿Por qué han conservado su ADN? ¿Interfiere su ADN con el del núcleo de alguna manera? No tenemos respuestas claras. Sí sabemos que sólo las mujeres transmiten el ADN mitocondrial. Todos portamos genes no humanos que nos han transmitido nuestras madres.

Para acabar, ¿qué somos? Animales, qué duda cabe. Pero hemos aprendido que formamos parte de un entramado complejo y maravilloso que llamamos naturaleza, un sistema autorregulado en el que todas sus partes se interrelacionan de tal manera que, en ocasiones, como sucede con las mitocondrias, las fronteras entre los distintos órdenes no están claras.

Para decirlo de una vez, finalmente: ¿de qué estamos hechos? Estamos hechos de vida.


Es una lección de humildad que conviene no olvidar.


La naturaleza no nos pertenece; formamos parte de ella.


 Antonio Carrillo Tundidor

sábado, 11 de enero de 2014

Curiosidades del lenguaje: conocimiento, creatividad y holismo. 2ª pregunta.


¿Cuál es el mayor carnívoro de la Tierra?






Llega un nuevo día, y la clase se enfrenta a un nuevo reto: hay otra pregunta apuntada en la pizarra.


Segunda pregunta: ¿Cuál es el mayor carnívoro que haya existido jamás en la Tierra?


Y, como en la vez anterior, tres alumnos buscan una respuesta desde perspectivas y procesos mentales distintos. De nuevo le recomiendo pensar en su propia respuesta, y comprobar si finalmente coincide con la que resulte ganadora.


1. Desde el conocimiento.


Cráneo de giganotosaurio
Alicia pretende ganar en esta ocasión, y se piensa algo más la pregunta. El uso del verbo en pasado le ofrece una pista clara. Es evidente que el mayor de los carnívoros debe ser un dinosaurio terópodo, como el famoso Tyrannosaurus Rex, que medía hasta 13 metros de largo y pesaba unas 6 toneladas. Sin embargo, acaba de publicarse en abril del 2011 el hallazgo en Brasil de una nueva especie, el Oxalaia quilombensis, que pesaba 7 toneladas y su longitud rondaba los 14 metros. El giganotosaurio, un ejemplar argentino que se conoce desde hace años, era similar.

Comparativa entre Tyrannosaurus, giganotosaurio y Spinosaurus


Pero Alicia, una estudiosa, sabe que ninguno es mayor que el Spinosaurus, encontrado en el norte de Africa. Según estudios publicados en 2007, el Spinosaurus llegaba a los 18 metros de longitud y pesaba hasta 9 toneladas. Era, sin duda, el mayor de todos. Su mordida no era tan poderosa como la del Tyrannosaurus, ni su musculatura comparable; pero en la pregunta se incide expresamente por el tamaño. Cautelosa, Alicia propone el Spinosaurus como respuesta.




Espinosaurus




















2. Desde la creatividad.


Ya dijimos la vez anterior que Ana suele leer varias veces la pregunta, buscando resquicios ocultos en los que se oculte la respuesta. Había resultado ganadora del primer envite, y se siente confiada. En este caso, sin saber muy bien porqué, sospecha del adverbio de tiempo “jamás”, pero se centra en el sustantivo “Tierra”. Está escrito en mayúscula.

Por tanto, la pregunta se refiere al planeta Tierra, y ello le parece significativo. ¿Es posible que el mayor carnívoro haya poblado los mares, no la tierra firme?

Ana sabe que los cachalotes macho pueden alcanzar los 20 metros y pesan hasta 57 toneladas. Tienen el mayor cerebro que haya existido jamás en la naturaleza. Son capaces de sumergirse a 3.000 metros de profundidad, ralentizando el ritmo del corazón a un latido por minuto. En las profundidades del océano le espera su presa, el temible calamar gigante. Un cachalote es un carnívoro mayor que el Spinosaurius.

Alicia interviene: en efecto, Ana ha acertado al situar al mayor carnívoro en los océanos. Tiene lógica: un animal en tierra siempre estará sujeto a un límite de peso que le impone la gravedad, pero en el agua los animales pueden ser mucho más grandes y pesados. Sin embargo, no está segura de que el Cachalote sea la respuesta: propone tres alternativas, toda ellas provenientes del pasado.

Mandíbula de Megalodón
Por un lado, tenemos al Megalodón, un gigantesco tiburón que poblaba los mares de hace 150 millones de años y se extinguió hace 25 millones de años. Su tamaño rondaba los 18 metros, aunque se piensa que algunos ejemplares podían llegar a los 20 metros, y su peso superar las 50 toneladas. Este tiburón de pesadilla tenía entre sus presas a los cachalotes.

De un tamaño similar era el Mosasaurio, un reptil marino gigantesco emparentado con las serpientes. Su peligro radica no sólo en su enorme tamaño, sino en su voracidad y la velocidad que le confería su poderosa cola.

Pero, si hay que nombrar a un monstruo de los océanos por excelencia, éste es el Liopleurodon.

Hay estimaciones que hablan de que su tamaño podía llegar a los 27 metros, con mandíbulas que superaban los cuatro metros. El diente del Liopleurodon Ferox podía llegar a medir 40 centímetros. A pesar de superar las 60 toneladas, era muy veloz, muy ágil, y podía comerse a un Tyrannosaurio Rex de un solo bocado.

Observe este video:








Después del video de la serie de la BBC, “Caminando entre Dinosaurios”, en la que se describe a un Liopleurodon de 25 metros, Alicia se siente ganadora. ¿Cómo puede existir un carnívoro mayor?

Nota: Alicia debería ser cautelosa. Los paleontólogos tienen una propensión curiosa a exagerar el tamaño de las especies que descubren. Saben que para el gran público, cuanto más grande, más espectacular. Además, hay especies de las que apenas tenemos restos fósiles, y cuando se habla de tamaño, peso o morfología a menudo lo que se presentan son meras presunciones o arriesgadas extrapolaciones. En 1930 se encontró el esqueleto de un pliosaurio en Queensland. En la actualidad se expone en el Museo de Zoología Comparada de Harvard. Durante mucho tiempo el animal expuesto, un Kronosaurio, tenía un tamaño estimado de 18 metros. Sin embargo, recientes investigaciones han demostrado que se habían añadido innecesariamente algunas vértebras, y que su tamaño real era, finalmente, 12 metros.

Comparativa entre el Kronosaurio estimado y el real



¿Cuál es el tamaño probable de alguno de los animales que hemos nombrado? El Spinosaurus es posible que midiera de 12 a 14 metros; el megalodón mediría de 12 a 18 metros. El Mosasaurio, según las estimaciones más precisas que tenemos, rondaría a lo sumo los 12 metros. El Liopleurodon es el que genera una gran controversia. Se han descubierto ejemplares de 18 metros, pero, al ser jóvenes, se ha estimado que su tamaño alcanzaría los 25. Además, no todos los pliosaurus encontrados, como el “monstruo de Aramberri”, son Liopleurodones. Hace falta descubrir más restos para poder dar una respuesta.  


3. Desde el holismo.


Ricardo ha estado callado todo el tiempo, pero de repente levanta la mano. Los demás saben lo que esto significa: su recurso escolástico que le ayuda a tener una perspectiva más global del problema. Ricardo formula una pregunta.

¿Qué es un carnívoro?

De nuevo algunos compañeros se ríen. El profesor explica que un carnívoro es un organismo que se alimenta de animales.

No se pregunta, entonces, por un cazador despiadado y feroz; por un depredador de grandes dientes. La pregunta es más simple: se pide que se nombre al mayor organismo que obtiene su energía consumiendo proteínas animales.

La respuesta es entonces clara e inequívoca. El mayor carnívoro que ha existido jamás no tiene dientes y es inofensivo para el hombre y la mayoría de los seres vivos: es la ballena azul.

La ballena azul es un animal curioso por muchas razones, empezando por su nombre. En realidad no es una ballena, sino un rorcual. Su nombre correcto es rorcual azul.





Los datos apabullan: el chorro de agua que expele cuando respira puede alcanzar los 12 metros de altura, su lengua pesa más de dos toneladas y cuando nace pesa lo mismo que un hipopótamo adulto. Puede alcanzar los 33 metros y pesar hasta 173 toneladas. Simplemente, es el animal más grande que ha existido jamás. Y se alimenta de un diminuto crustáceo de sólo 3 centímetros, el Krill. En un día puede consumir hasta 8 toneladas de estos diminutos animales.

En esta ocasión, Ricardo ha encontrado la respuesta.


Antonio Carrillo Tundidor