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jueves, 25 de septiembre de 2014

El primer periódico.

 
Imagen de Roma en:




El primer periódico de la historia.


Para dilucidar la fecha en que nació el primer periódico de la historia, primero sería necesario convenir lo que se entiende por “periódico”.

Esta cuestión, que hubiese sonado extraña hace sólo 20 años, es hoy pertinente, pues los formatos y tiempos del periodismo escrito han sufrido una convulsión enorme. ¿Es necesario el papel como elemento distintivo del periódico? ¿El periódico mantiene una vigencia de 24 horas? ¿Ha entrado el periódico en competencia con los medios de la inmediatez, como la radio y la televisión? ¿Tiene algún futuro la forma "artículo", como análisis en profundidad y fundamentado de la noticia; o estamos abocados a un periodismo sólo de titulares? ¿El periódico es por definición objeto de la iniciativa privada?
Si somos ortodoxos, y es preciso el formato de papel y un empresario privado que arriesgue su dinero, entonces nuestra historia comienza en 1450, con la invención de la imprenta de tipos móviles de plomo por Johann Gutenberg. Fue un momento crucial para la historia de la humanidad, que posiblemente significó el tránsito a la Edad Moderna. Sus efectos fueron devastadores para quienes pretendían tener el monopolio de la opinión o la doctrina: en 1502, el papa Alejandro VI se ve obligado a exigir que toda fuente escrita tenga que pasar por la censura o visto bueno de la autoridad eclesiástica. Pero se ha iniciado una revolución que será imparable. La expresión escrita irrumpe en Europa.

Es precisamente el Gutenberg Museum, de Mainz, el que sitúa en Estrasburgo el primer periódico, en junio de 1605. Al parecer, Johann Carolus era un joven que se dedicaba a distribuir entre sus vecinos una hoja escrita a mano sobre noticias estrictamente locales. En 1605 decidió comprar una imprenta, con la que pudo realizar muchos más ejemplares y bajar el coste. Había nacido el "Relation aller Fürnemmen und gedenckwürdigen Historien".

Su primacía es discutida; En concreto, en 1582, durante la Dinastia Ming, tenemos referencias sobre publicaciones de periódicos en Pekín. En Alemania se fundaron periódicos como el "Dutch Courante uyt Italien, Duytslandt, & company", supuestamente en 1618; e incluso antes, en 1615, he encontrado referencias al "Die Frankfurter Oberpostnants Zeitung". En general son opiniones poco contrastadas, y que observo con reservas.

Sí que parece seguro el nacimiento del primer periódico inglés en 1622, el "Weekley News of London". Como curiosidad, el periódico más viejo que aún existe es el “Post-och Inrikes Tidningar” de Suecia, fundado en 1645.

Antes de estas fechas, las noticias que tenemos de publicaciones suelen estar ligadas a una labor propagandística del poder político. En 1556 nace en Venecia el “Notizie Scritte”, publicado por el gobierno, y su abono se realizaba con una pequeña moneda local llamada gazetta. (Del nombre de esta moneda luego quedaría para la posteridad la palabra gaceta).

Está acreditado que entre los años 713 y 734 de la dinastía Tang se publicó el "Kai Yuan Za Bao". Escrito a mano sobre seda y leído por oficiales del gobierno, ofrecía noticias relativas al gobierno de la nación. Mucho antes, en los siglos I y II circulaban entre los oficiales de la corte unas hojas con noticias denominadas “tipao”. Con nuestro proverbial eurocentrismo, a menudo olvidamos que en oriente se nos habían adelantado en multitud de inventos.

Pero voy a terminar centrándome en la manifestación periodística más sorprendente de la antigüedad: el “Acta Diurna”.

Roma era una ciudad inmensa, el centro de un vasto imperio. Contaba con un millón de habitantes, y con multitud de espacios públicos, dedicados al entretenimiento, a los negocios o a asuntos de índole religiosa, política o judicial. En la Columna Maenia, erigida el 338 a.C. por la victoria en la batalla naval de Ancio, se incluían los nombres de los morosos por sus acreedores, para que fuera del dominio público. También había un lugar en el que recabar información sobre personas desaparecidas. Era normal que los informantes o los abogados anunciaran sus servicios con pintadas en las paredes de los edificios públicos. No era una práctica ilegal, aunque podía suponer la reprimenda de un vigil.
Reconstrucción de columnas Honorarias de Diocleciano en
http://dlib.etc.ucla.edu/projects/Forum/reconstructions

El pueblo quería estar informado. Por ello el Gran Pontífice (magistrado sacerdotal de antigua Roma) escribía comentarios periodísticos de los hechos mas sobresalientes ocurridos en tal ciudad. También el Senado escribía un acta sobre sus deliberaciones. Pero la mayor fuente de noticias provenía del “Acta Diurna”

El Acta Diurna era una herramienta editorial de enorme importancia al servicio de los emperadores. Julio César entendió perfectamente el significado de la propaganda, y en el año de su consulado (59 a. C.) convirtió el Acta en un acontecimiento periódico, que interesaba al pueblo y era muy comentado.

El Acta Diurna era una lista de acciones de gobierno, deliberaciones del Senado, casamientos, juicios o sentencias, nacimientos e, incluso, anuncios publicitarios. Se redactaban en piezas de piedra o metal para evitar su falsificación, y llevaban tallado el sello oficial del gobierno. Se colocaban en las plazas y lugares públicos más concurridos de Roma, fundamentalmente el Foro, y los ciudadanos se aprestaban a leer las últimas noticias, ávidos de rumores. Para una familia noble, que su nombre apareciera relacionado con un escándalo en el Acta podía significar una auténtica tragedia.

En distintos foros se comenta que estaban vigiladas por legionarios. En realidad, según mi opinión, de esa tarea se encargarían los vigiles o, en todo caso, la guardia pretoriana. En todo caso, era tal su importancia que se realizaban múltiples copias en papiro para repartirlas por todas las provincias del imperio. Estas copias son el único vestigio que conservamos.

¿Y más atrás en el tiempo? Flavio Josefo nos habla de escribientes profesionales en la antigua Babilonia que trascribían diariamente los asuntos más importantes acaecidos; y se cita de nuevo a China, ya que en el año 594 a.C. al parecer imprimían sobre delgadísimo papel de paja de arroz una hoja titulada “Ching Pue” en la que se ofrecían noticias e informaciones periodísticas.

¿Y más atrás?


Antonio Carrillo Tundidor

lunes, 6 de enero de 2014

Oposiciones a funcionario durante la dinastía Song



Europa es un largo compendio de nombres propios y fechas. Y como Europa, (y el Occidente asiático y el norte Mediterráneo de Africa) han monopolizado buena parte de la historia que se enseña en escuelas y universidades, nombres como los de Alejandro Magno, Einstein, Julio César, Aristóteles, Newton, Ramses II, Hitler, Pitágoras o Napoleón son los ladrillos sobre los que construimos nuestra identidad como civilización.

Por decirlo de otra manera: historia son ellos.

Y, sin embargo, esta percepción tan egocéntrica que imponemos los occidentales es pobre en matices, falsaria a menudo e injusta la más de las veces. Aunque parezca mentira, hay historia más allá de Occidente; la civilización se ha forjado a menudo sobre avances descubiertos a miles de kilómetros de Grecia o Egipto.

De tanto mirarnos al ombligo, los occidentales apenas si alzamos la cabeza, y tenemos una perspectiva muy estrecha, paupérrima incluso, del devenir humano. Si yo les digo que a inicios del siglo XVIII el Producto Interior Bruto de China o la India era superior al de Inglaterra o Francia, seguro que les costará creerlo. Pero es así. Francia, por ejemplo, dependía sobremanera de los recursos provenientes de sus colonias de ultramar; buena parte de la riqueza gala germinaba en las (entonces) fértiles tierras de Haití. Chuparon de sus ubres hasta dejar exhausta la tierra; cuando se fueron, dejaron tras de sí un lodazal. Sucedió por todas partes, y pocas naciones pueden escapar del oprobio que representa el fenómeno de la colonización. (Tampoco España, dicho sea de paso.)

Europa es un largo compendio de nombres propios, he dicho. De gestas o descubrimientos con nombre y apellido. ¿Teorema? de Pitágoras. ¿Código? napoleónico o de Hanurabi. ¿Escuela? socrática. Incluso ¿amor? platónico. ¡Tantos nombres ilustres! ¡Qué suerte tenemos los europeos! ¿No se han parado a pensarlo? Prácticamente toda la música que se estudia en conservatorios de todo el mundo tiene un mismo origen. Virtuosos de Japón, China o Venezuela tienen como referentes a Schubert, Mozart o Mahler. Se aprende a pintar sobre la herencia de Rembrandt, Velázquez, Durero o Miguel Ángel. También Van Gogh o Picasso. Europeos todos ellos.

Todo reduccionismo conduce al absurdo, pero espero que se me entienda. ¿Conocen el nombre de algún artista, inventor, científico o estadista de los últimos tres milenios que no sea europeo? Sí, por supuesto. Pero si los situamos en una balanza, el peso de Europa resulta insoportable. ¿Por qué? ¿Acaso los europeos somos mejores? ¿Más inteligentes?

Hace meses expliqué en este artículo las razones por las que el continente de Eurasia presenta ventajas geoestratégicas sobre el resto del mundo:

http://elblogdetradux.blogspot.com.es/2011/02/libro-recomendado-armas-germenes-y.html

Para poder responder a la pregunta "por qué Europa colonizó América, y no al revés", nos adentrábamos de la mano de Diamond en un entramado de razones geológicas, climáticas o epidemiológicas que cobraban sentido vistas en conjunto, ofreciendo un puñado de explicaciones aparentemente sencillas, pero de una belleza lógica apabullante. En definitiva: los euroasiáticos no fuimos ni somos mejores; estábamos en el mejor sitio posible. Lo entenderá leyendo el artículo que adjunto más arriba.

Pero, entonces. ¿Cómo se explica esta diferencia entre el Oriente asiático y el Occidente europeo? ¿Acaso no habitamos la misma franja de tierra, Eurasia? ¿Por qué no han trascendido - a nivel planetario - los nombres de los grandes inventores, artistas o estadistas del Oriente? Todos sabemos que Gutenberg inventó la imprenta; pero también sabemos que los chinos utilizaban la impresión con tipos móviles muchos años antes. ¿Por qué no conocemos con seguridad el nombre de su inventor? ¿Quién inventó el papel? ¿Quién la brújula o la pólvora? ¿Por qué la historia de Oriente es una historia de grandes hombres (y mujeres) anónimos? Los nombres que nos llegan son los de grandes sabios, pensadores como Confucio, Buda o Lao Tse, maestros todos en cuestiones morales.

En Oriente el individuo se somete a la sociedad, y regula su comportamiento sobre la base de condicionantes morales fuertemente jerarquizados y rígidos hasta el exceso. En China, un comerciante, alguien emprendedor que buscara beneficios, ocupaba la escala más baja del estamento social. Actuaban para su beneficio, y eso estaba mal visto. Sin embargo, el más humilde campesino, que llevaba una vida modélica, tranquila y acorde a la tradición, respetuoso con los mayores, generoso y humilde, era un paradigma de pureza. Era un ejemplo a seguir.

Ya que de China hablamos, utilicemos una antigua leyenda (China) para explicar esta sumisión del individuo al bien común:


"En aquel tiempo, un discípulo preguntó a su Maestro:

¿Cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?

El Maestro le respondió: es muy pequeña, sin embargo tiene grandes consecuencias.

Ven, te mostraré el infierno.

Entraron en una habitación donde un grupo de personas estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz, todos estaban hambrientos y desesperados, cada uno tenía una cuchara tomada fijamente desde su extremo, que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara tenía un mango tan largo que no podían llevársela a la boca. La desesperación y el sufrimiento eran terribles.

Ven, dijo el Maestro después de un rato, ahora te mostraré el cielo.

Entraron en otra habitación, idéntica a la primera; con la olla de arroz, el grupo de gente, las mismas cucharas largas pero, allí, todos estaban felices y alimentados.

No comprendo dijo el discípulo ¿Por qué están tan felices aquí, mientras son desgraciados en la otra habitación si todo es lo mismo?

El Maestro sonrió. Ah... ¿no te has dado cuenta? Como las cucharas tienen los mangos largos, no permitiéndoles llevar la comida a su propia boca, aquí han aprendido a alimentarse unos a otros."


Precioso. ¿No es cierto?

Les propongo algo; situémonos en el año 1.000 de nuestra era.

En la afamada Europa poco queda del esplendor clásico de Roma o Grecia. Vivimos en una Europa feudal, disgregada en condados, ducados y reinos, con disputas frecuentes y una calidad de vida espantosa. Alguien de 40 años podía considerarse un anciano, y la hambruna o las epidemias eran algo habitual. Es cierto que, si observamos con atención, podemos ver indicios del nacimiento de la burguesía, de incipientes universidades y de un avance en el arte arquitectónico que se afianza en el románico y adquiere todo su esplendor en el gótico. Es difícil pensar en la Edad Media como una época de sólo oscuridad cuando en su seno se levantaron catedrales como la de Chartres, la abadía de Westminster o la de Colonia, posiblemente los máximos exponentes de la capacidad tecnológica humana puesta al servicio de la belleza y la armonía.

Pero el pueblo es analfabeto, no dispone de elementos de ocio, la higiene es casi inexistente y, en general, la vida es miserable.

Pues bien, en esa misma época, en China, un joven se levanta temprano para asistir a un examen.

Lleva años preparando oposiciones al cuerpo de funcionarios del Estado.

Nos situamos durante la dinastía Song (960-1279), un momento de grandes avances, en el que hay un crecimiento demográfico sorprendente: China está próxima a superar los 100 millones de habitantes.

Los gobernantes de esta dinastía decidieron concentrar sus esfuerzos en mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, y decidieron cambiar las conquistas territoriales por los tratados de paz, los gobernantes militares por un cuerpo de funcionarios civiles elegidos por el gobierno central por medio de pruebas de libre acceso (vetadas, eso sí, a las mujeres).

Esta apuesta por la paz y la prosperidad dio pronto sus frutos. Surgieron inventos como la brújula, los molinos de viento, el papel, la pólvora, el papel moneda, la imprenta... En las ciudades se vive una atmósfera de entretenimiento, de pasión por el saber y por el arte. Ya sea abandonando una fiesta pública, como saliendo achispados de un club privado, la población deambula entretenida mientras la noche se ilumina por miles de farolas de colores. Hay miles de personas participando de esta fiesta de cultura y civilización, en animados barrios de espectáculos.

Se crean nuevos géneros teatrales, como el zhugongdiao o el zaju. Es una época de máscaras y colores. En la capital hay más de 50 teatros (la ciudad supera los 500.000 habitantes), algunos con un aforo de miles de espectadores. A los teatros acuden tanto hombres como mujeres, gente opulenta y humildes artesanos. Mientras tanto, en Europa, incluso lo nobles, la mayoría analfabetos, dormían con animales, en fríos espacios atestados de parásitos y mugre.

Todo el Estado chino está comunicado por un eficiente servicio postal, hay clínicas, hogares para ancianos y colegios públicos. Crece el comercio, nacen los billetes o los pagarés: y asistimos a una auténtica revolución industrial: entre el 806 y el 1078 la producción de hierro se multiplica por seis hasta alcanzar las 125.000 toneladas al año. Hay importantes avances en astronomía, ciencias aplicadas, matemáticas... Mientras Europa se desangraba en guerras fratricidas y se hundía en la podredumbre, un monarca de la época, el rey coreano Sejong, estableció por decreto que "para gobernar bien es necesario difundir el conocimiento de las leyes y de los libros, de manera que la razón pueda ser satisfecha".

Al final de esta época acude a tan lejanas tierras un viajante veneciano que se queda maravillado con lo que ve. Su nombre, Marco Polo.

Creo que el mejor ejemplo para entender la diferencia existente entre la Europa medieval y la China Song lo tenemos en la navegación.

Los mares del sur de China son muy difíciles de navegar, debido a sus pésimas condiciones climáticas. Pero la dinastía Song respondió a tal reto diseñando los mejores y mayores buques construidos hasta la fecha: los enormes barcos de junco.

Imagine por un instante: es usted un comerciante embarcado rumbo a la India. Lo acompaña su familia. Cuando embarcaron, un asistente le entregó las llaves de su camarote, en el que dispone de todas las comodidades posibles. Es fácil despistarse en la enorme estructura del buque: con 120 metros de eslora (de largo) y cuatro cubiertas, los pasajeros disponen de salones en los que distraerse y guarecerse del mal tiempo. No es el caso; el día ha amanecido tranquilo, sin viento. Por fortuna, el buque, que embarca a 1.000 tripulantes, es automotor: 24 ruedas de paletas, 12 a cada lado, permiten que el buque navegue con las velas recogidas. A los tres buques de escolta y apoyo les cuesta seguir su ritmo. En su interior, el casco está dividido en compartimentos estancos, de forma que si, por accidente, uno se inundara, el barco siempre mantiene su navegabilidad. 1.000 años más tarde se empleó la misma tecnología en el Titánic.

Esta técnica de fabricación de compartimentos estancos de los juncos chinos fue incluida el año 2008 en la "Lista del Patrimonio Inmaterial que necesita medidas urgentes de salvaguardia" desarrollada por la UNESCO.

Unos siglos más tarde, Cristóbal Colón descubre América al mando de tres buques de manufactura europea. El mayor de los tres era la nao Santa María, un buque con una eslora de 29 metros y una tripulación de 30 hombres. ¿No les parece sorprendente?

Pero volvamos a nuestro joven opositor. Tiene unos 25 años, y hace cinco aprobó el primer examen para funcionario del estado. Para presentarse tuvo que demostrar no sólo su honradez, sino la de su familia durante tres generaciones. Su familia no es adinerada, pero el pueblo de sus padres ha colaborado en esta inversión. Estudiar no es barato: durante muchos años el estudiante debe dedicarse sólo al estudio, pagar primero las academias privadas y después las escuelas confucianas de la prefectura, y disponer de dinero para la manutención y el alojamiento lejos de casa, en la capital de la provincia. Además, tal y como le sucedió en el primer examen, en el caso de aprobar debe pagar un banquete de celebración y hacer regalos.

Por cierto, y ya que hablamos de academias de estudios superiores, una curiosidad: si usted busca datos referentes a la universidad más antigua del mundo, verá que se postula la Universidad de Bolonia, que abrió sus puertas el 1088. Sin embargo, la Academia Yuelu de Estudios Clásicos, situada en la provincia de Hunan, fue fundada el año 976, y desde entonces es una de las instituciones de enseñanza más prestigiosa de China. Observe la imagen: el lugar debe ser precioso


Volvamos a nuestro joven opositor: el primer examen fue difícil: tres días intensos en los que no se permite la más mínima tachadura en el texto. El formato es importante: caligrafía, márgenes... todo debe presentarse perfectamente, todo escrito sobre papeles oficiales marcados que el estudiante encontraba sobre su mesa. Además, el último día los candidatos deben repetir de memoria exactamente lo mismo que habían escrito el primero. De esta manera se controlaba su identidad. Aprobarlo le supuso ciertos privilegios: en lo sucesivo no podrá ser condenado a recibir castigos corporales.

Pero eso sucedió hace cinco años. Nuestro héroe se presenta a los exámenes de segundo nivel, que se celebran cada tres años. Duran semanas. La organización corre a cargo del ministerio de ritos, y es muy estricta y reglada. Los candidatos trabajan aislados en celdas individuales al aire libre, y viven en un ambiente de extrema tensión. Según un famoso refrán, era preciso tener la voluntad de un dragón, la fuerza de una mula, la insensibilidad de una carcoma y la resistencia de un camello para aprobar. Las medidas de seguridad son increíbles.

Todos los días, durante semanas, se repite el mismo rito. El estudiante se ve sometido a un cacheo muy exhaustivo, para que no introduzca libros, apuntes o "chuletas". El estudiante sólo puede llevar tinta, pinceles, vasos y comida. En las sesiones de más de un día, se les permite llevar sacos de dormir, un orinal y velas.

Los candidatos y su equipaje pasan por un control similar al que sufrimos en un aeropuerto norteamericano. Cuatro guardianes se afanan en encontrar algo prohibido, porque si finalmente encuentran un papel diminuto con apuntes o dinero con el que sobornar a los examinadores, recibirán tres onzas de plata. Incluso la comida era objeto de la atención de los ávidos funcionarios.

En el caso de pasar por esta primera criba, el pobre candidato era de nuevo sometido a un posterior escrutinio por otro grupo de cuatro vigilantes. Si éstos encontraban algo, se castigaba la negligencia de los guardianes de la primer puerta. En total, todo este proceso podía durar horas.

Una vez dentro, los candidatos recibían papeles marcados por un sello oficial; pero las medidas tomadas para asegurar la integridad del proceso no acaban aquí. El año 1015 se creó un departamento especial de copistas, los cuales hacían copias uniformes de todos los exámenes. Con ello se evitaba que un examinador pudiera reconocer la letra de un alumno. Además, en la documentación que se sometía a revisión el nombre se tapaba con un número de expediente, que correspondía al número de celda. Durante el examen, el alumno tenía un formulario con tres espacios en blanco. Si cometía una infracción durante los días de examen, se le estampaba un sello. En el caso de que llegara a las tres estampas, era expulsado. Las infracciones podían ser dejar caer los papeles, mirar a un compañero, abandonar la celda más de una vez para ir al baño o murmurar mientras se escribía un poema. Peor era entregar los exámenes incompletos, o bien que la caligrafía no se correspondiera exactamente al denominado estilo kaishu, en el que los caracteres ocupaban con pulcritud el espacio de un cuadrado imaginario.

El rigor era tan extremo que, en el caso de soborno, la pena podía conllevar la pérdida de la plaza de funcionario por el examinador o, en los casos más graves, incluso una condena a muerte.

Si el candidato aprobaba, pasaba por una tercera fase, en los conocidos exámenes de palacio. En estas pruebas, que se realizaban en la capital, intervenía el mismo emperador.

Al final, ¿cuál era el premio a tanto esfuerzo?

Por supuesto, una plaza de funcionario de alto rango; pero, incluso más importante, el reconocimiento público que alcanzaba no sólo al candidato, sino a su pueblo. Las autoridades informaban oficialmente de la buena noticia a su distrito natal, que organizaba desfiles y banquetes en su honor. La casa del estudiante se llenaba de familiares, amigos y regalos; e incluso se construía un arco del triunfo frente a la casa de sus padres. En el templo de Confuncio de la capital su nombre quedaba grabado en una losa. ¡Como para no estar orgullosos del niño! El triunfo era percibido como propio por toda la población, y por ello era normal que se colaborara en financiar esta carrera hacia la fama.

Claro que el niño podía tener fácilmente 45 años. Porque la carrera era larguísima, una auténtica maratón. Lo normal era presentarse no una, sino muchas veces. No se consideraba una deshonra suspender, y se permitía presentarse una y otra vez.

¿Saben en qué fecha se abolió este sistema de exámenes?

En 1905. Por la regente Cixi.

Realmente increíble. Una vez más.

Antonio Carrillo

viernes, 9 de septiembre de 2011

Ahogo

Misha Gordin



Hay muchas leyendas relativas a la invención del ajedrez. Incluso las hay con un trasfondo moral: al parecer un soberano de la India maltrataba a su pueblo. Un sabio y antiguo maestro inventó un juego, el "chaturanga", en el cual el rey, la pieza más importante, dependía de todas las demás para protegerse, sobrevivir y salir victorioso. La historia cuenta que el monarca se mostró encantado con el juego, entendió la moraleja y prometió ser justo y amable el resto de su reinado.

Otras historias nos llevan al Oriente persa. El ajedrez se llamaba "shah-mat", y fue un invento del gran visir. En realidad, poco importa el lugar y nombre; lo que nos interesa de la historia es el premio que solicitó el inventor de tan fascinante juego. El visir o profesor solicitó que se le diera un único grano de trigo por el primer escaque (cuadrado), dos por el segundo, el doble de eso por el tercero y así sucesivamente, hasta que cada escaque recibiese su porción de trigo. Al rey le pareció poco premio un montoncito de trigo, e intentó convencer a su inventor de que aceptara un premio más suculento. Sin embargo, el sabio siguió en sus trece: se conformaba con el trigo.

Cuando empezaron a contar, el premio era, en efecto, insignificante: 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, 256, 512, 1.024..., pero, más adelante, la cantidad de trigo necesario se volvió inmensa, hasta un número final de 18,5 trillones de granos. Es decir, más que la suma de toda la producción mundial de grano hoy en día. De hecho, 150 veces más.

El monarca no tenía trigo suficiente para responder al ruego, y suponemos que no se lo tomaría del todo bien. De hecho, cuenta una de las historias que el rey, mirando apenado al sabio, le dijo:

"Es famosa la corrupción de quienes se ocupan de los silos, y para que no se te robe, ni se pueda decir que falto a mi palabra, escoltado por estos guardias iras tu mismo a los silos reales y uno por uno contarás cada uno de los granos que se te deben, y para evitar que nadie te robe, no saldrás de los mismos hasta que hayas completado tu recompensa."



La progresión geométrica depara estas sorpresas. Hay más ejemplos de su fuerza: si doblo un folio por la mitad, éste medirá el doble. Si lo vuelvo a doblar, tendrá un espesor 4 veces mayor. Pues bien: si lo pudiera doblar 40 veces... ¿Cuánto mediría? ¿10 metros? ¿100 metros? ¿Acaso tendría un espesor equivalente a la altura del Empire State Building?

Lo cierto es que bastan 40 dobleces para que su espesor equivalga a la distancia de la Tierra a la Luna.

El ejemplo es más gráfico cuanto menor es el sujeto del experimento, y pocas cosas hay más pequeñas que una bacteria. Carl Sagan lo explica:

"En condiciones muy favorables, la población de bacterias puede llegar a doblarse cada 15 minutos. Esto significa que, aunque una bacteria sólo pesa alrededor de una billonésima de gramo, tras un día de desarrollo exponencial sus descendientes pesarán en conjunto tanto como una montaña; en poco más de día y medio pesarán tanto como la Tierra, en dos días más que el Sol... Y en no demasiado tiempo todo el universo estará constituido por bacterias".


¿Por qué no sucede?

La progresión geométrica siempre se encuentra con un límite, un momento a partir del cual las condiciones ambientales no permiten que continúe. La materia y la energía son finitas.

Es algo que conviene tener en cuenta: para mantener nuestro ritmo de vida nos hemos acostumbrado a un crecimiento casi exponencial de nuestros recursos. Pero estamos cerca del límite. Ya no hay energía ni recursos para todos, y el planeta se muestra agotado.

Pongamos el ejemplo de China, con una población de 1.347 millones de personas. Si los chinos siguen creciendo, y precisan de más energía eléctrica, de más petróleo... ¿Cuánto más podremos disponer de reservas? Y el mayor problema no es China, sino la India. Con  1.241 millones de habitantes, tiene un crecimiento demográfico tan alto que duplicará su población en 43 años, frente a los 92 años de China.

¿Y el caso de Nigeria? Un país pobre que cuenta con una población de 162 millones, que duplicará ¡en 22 años!

Para entendernos: hay certeza en lo que voy a decir. Los avances tecnológicos nos están dando una tregua, pero no hace falta ser muy perspicaz para observar que estamos  sobrepasando, con mucho, el límite de lo que nuestro planeta puede aportar. Incluso dentro de los propios países pertenecientes al primer mundo se está abriendo una brecha, cada vez mayor, entre ciudadanos con acceso ilimitado a recursos y otro grupo, muy numeroso, de ciudadanos de segunda que malviven rodeados de lujo y opulencia.

¿Cómo estallará esta burbuja inflacionaria? ¿Habrá revueltas sociales? De alguna manera, ¿no perciben ya el descontento en su bloque, en su calle o ciudad?

Cuando no haya pan para todos ¿qué seremos capaces de hacer por alimentar a nuestros hijos? ¿Cómo evitaremos la avalancha de inmigrantes procedentes del tercer mundo? ¿Cómo solventaremos las revueltas internas?

¿Apocalíptico? Posiblemente.

La culpa la tiene la televisión. Simplemente, hoy vi las noticias. Salí a la calle.

Y noté una desagradable sensación de ahogo.


Antonio Carrillo



jueves, 2 de junio de 2011

La verdadera naturaleza humana; tercera parte: Alteridad. y escucha

Imagen sacada de natxomorso


Prefacio

Cuando te inicias en la creación de un blog hay unas cuantas normas de obligado cumplimiento: "no escribas sobre demasiados temas, nunca divagues y, por encima de todo, sé conciso".

Pido humildes disculpas.

Sólo yo tengo la culpa de lo que sigue.




Introducción: el salto de un cigoto

No estamos solos. Existen los otros. A este fenómeno lo llamamos alteridad.

Kant lo denominaba "pensamiento ensanchado"; si existen los demás, debemos compartir la existencia con ellos, debemos comunicarnos. El conflicto es siempre una posibilidad, y será preciso que ejercitemos las habilidades sociales desde pequeños si queremos salir indemnes de esta interacción. Al fin y al cabo, durante muchos años dependemos de los adultos para sobrevivir. Por eso les sonreímos desde la cuna.

La comunicación entre la madre y su hijo comienza desde la misma fecundación; durante la travesía del cigoto por las Trompas de Falopio se produce un intercambio de información bioquímica entre la madre y ese cuerpo extraño. Gracias a este aprendizaje, cuando el cigoto llega al borde del enorme precipicio que es el útero dispone de instrucciones precisas sobre cómo y dónde caer, para así fijarse convenientemente. En el caso de las inseminaciones artificiales, este diálogo no se ha producido, y es preciso introducir varios embriones para que alguno prospere. Esta es la razón por la que son habituales los partos múltiples.


Nosotros mismos y las palomitas

Pero antes de analizar la experiencia de vivir eso que llamamos "los otros", diremos algo sobre la comunicación con nosotros mismos. Desde antes de nacer exploramos nuestro cuerpo, chupamos nuestros dedos, y los gemelos se tocan en el seno de la madre. Este masaje propioaceptivo nos ayuda a situarnos, a delimitar el alcance de lo que somos. Primero debemos saber hasta dónde llegamos para entender que fuera de "nosotros" están "los otros". Este primer reconocimiento de lo inmediato es el inicio de la amistad más importante y duradera que tendremos a lo largo de nuestra vida: el amor propio.

Tenemos que saber lo que somos para saber lo que queremos. El amor a los demás empieza por el amor a uno mismo.

Por cierto: debemos ser capaces de leer los mensajes que nos lleguen de nuestro propio cuerpo. Es interesante que el cuerpo hable, como afirma Antonio Damasio; y asombra que el cerebro esté tan atento a este diálogo. El cuerpo manda advertencias, y conviene interpretarlas convenientemente. De no ser así, hay una falta de cuidado, un des-cuido, que suele manifestarse en una falta de orden, de aseo, mental y físico. Un cuerpo abandonado denota una estructura mental deficiente. "mens sana in corpore sano"

Esto último me conduce a una reflexión: en ocasiones se nos conmina a buscar la paz interior por medio del ascetismo y la privación de estímulos sensoriales. Esto es típico de corrientes espirituales provenientes de oriente, en las que se impone una disciplina estricta que implica un abandono del deseo, lo que supone negar ciertos estímulos básicos como el sexo, la comida o la diversión. No acabo de entenderlo; posiblemente porque procedo de un ambiente cultural antagónico, que prima la sensualidad, la comida y la convivencia social. Estamos de acuerdo en que cualquier exceso resulta dañino, y que practicar un ejercicio de autocontrol sirve para llevar una existencia más libre, menos dependiente de las posesiones materiales. Pero una tortilla de patatas de vez en cuando, una noche de parranda con los amigos o una aventura intrascendente de juventud también forman parte de lo que somos. No siempre vamos a estar pendientes del colesterol; nuestro cerebro necesita alimentarse con una morcilla frita en barbacoa, acompañada de una cerveza bien fría y en un ambiente de risas absurdas.

El yoga es una práctica saludable, qué duda cabe; pero es necesario atiborrarse de palomitas en el cine la tarde de los sábados junto a nuestros hijos. Una cosa no quita la otra.


Los otros como míos y la matanza del cerdo


En fin; una vez descubiertos a nosotros mismos, vienen los demás, unos seres grandes y misteriosos que nos dan de comer y nos acarician. Hay alguien en concreto que me amamanta, y cuyo olor conozco. Incluso su tono de voz o el latido de su corazón me tranquilizan como por arte de magia. Mi primer contacto con el exterior es este ser maravilloso que me acurruca y ofrece protección. Los vínculos con ella durarán toda la vida.

Pertenezco a un clan, y aprendo los rudimentos que permiten que me relacione con los miembros de mi tribu. Aprendo la expresión no verbal, que en buena parte es innata; voy madurando mi sistema motor y consigo una libertad ambulatoria que me permite explorar el entorno más inmediato. Es mi primera aventura, gateando por la alfombra. Y con apenas tres años adquiero una habilidad que tiene mucho de magia: el lenguaje. Entonces tomo conciencia de algo importante: los otros son los míos. O, si se quiere, yo formo parte de los otros. Al menos de algunos de ellos, de los más cercanos.

De todas las herramientas que desarrollamos para relacionarnos y formar parte de un todo mayor que nosotros mismos, la más importante, con diferencia, es la escucha. Más incluso que el habla. Sólo escuchando se asimilan conceptos, estereotipos culturales y el lenguaje. Escuchar es un ejercicio de con-cordia; ponemos nuestra atención (nuestro corazón) en lo que alguien ajeno nos dice, y a menudo ello implica el que, de alguna manera, seamos capaces de ponernos en su lugar. Sentimos lo que esa persona siente. Esto, que hasta hace poco era una intuición propia de la psicología transpersonal, ha quedado demostrado con el descubrimiento de las neuronas espejo. Lo que los otros nos aportan lo asimilamos y lo hacemos nuestro. Desarrollamos algo tan intangible, etéreo e importante como la empatía.

Imagen sacada de larioja


Claro que para que este ejercicio de generosidad realmente dé frutos hace falta que esté dispuesto a escuchar. Resulta frustrante observar que, en general, las personas tienen una capacidad de escucha muy deficiente. ¿Usted no? ¿Está seguro? ¿Cuántas veces está hablando con alguien, y mientras aparenta escucharlo en realidad está pensando en su respuesta? ¿No le ha pasado nunca? ¿Le pasa a menudo? ¿Está deseando que el otro acabe para decir algo? ¿Pone toda su atención en los demás?

Puede que usted no se sienta escuchado. Tiene motivos para ello; son pocas las personas dispuestas a prestar atención, ejercitando lo que se denomina una "escucha activa". ¿Por qué es tan difícil? Porque escuchar implica respetar las opiniones de quien me habla, y supone un deseo de aprender del otro. En general, todos preferimos el sonido de nuestra propia voz, un diálogo de soliloquios estéril e innecesario. Hay talleres de psicología industrial que se dedican a ejercitar la facultad de escucha activa entre ejecutivos. Y se paga mucho dinero por aprender a escuchar. Resulta rentable.

Antes he dicho que formo parte de los "míos", pero este concepto dista mucho de ser simple. Hay factores culturales, geográficos, tecnológicos y económicos que afectan al alcance de lo que considero "míos". Hace sólo cien años las personas vivían en un ámbito geográfico que, en la mayoría de los casos, se circunscribía a unos 30 kilómetros, lo que una persona podía recorrer andando. Esto tenía sus ventajas; el sentimiento de identidad era más fuerte, nos sentíamos más seguros dentro de un ámbito territorial y cultural que abarcábamos. Había algunas normas de obligado cumplimiento, pero si te atenías a lo que eran los usos y costumbres tu vida cobraba sentido, y el tiempo transcurría al ritmo de las estaciones y los ritos de paso. Sabías, y esto es importante, lo que eras, lo que se esperaba de ti. Conocías los senderos, reales y metafóricos. Todo, tú mismo, estaba donde debía de estar.

Lo explicaré poniendo como ejemplo algo tan común en las zonas rurales como la matanza del cerdo. Seguro que logro sorprenderles.

Durante siglos la cuestión religiosa dominaba la esfera cultural y social. Tanto era así, que prácticamente te definías por tus creencias; y el confesar una religión distinta a la oficial podía causarte la muerte. La inquisición no podía tener sedes ni tribunales en todas las poblaciones, pero durante la contrarreforma se esmeró en localizar y exterminar todo foco de protestantismo en España, así como cualquier atisbo de confesión judía o musulmana. Al fin y al cabo, buena parte de la península acababa de ser musulmana durante siete siglos.

Para localizar la mayor cantidad posible de falsos católicos, la inquisición instauró una práctica terrible; una caravana compuesta por inquisidores y soldados recorría las poblaciones, en la búsqueda de herejes a los que descubrir. Días antes, se colgaba un cartel en la puerta de la iglesia advirtiendo de su próxima llegada, y notificaban que toda la población debía presentarse ante el inquisidor, y denunciar cualquier comportamiento sospechoso de un vecino, como un indicio de que se practicaba la brujería o se observaban los ritos judíos o musulmanes en la intimidad. Como se ve, todo muy edificante. Por supuesto, esto hizo posible que rencillas vecinales se resolvieran con falsas denuncias.

Una manera que tenían los vecinos para demostrar que eran cristianos, aparte de acudir periódicamente a la iglesia, era comer carne de cerdo, prohibida para los musulmanes y judíos. Pero no bastaba con comerla; había que hacer una demostración pública de su consumo. Cuando una familia mataba a su cerdo organizaba una fiesta a la que invitaba a los vecinos. Era una manera simple y directa de manifestar su catolicismo: la familia comía carne de un animal considerado impuro por otras confesiones. "Como cerdo: soy de los vuestros, no de los otros".


Los otros: mormones negros

"Los otros" no comparten una identidad cultural. Ostentan una representación distinta de la realidad, hasta el punto de que nos sentimos "esencialmente" diferentes. A menudo, esta diferencia se manifiesta en cuestiones que tienen que ver con el fenotipo, y que por tanto señalan una herencia genética distinta. El mejor ejemplo es el color de la piel.


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Una mayoría de los antropólogos defienden la teoría de que no hay razas en la especie humana. Somos genéticamente idénticos; pero por cuestiones de adaptación al medio hemos ido estableciendo diferencias en la manera como se manifiesta el genotipo. A estas diferencias se les llama "clinas". Por ejemplo, un esquimal es más bien pequeño y robusto, porque la esfera es la mejor manera de mantener el calor; sin embargo, en la sabana africana los humanos son delgados y altos, para poder disipar mejor las altas temperaturas. Las diferencias a las que hacemos referencia son sólo adaptaciones físicas al clima; las distinciones en socialización, creencias o valores tienen, sin embargo, un origen cultural.

La palabra "casta" proviene del sánscrito, y significa color. Es bastante corriente que se establezcan jerarquías sobre la base del color de la piel. Un ejemplo paradigmático es el de los afroamericanos en Estados Unidos.

Sacada de laclasemata


A principios del siglo XX, y aprovechando el reclutamiento de jóvenes para luchar en la I Guerra Mundial, en la localidad de Vineland, New Jersey, se llevó a cabo un gran experimento social: por primera vez se realizaron cientos de miles de  test de inteligencia. El resultado final dejó perplejos a los investigadores: la edad mental del norteamericano medio era de sólo 14 años. La de un adolescente.

Como había que dar una explicación a un nivel tan bajo, se optó por echarle la culpa a los negros y emigrantes, cuya mezcolanza con los pioneros anglosajones blancos había supuesto que la edad mental de la media bajara enormemente. Esta explicación justificó el segregacionismo durante las décadas posteriores. Los negros estaban contaminando la sociedad de primitivismo y estupidez.

¿Hace cuánto de todo esto? El líder de los mormones tuvo una revelación proveniente de Dios: los hombres negros podían ser sacerdotes. Esta revelación no llegó hasta 1978. El mismo año en el que se permitió el voto de la mujer en algunos cantones de la civilizada Suiza. La segregación y el racismo sigue siendo una realidad sociológica inexcusable en prácticamente todas las sociedades con convivencia multirracial.

También se establece una distinción entre nosotros y ellos sobre la base de una creencia, identidad nacional, orientación sexual o género. En África se produjo un fenómeno asombroso al finalizar la II Guerra Mundial. Muchos hombres negros de colonias europeas intervinieron en el conflicto. Como no había uniformes para todos, la gran potencia económica, Estados Unidos, les suministró uniformes de soldado norteamericano. Cuando la contienda llegó a su fin, tuvieron que devolverlos; y hubo auténticos disturbios.

Esos hombres, vestidos con sus uniformes norteamericanos, asumieron por un tiempo la identidad estadounidense; vivieron la sensación de ser otros. Su piel era negra, cierto, pero "disfrazados" de soldados se sentían como sujetos de otra categoría, pertenecientes al primer mundo.

¿Se les puede culpar por ello? La identidad, la cultura africana, acababa de pasar por el vergonzoso trauma de la colonización europea.


Los otros como objeto: cosas que hablan

Precisamente en África se han producido fenómenos de lucha entre etnias que han desembocado en autenticas matanzas. También la religión ha sido causa de frecuentes guerras civiles. Y, sin embargo, si se profundiza en los fenómenos descritos se observa una constante: la lucha suele tener como fundamento la disputa de unos bienes materiales escasos, y a menudo está condicionada por los métodos de producción. En concreto, son muchas las matanzas que han tenido como protagonistas a ganaderos y agricultores.

"El otro" se convierte en enemigo irreconciliable cuando, por razones climáticas o demográficas, sobreviene una etapa de escasez de recursos. La falta de comida convierte al otro en enemigo. Y el ejemplo lo tenemos en casa.

En las elecciones locales y regionales, celebradas en España hace 10 días, un partido xenófobo de extrema derecha acaba de conseguir un concejal en la segunda ciudad más grande de Madrid. No engañaban a nadie: sus lemas, que llenaban las calles, eran "ni uno más" y "los españoles primero". Es un fenómeno conocido; en época de crisis los partidos situados fuera del sistema se alimentan del miedo y escarban en los sentimientos más primarios de una población confusa y asustada. Vivimos en un primer mundo de acogida; curiosa palabra "a-cogida": los que vienen no forman parte del nosotros sino provisionalmente, mientras resulten útiles. Después, serán un estorbo, un foco de delincuencia, unos elementos distorsionadores de la paz social que no se adaptan a nuestras costumbres.

Parece mentira que la humanidad esté repitiendo el fenómeno de Weimar. El auge de la ultraderecha se está asentando en países de tradición socialdemócrata y avances sociales y fuerte civismo, como los nórdicos.

Nos tocan vivir tiempos oscuros. Tony Judt lo predijo.




Hay instintos muy primarios que se activan en estos casos. Uno de ellos es el de la territorialidad. Tenemos un ejemplo extremo en El Salvador, y la lucha de bandas rivales en las calles, un problema de tal gravedad que ha provocado la intervención del ejército. Estos individuos no nombran a sus rivales; son "los otros". Ha sido necesario habilitar cárceles para cada bando, porque la violencia llegaba a tales extremos
que se jugaba al fútbol en el patio con la cabeza de un rival decapitado. De hecho, es común que sean los propios dirigentes de las bandas los que regulen las normas dentro de la prisión. Cada banda tiene su barrio, su territorio; y su cárcel.

¿Por qué no se le pone nombre al otro? Es un recurso que permite pasar de "otro" a "enemigo" y, finalmente, "objeto". No es sólo que se niegue al extraño el derecho a ocupar un mismo entorno; ni tan siquiera se le reconoce su humanidad. No merecen formar parte de nuestra especie. Se los mata como se mata a un animal. Así actuaba Himmler.

En el mundo antiguo la esclavitud era un fenómeno cotidiano. Para poder justificar el horror de poseer a otro ser humano los romanos, siempre prácticos, distinguieron entre tres tipos de posesiones: las "cosas mudas", como un arcón, las "cosas semi-mudas", como un buey, y las "cosas que hablan", los esclavos. Cosas, objetos que se podían poseer, explotar, violentar o matar. Muy pocas voces de la época se alzaron contra este fenómeno que sustentaba la economía.

Ahora bien, no es necesario retroceder 2.000 años para presenciar este fenómeno de horror y dominio. Considerar al otro como objeto es más común de lo que quisiéramos creer. En mayo de 2010, un ministro palestino afirmó que los judíos no son personas. Los nazis establecieron una pirámide racial en la que los latinos ocupábamos la base más degradada; pero al menos tuvieron la "gentileza" de considerarnos humanos. Los judíos o gitanos no lo eran.

Permítanme que insista: este peligro se cierne sobre todos nosotros en estos tiempos de escasez; y conviene estar atentos a los mensajes populistas de cartón-piedra. Nadie es inocente, ni puede hacer como si no lo viera. Vivimos tiempos convulsos en los que urge tomar partido por la dignidad del hombre. Sin matices.


Los otros de los otros: Cenicienta y el zapato de cristal.


Porque, al fin y al cabo, ¿no se ha parado a pensar que usted es "el otro de los otros"? Ellos tampoco entienden nuestras costumbres, y les debemos parecer extraños. Hasta ahora en Occidente hemos marcado el paso de la historia, pero, ¿y si cambian las tornas? ¿Y si el futuro pertenece al Oriente?

Por de pronto, y por si eso llega a suceder, tengo un mensaje tranquilizador: no somos tan distintos. O, si se quiere, ya llevan con nosotros desde siempre. ¿Quiere un ejemplo? Igual le sorprende:

Cenicienta sale huyendo del palacio porque suenan las doce. En su frenética huída se le cae un zapato de cristal. El príncipe, un enamorado enfermizo al que han bastado dos horas de baile, se dedica frenético a buscar por el reino a la mujer que conoció en la fiesta, y lo hace llevando en cojín de seda rojo el delicado zapato de cristal. Cientos de mujeres se lo prueban, pero sólo a una le queda bien; a nuestra deliciosa Cenicienta.

¿No les llama la atención que un zapato pase por cientos de mujeres sin que a ninguna le valga? ¿De qué talla de pie estamos hablando? No de un 36 ó 37, sin duda. El cuento nos ofrece una pista: el zapato es extremadamente pequeño.

En la cultura de Oriente se considera hermoso un pie de mujer pequeño. Y sí, querido - y a estas alturas paciente - lector, lo ha adivinado. La cenicienta es un cuento infantil que proviene de China. ¿Sorprendido? La imprenta, el papel, la seda, los cometas, la brújula, la pólvora, la porcelana, el ábaco, los periódicos, las oposiciones y las academias, arados de hierro, sal, té, los naipes, el molino de agua, la llave, la herradura, el cepillo de dientes, el paraguas, el reloj mecánico... son todos inventos chinos. ¿Cómo llegaron a Occidente?

Hubo dos grandes corrientes migratorias y comerciales, la primera en el siglo V a.C., corresponde a lo que Jünger denominó la "Era Axial". Fue un momento único, pues convivieron casi en el mismo momento histórico Buda, Confucio, Zoroastro y Sócrates. Hubo un mercadeo desde Oriente, que, entre otros muchos productos, supuso la llegada a Europa del sarampión. Otra gran corriente migratoria se localiza a principios del siglo XIV. Esta apertura trajo como amigo no deseado la peste negra, que asoló Europa, matando a un tercio de sus habitantes.

La Peste Negra fue un acto de terrorismo biológico premeditado. Las fuerzas mongolas, aliadas con la ciudad de Venecia, asediaron la ciudad enemiga de Génova. Ante la imposibilidad de tomarla por la fuerza, abandonaron el empeño, no sin antes arrojar a sus muertos de peste asiática al interior de la ciudad. Un barco genovés que huía del horror recabó en Marsella, y la peste se extendió sin remedio por toda Europa.

Es curioso cómo en la historia los hechos se concatenan formando tramas complejas. La asociación entre mongoles (conquistadores de China gracias a Genghis Kahn) y venecianos supuso el fin del régimen feudal, que resultaba insostenible con una merma tan importante de la población; los campesinos se quitaron el yugo de sus señores y decidieron buscar fortuna en las ciudades. Surgieron los gremios, las universidades, las naciones...

¿Le parece exagerado lo que digo? En el año 2.000 Naciones Unida reunió a un comité de expertos de todo el mundo para que contestaran a la pregunta siguiente: ¿Cuál ha sido el personaje más importante del segundo milenio?

Si yo hubiese tenido que apostar por una respuesta, creo que habría dicho Darwin. Aunque también estaban en mi lista nombres como Colón, Lutero, Newton, Santo Tomás de Aquino, Kant, Leonardo da Vinci, Einstein, Napoleón, Freud, Erasmo, Fleming... pero jamás hubiese acertado el nombre que resultó finalmente elegido: Genghis Kahn.




Posiblemente mi error consista en obcecarme en un eurocentrismo insoportable. El imperio conquistado por Genghis Kahn abarcaba desde el extremo oriental de China hasta las mismas puertas de Viena. En parte gracias a él, Oriente y Occidente se encontraron; y pudo haber un trasvase de información que ayudó a cimentar la edad moderna.


Sacado de biografiasyvida


La pregunta es: Genghis Kahn, ¿es de "los míos", o de "los otros"? La respuesta más inteligente quizá sea que alguien así es siempre de "los nuestros", nazca donde nazca. Hay personas, acontecimientos o logros que son patrimonio de la humanidad. Cuando los norteamericanos colocaron su bandera sobre la superficie lunar, era la humanidad entera la que había alcanzado ese logro.

Creo que es hora de acabar. Oigo bostezos


Epílogo: Odiseo en el Hades.


Odiseo desciende al hades siguiendo las indicaciones de Circe. Lo que se encuentra es un lugar brumoso, en el que apenas se distinguen las sombras. Pero, sobre todo, destaca un rumor constante de voces, todas hablando a la vez. Nadie escucha al otro, sólo hablan sin fin.



Eso es el infierno. La falta de escucha. Una eternidad de ruido de palabras. El infierno es un lugar donde todos acaban siendo "los otros", y uno no puede oírse ni a sí mismo. Allí, en este páramo de sombras, el héroe Aquiles le confiesa a Odiseo estas terribles palabras:

“Preferiría ser el más pobre y sucio de los rudos campesinos que se revuelcan en los estercoleros sobre la tierra, que ser el gran rey Aquiles en este mundo de sombras subterráneas"





Imagen de Daniel Díaz



Nada hay peor que el infierno de la soledad sonora.

Recordémoslo, ahora. Mientras sigamos vivos.

Estamos a tiempo de escuchar.



Antonio Carrillo