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lunes, 6 de julio de 2015
¡La New Horizons tiene problemas!
Resulta difícil de creer.
Después de 3.454 días de viaje, y sólo a 8 días y 13 horas de llegar a su destino, una posible catástrofe se cierne sobre la New Horizons.
La tarde de ayer 4 de julio, de repente, se perdió todo contacto con la sonda durante dos horas.
Hubo algún tipo de problema, y el piloto automático que gobierna la nave la situó en el denominado "modo seguro", y ordenó a la computadora que refuerzo que reiniciara la comunicación con la Tierra.
Se enviaron los datos relativos al problema, para que los ingenieros puedan arreglarlo.
Sin embargo, hay mucha preocupación. Mientras la New Horizons permanezca en este estado de "modo seguro" no es capaz de realizar análisis ni recopilar datos. Y ya han advertido desde la Johns Hopkins que se pueden tardar días.
Días de los que no disponemos; faltan 8 días, 13 horas y 23 minutos. Y la sonda debe sanarse y retomar su plan de vuelo ¿Podremos lograrlo? ¿Veremos al lejano Plutón desde cerca? ¿Nos desvelará sus secretos?
Sería increíble que ahora, a poco más de una semana, todo se truncara.
Estaremos atentos.
Antonio Carrillo
jueves, 2 de julio de 2015
Los misteriosos puntos de Plutón: New Horizons, noticias de ahora mismo
La New Horizons se acerca.
Cuando escribo esto faltan 12 días, 2 horas y siete minutos.
Ayer la nave confirmó que no hay lunas enanas ni escombros, meteoritos o polvo que puedan dificultar el encuentro.
También confirmó que Venus tiene atmósfera; que no está solidificada en la superficie (como seguramente ocurre cuando se encuentra más lejos del Sol)
Todo está listo.
Pero ayer la sonda envió unas fotos extrañísimas a la Tierra, que han levantado una enorme expectación entre los científicos.
En una cara del planeta enano aparecen unos "puntos" que recorren su ecuador. Son enormes; miden unos 480 kilómetros de diámetro. Los pueden ver en la imagen de la derecha.
Pero lo raro es que están distribuidos uniformemente, como se percibe en las imágenes. Son todos parecidos en tamaño y forma y, lo que es más raro, la distancia entre ellos es muy similar.
¿Qué fenómeno geológico ha podido provocar algo así?
Podemos especular: ¿es fruto de uno o varios impactos? Cuesta creer que sean de origen volcánico, o erosivo. Pero, ¿quién sabe?
Su regularidad daría alas a los conspiranoicos: ¿Son bases extraterrestres desde donde parten los OVNIS que tanto nos visitan? ¿Está la New Horizons en peligro? ¿Hemos descubierto que no estamos solos?
Seguro es un fenómeno natural; pero resulta apasionante ¿No creen?
Y sólo faltan unos días para saber la respuesta.
¡Qué afortunados somos de vivirlo!
Antonio Carrillo
domingo, 28 de junio de 2015
New Horizons: faltan 15 días
Faltan 15 días.
Estamos muy, muy cerca. Y todos los sistemas funcionan a la perfección.
Ya podemos distinguir a Plutón y Caronte, tan similares en tamaño que casi podríamos hablar de un sistema planetario doble.
La NASA publica una fotografía nueva todos los días. Hoy ha hecho pública la primera en color, hace un par de horas.
Nos esperan sorpresas; hay diferencias significativas de color en ambos cuerpos, que demuestran una variedad geológica sorprendente. En Caronte hay una enorme mancha polar de color oscuro. Estamos desenado que pasen estos 15 días para poder saber cómo son.
Es cuestión de días, de horas. La New Horizons será protagonista dentro de dos semanas; pero una vez más les invito a entrar en la página oficial. Su cuenta atrás resulta fascinante:
http://pluto.jhuapl.edu/index.php
Y también les invito a visualizar este vídeo:
Vídeo de la NASA
Es muy emocionante. Nunca hemos llegado a un cuerpo tan lejano, a un territorio tan ignoto.
¿Qué asombros nos aguardan?
15 días. No espere a que sea noticia. No espere a que los noticiarios hagan mención a la hazaña. Adelántese. Siéntase explorador, protagonista.
15 días.
Antonio Carrillo
viernes, 5 de diciembre de 2014
El despertar de mañana, a 4.000 millones de kilómetros
Distancia: 4.773.736.000
kilómetros de la Tierra.
Hora: las 3 en punto de la tarde
de mañana sábado, 6 de diciembre de 2014, hora de la costa este de los EEUU.
Una pequeña sonda despertará de
su letargo.
Se llama New Horizons
Lleva viajando desde enero de
2006, y es muy rápida. Ha llegado a alcanzar una velocidad de 54.000 kilómetros
por hora. Tardaría 36 segundos en llegar de Madrid a Sevilla, y 6 minutos de Nueva
York a París. Y, con todo, la New Horizons no es el objeto más rápido creado por
el hombre; este récord le corresponde a la Voyager I que está mucho, mucho más
lejos.
Quería dejar constancia del
hecho: a las 10 de la noche de mañana, hora de Madrid, un objeto fabricado por
el hombre acabará con una larga hibernación. En la oscuridad de esas distancias
impensables, una lucecita dará cuenta de que los sistemas comienzan a funcionar
de nuevo.
Será un largo desperezar. La New
Horizons tardará una hora y media en despejarse lo suficiente como para enviar
un primer mensaje a la Tierra: todo va bien.
Me he despertado.
La sonda está tan lejos que su
mensaje, que saldrá a las 11:30 de la noche, viajando a la velocidad de la luz,
necesitará 4 horas y 25 minutos para cubrir la distancia que le separa de la
Tierra.
A las 4 de la madrugada del
domingo, las 9 de la noche hora de los EEUU, recibiremos el saludo de la New
Horizons.
Enseguida se pondrá a trabajar;
tiene que comprobar si los datos de navegación funcionan correctamente. Fijará
su mirada en el cercano Plutón, antaño planeta, hoy uno de los muchos grandes
cuerpos que gravitan el conocido como cinturón de Kuiper, una zona casi desconocida
de nuestro sistema solar.
En un pequeño compartimento, a
modo de homenaje, La New Horizons guarda unos gramos de las cenizas de Clyde
Tombaugh, el astrónomo que descubrió Plutón en los años 30.
En marzo comienzan las primeras
observaciones y estudios de Plutón. El miércoles 15 de julio La New Horizons se
aproximará a sólo 12.000 kilómetros de Plutón, y sobrevolará Caronte, su enorme
luna.
Hasta siete instrumentos
científicos estudiarán la superficie y atmósfera del cuerpo, empleando menos
energía que la que necesitan dos bombillas de 100 vatios.
Se enterarán. Será noticia –
breve – en todo el mundo.
¿Y después?
Había un reto: aproximar la New
Horizons a alguno de los enormes cuerpos que hemos detectado en el cinturón de
kuiper, algunos, como Eris, mayor incluso que Plutón. Pero están demasiado
lejos; es posible que la New Horizons pueda estudiarlos con su cámara de alta
resolución y gran alcance. También se especulaba con poder resolver el llamado
enigma del “acantilado de Kuiper”, del que ya hablé en una ocasión:
Ver artículo sobre el Acantilado de Kuiper
Pero conviene ser realistas, y
estos últimos años, desde el 2011, los astrónomos se han afanado en la búsqueda
de cuerpos al alcance del New Horizons. Era una tarea desesperante: son cuerpos
muy pequeños, apenas 10 veces más grandes que un cometa, entre 55 y 35
kilómetros de diámetro, y están muy lejos.
No se encontraba nada.
Finalmente, no hace mucho, el
Hubble detectó tres cuerpos accesibles desde el New Horizons. Acercándonos,
podremos estudiar los orígenes de nuestro sistema planetario.
Bueno, eso es todo. No gran cosa.
Mañana despertará un fruto del ingenio humano a miles de millones de
kilómetros. No es tan importante como la liga de fútbol o las noticias de
sucesos.
Pero sucederá. Y ¿saben?, será un
pequeño logro de todos, como miembros de una especie de exploradores.
Yo, al menos, así lo siento. Y quería compartirlo.
Antonio Carrillo
miércoles, 8 de enero de 2014
Un acantilado en el espacio
El Sistema Solar es muy,
muy grande; lo comenté hace poco. Un cuerpo tan alejado como Plutón, que nunca
hemos visitado, se encuentra más cerca del centro que de las afueras. Si
representáramos nuestro sistema a escala, Plutón estaría sorprendentemente
cerca del Sol.
Plutón, hasta hace poco
el noveno planeta, se sitúa en una zona que denominamos cinturón de Kuiper, un
disco con gran profusión de cuerpos helados y que se encuentra a una distancia
de entre 30 y 50 UA. (Recordemos que UA. hace referencia a "Unidad Astronómica",
la distancia que separa la Tierra del Sol, unos 150.000 Km)
Los límites no son
claros, porque a esa distancia es difícil detectar los cuerpos celestes y
definir sus límites. Quaoar, Sedna, Eris, Makemake o Haumea son enormes cuerpos
helados que se han descubierto hace poco. Eris es mayor que Plutón (tiene un diámetro
de 2.326 km), y se encuentra a 67 UA. Fuera, por tanto, del Cinturón de
Kluiper. Los astrónomos denominan Disco Disperso (o disco difuso) a la zona del
espacio comprendida entre el cinturón de Kluiper y la nube de Oort, un vasto
reino de oscuridad con una extensión de cientos de UA. En esta "tierra de
nadie" deambulan miles de enormes cometas y cuerpos rocosos cuyas órbitas
son muy inestables.
Poco se sabe de este
paraje inhóspito, ni de los cuerpos que lo pueblan.
Habrá quién se extrañe. ¿Estamos
descubriendo planetas en estrellas lejanas y no somos capaces de identificar
cometas o incluso planetas en nuestro propio Sistema? Insisto: el Sistema Solar
es muy grande, y un cuerpo de 1.000 kilómetros de diámetro puede pasar
desapercibido. En las zonas más alejadas del Sistema los cuerpos son ricos en
carbono y, por tanto, muchos serán oscuros. Su albedo (su porcentaje de luz
reflejada) debe ser muy bajo. Sin embargo, en ocasiones, como sucede con Eris,
la superficie de los cuerpos más grandes consiste en metano helado, y el albedo
es elevado.
Por lo general, hablamos
de puntos oscuros en la inmensidad del espacio que no irradian energía. Casi indetectables.
Sí pueden dejar trazas
gravitatorias si la zona por la que orbitan es profusa en asteroides o cometas;
pero, aún así, la detección resulta difícil. Habrá que esperar a que el
telescopio Pan-Starrs de Hawai sortee los problemas presupuestarios y nos pueda
ofrecer, a pleno rendimiento, un mapa más exacto de lo que hay más allá del
Cinturón de Kluiper. Por el momento el módulo que funciona está dedicado a una
tarea más urgente: intentar detectar los asteroides que se cruzan en su órbita
con la Tierra y representan una amenaza para la civilización.
El caso es que los astrónomos
tienen ganas de saber más sobre el límite exterior del Cinturón de Kuiper,
porque algo extraño sucede en él.
En esa zona en concreto
hemos detectado la existencia de un vacío, de una ausencia inexplicable de
objetos celestes, que desaparecen bruscamente en una franja delimitada y
comprobable. A este vacío lo denominamos el Acantilado de Kluiper.
El porqué de este fenómeno
ha dado que hablar durante años. Un equipo de astrónomos japoneses hicieron públicos
en 2008 unos cálculos según los cuales la anomalía sólo se explica con la
existencia de un planeta casi tan grande como la Tierra a unas 100 UA. Durante
décadas se viene postulando la posible existencia del llamado planeta X, un
enorme cuerpo que explicaría no sólo el acantilado de Kluiper, sino las extrañas
órbitas de los denominados "Centauros", o de objetos como Sedna, cuya
órbita excéntrica tiene perplejos a los científicos. Cabe la posibilidad que más
allá del Disco Disperso, en los inicios de la nube de Oort, exista un objeto de
gran tamaño que provoca perturbaciones en la zona. Cinturón de Kluiper, Disco
Disperso, nube de Oort... los límites, como dije, son difusos.
La única frontera clara
parece ser nuestro misterioso acantilado.
No tenemos certeza alguna
sobre lo que hay en tales lugares. Las simulaciones por ordenador establecen la
posibilidad de que haya cuerpos del tamaño de Marte orbitando el Disco
Disperso. También los radiotelescopios han detectado extrañas fuente de radiación
infrarroja no identificadas en la zona. Algunos astrónomos han jugado con la
hipótesis de que el Sol no sea una estrella única (algo bastante inusual), sino
un sistema binario, con una enana marrón como lejana compañera de nuestra estrella.
Es la conocida como hipótesis némesis o shiva; una teoría que intenta explicar
que la Tierra se vea bombardeada cada cierto tiempo por grandes cuerpos que
arrasan la biosfera terrestre en extinciones que llegan a exterminar el 90% de
la vida.
Francamente, lo veo poco
probable. Es posible que este bombardeo se explique mejor por el paso de
nuestro Sistema por el plano medio galáctico cada 30 millones de años. Las
densas formaciones de gas y polvo presentes en la zona pueden desestabilizar la
tenue sujeción gravitatoria de los cuerpos que pueblan la nube de Oort. En mi
opinión, si hubiese una Enana Marrón en nuestro Sistema habríamos detectado una
leve emisión de energía o la masiva presencia de litio, un elemento fácilmente
identificable con un espectómetro de masa.
Sepan que estamos de
enhorabuena. El 16 de enero de 2006, hace ocho años, se lanzó la sonda espacial
New Horizons. En marzo de 2007 llegó a Júpiter, y aprovechó su tirón
gravitatorio para acelerar a 14.500 km/h. Su destino: Plutón y el cinturón de
Kluiper. El 14 de julio del año que viene llegará a Plutón, y después tiene
previsto visitar otros cuerpos del cinturón de Kluiper y, quizás, responder a
algunos de los misterios planteados.
Merece la pena estar
atentos ¿No les parece?
Por cierto, la sonda
porta en su interior cenizas del cuerpo del astrónomo Clyde Tombaugh, descubridor de Plutón.
Antonio Carrillo
jueves, 3 de octubre de 2013
La verdad sobre las Voyager
Hace pocas
semanas, tras publicar el artículo sobre Inteligencia Artificial, mi hermano
Carlos González me propuso con sorna que respondiera a un reto: el de encontrar
indicios de inteligencia, del tipo que fuese, en nuestro propio planeta.
Ello me hizo
pensar. Si tuviese que elegir, ¿qué logro humano propondría como hito de
nuestra especie? ¿Qué es lo más espectacular que hemos hecho?
Pensé en
catedrales góticas, en sinfonías y en el habla. El lenguaje matemático, la
técnica o las artes. De Altamira a la nanotecnología, los ejemplos se agolpan a
miles. Es difícil elegir.
Entonces pensé en
un sólo instante: la llegada del hombre a la Luna. Podía servir. Tras ese gesto
hay un sinfín de logros, de avances científicos. Era la culminación de un largo
viaje que comenzaba ¿con el jonio Tales y un eclipse? Seguramente antes, mucho
antes; con la mirada asombrada de los primeros humanos, atónitos espectadores
de las fases lunares, íntimamente ligadas con las cosechas y estaciones, con la
concepción de la vida humana, con tantos misterios para los que no había
respuesta.
El viaje... El
hombre tiene en el tránsito, en la búsqueda, la manifestación más clara de su
inteligencia. Somos animales curiosos, inquisitivos e inquietos. Si algo nos
define es nuestro afán explorador; somos frenéticos buscadores de respuestas.
Por consiguiente, pensé, si tuviese que elegir un logro humano me decantaría
por un viaje. Por el más lejano de todos.
Por el asombroso
logro de las sondas Voyager.
El viaje de las
dos naves Voyager es asunto que me tiene fascinado desde niño. Ambas fueron
lanzadas en 1977. Resulta curioso; a pesar de su nombre, la Voyager II inició
su viaje 16 días antes y, sin embargo, la Voyager I se encuentra en la
actualidad mucho más lejos. Ambas sondas debían explorar las zonas más
recónditas del Sistema Solar y, en efecto, sólo la Voyager II ha llegado a los
planetas más lejanos: Saturno y Urano. Ninguna otra nave ha llegado, estudiado
y fotografiado a estos gigantes gaseosos y sus fascinantes satélites. Por eso
lleva algo de retraso; se le pidió que echara un vistazo a estos dos astros. Y
a fe que mereció la pena el desvío.
Las Voyager,
idénticas ambas, pesan 815 kilos y disponen de una antena reflector Cassegrain
de 3,7 metros. Todavía emiten señales gracias a su generador nuclear, y a
diario transmiten información a la lejana Tierra. Le sorprenderá saber que
almacenan datos en una cinta digital de apenas 500 megabytes. Posiblemente, con
menos capacidad que su ordenador de casa. Al fin y al cabo, las viajeras portan
tecnología de hace 40 años. Y, sin embargo, las Voyager están muy bien hechas,
y han resuelto con absoluto éxito todos los retos a los que se han visto
expuestas. Sus magníficos sistemas redundantes reflejan una época de excelencia
en el diseño de la exploración espacial.
Estas dos
ancianas nos han aportado una ingente cantidad de información sobre nuestro
sistema. Han descubierto 21 nuevos satélites de los que no se tenían noticia,
han encontrado anillos en planetas, mundos helados y otros volcánicos. Las
Voyager son, a día de hoy, las principales embajadoras del género humano.
Portan un disco de cobre recubierto de oro con mensajes y diversos datos sobre
nosotros y nuestro planeta.
Gracias a ellas,
dentro de miles de millones de años, cuando ya no estemos, vagará por el
espacio un pálido reflejo de lo que fuimos: la música de Mozart o de Bach.
Las Voyager
viajan muy, muy rápido. La Voyager I supera los 61.000 kilómetros por hora
aunque, sin que se sepa muy bien el porqué, se está frenando muy lentamente. Es
un misterio, de tantos.
Las sondas están
equipadas con seis pares de propulsores (3 principales y 3 de reserva), pero
éstos tiene como función principal mantener el control del movimiento. No es
por el impulso de sus cohetes por lo que las Voyager son tan rápidas. La razón
de su velocidad es lo que las convierten en la máxima expresión del ingenio
humano.
Las Voyager se
aceleraron solas, progresivamente, en un baile de precisión asombrosa con los
planetas que visitaron. Para alguien como yo, incapaz de resolver una simple
raíz cuadrada, las Voyager, su fascinante viaje, es casi un milagro.
Me explicaré. Las
sondas se lanzaron en un momento muy especial, que sólo se da una vez cada 176
años; una rara alineación de los planetas permite que las naves se crucen en
una trayectoria de encuentro con todos los astros, que las impulsan a una
velocidad cada vez mayor. Es lo que se conoce como "asistencia
gravitacional".

Imagine una
enorme mesa de billar. La Voyager II (la bola blanca) abandona la Tierra
siguiendo una trayectoria que le lleva a encontrarse con el gigante Júpiter,
una bola naranja que se mueve por el tapete, el 9 de julio de 1979. Explora el
enorme planeta gaseoso y sus satélites y, aprovechando el tirón gravitacional
del gigante, sale acelerada en dirección a Saturno, una bola verde. Llega al
planeta de los anillos el 25 de agosto de 1981. Los científicos deciden
entonces variar la trayectoria de la nave, y provocan que su tránsito por
Saturno la desvíe y acelere en dirección al lejano e inexplorado Urano. Llega a
la bola azul pálido de nuestro inmensa mesa de billar el 24 de enero de 1986.
Por vez primera tenemos imágenes de un planeta que navega por el espacio
"tumbado" ¿Cuántos cálculos habrán sido necesarios para hacer posible
este encuentro entre masas en movimiento? Las Leyes de Kepler o Newton, 400
años más tarde, hacen posible este milagro.
De nuevo un tirón
gravitacional y un cambio en la trayectoria. La Voyager llega a Neptuno, una
bola de color azul intenso, el 25 de agosto de 1989. Los responsables de la
misión aprovechan para visitar Tritón, un extraño satélite con rotación
retrógrada y géiseres de 8 kilómetros de altura. Un lugar fascinante y frío.
Es el final. La
sonda Voyager II abandona el tapete de billar y se adentra en la oscuridad del
espacio, lejos de casa. Su gemela, la Voyager I, le lleva ventaja; en 1990
recibe una orden desde la Tierra: debe girar su cámara y tomar una fotografía
de lo que deja atrás. Es la primera imagen del Sistema Solar. La Tierra apenas
se adivina como un pale blue dot, un
punto azul pálido en expresión de Carl Sagan. Desde entonces, ambas sondas se
alejan. Olvidadas.
Muy de vez en
cuando las Voyager son noticia; pero ya sólo interesan a la comunidad
científica y a los aficionados a la astronomía. La página web de la NASA aporta
datos en tiempo real de la distancia a la que se encuentran, y desde hace unos
meses nos informaban de un dato significativo: los sensores de la Voyager I
perciben más radiación procedente del espacio profundo que del Sistema Solar.
Entonces, hace
unas pocas semanas, estalla la noticia; las Voyager despiertan de un letargo de
23 años. Los periódicos españoles reflejan titulares espectaculares.
Y falsos.
El 14 de
septiembre La Vanguardia afirma que "por
primera vez en la historia de la humanidad, una sonda espacial abandonó nuestro
sistema solar". El 19 de septiembre El Mundo se entusiasma: "después de una odisea de 36 años
viajando por el espacio, la nave Voyager 1 ha logrado cruzar la frontera de
nuestro Sistema Solar", y el 22 de septiembre el Diario ABC remata el
despropósito: "la NASA anunciaba por
fin oficialmente que, por primera vez en la historia de la exploración
espacial, una nave humana había conseguido salir del Sistema Solar para
adentrarse en el oscuro espacio interestelar".
Imagino a un
joven leyendo la noticia. Me molesta la falta de rigor, la búsqueda del titular
fácil, espectacular, vendedor. Se define del Sistema Solar sin tener la menor
idea de lo que se habla. Porque lo cierto es que las Voyager acaban de iniciar
su viaje a los confines de nuestro sistema.
Están apenas
abandonando la estación.
De nuevo emplearé
una analogía. Los astrónomos utilizan una unidad de medida para las grandes
distancias en el espacio: la Unidad Astronómica (UA). La UA equivale a la
distancia media entre la Tierra y el Sol; es decir,149.597.870.700 metros. Casi
150 millones de kilómetros.
Suponga que estoy
sentado en una mesa de un lugar extraño. Aquí la UA equivale a 1 metro. En un
extremo de la mesa una bombilla representa al Sol, y a un metro exacto nos
encontramos nosotros. Júpiter, por ejemplo, se encuentra a 5 metros de la
bombilla. Lo representa una silla algo alejada de la mesa. Neptuno, el planeta
más lejano, se sitúa a 30 metros de la bombilla. Hemos tenido que salir de la
habitación y clavar una baliza solar en el césped. Apenas se ve la luz de la
bombilla.
A 50 metros de
distancia encontramos una aglomeración de cuerpos helados que llamamos cinturón
de Kluiper. Plutón o Eris son enormes planetoides (Eris es mayor que Plutón).
Nos interesa este lugar, con más de 800 astros, tanto que hemos enviado una
sonda a explorarlo. Dentro de dos años será (fugaz) noticia la nave "New
Horizons", cuando el 15 de julio del 2015 se acerque a Plutón. Por el
momento, ya ha enviado alguna información de interés y acaba de fotografiar el
sistema Plutón/Caronte por vez primera. Pero esto no es noticia; aún no lo es.
¿Dónde se
encuentran las Voyager? Muy lejos; a más de 126 metros de la bombilla. Cuando
la Voyager nos envía un mensaje viaja a la velocidad de la luz, pero la
comunicación tarda ¡14 horas! en llegar a la Tierra. Es un lugar extraño, en el
que las radiaciones y las mareas de partículas procedentes del Sol apenas se
perciben. Nos acercamos a una intemperie en la que escuchamos el sonido del
cosmos. Llamamos heliopausa a esta frontera.
Observen estos
dos gráficos. El primero representa a la Voyager 1 y el segundo a la 2. ¿Ven la
diferencia? La 1 recibe mucha más radiación exterior (viento interestelar) que
interior. El encuento frontal de estas dos mareas de partículas provoca la aparición de un "Arco de choque" en la parte frontal del sistema solar (algo así
como un escudo) y una especie de "cola de cometa"
(heliocauda) en la posterior. Es un tema candente: los últimos descubrimientos
son de hace menos de dos meses.
Parece claro: la
Voyager 1 se encuentra fuera de la heliopausa. Pero, ¿dónde localizamos los
límites del Sistema Solar?
Dentro de miles
de años las Voyager llegarán a un lugar extraño. De repente, a unos dos
kilómetros de la bombilla, comienzan a aparecer grandes cuerpos helados. Son
más de cien billones de cometas; una nube inmensa, la nube de Oort, que rodea
por completo el Sistema Solar. Su límite exterior marca el final del Sistema
Solar, a 50 kilómetros de la bombilla.
Recuerde el dato: la Voyager I se encuentra hoy a 126 metros.
Pero entonces,
¿por qué se habla de "abandonar el Sistema Solar"?
Imagine el
titular: "la sonda Voyager muestra indicios de que ha sobrepasado la
heliopausa". Mejor aún: "los científicos esperan un cambio en la
dirección del campo magnético para certificar que la Voyager ha superado la
heliopausa". Imagino los bostezos. Es más fácil el titular explosivo, que
vendé periódicos. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa una nube de cometas que
jamás veremos?
Y es una lástima.
Porque de lo que hablo es de nuestro hogar. Lo que somos (y seremos) comienza
con el conocimiento de nuestro entorno. Si se sabe explicar, el universo
resulta fascinante ¿Saben qué sucede si algo desestabiliza la frágil
estabilidad gravitatoria que mantiene la nube de Oort? Cientos de miles de
cometas "caen" hacia el Sol, provocando una lluvia potencialmente
peligrosa. El conocido como "bombardeo terminal", o algunas de las
extinciones masivas producidas a lo largo de miles de millones de años, pueden
tener su origen en tales y tan remotas regiones del Sistema Solar. También cabe
la posibilidad de que la vida tenga mucho que ver con compuestos de la química
orgánica resguardados en el interior de los cometas. Son especulaciones,
cierto, pero fascinantes.
En todo
caso, mucho más interesantes y ricas en matices que un puñado de titulares que
buscan el interés inmediato y un olvido rápido. En este preciso momento, hemos
detectado un objeto procedente de la nube de Oort, llamado 2010 WG9, que tiene
fascinada a la comunidad científica. No esperen oír nada de él.
Sospecho que
detrás de esta política informativa hay motivos crematísticos, incluso dentro
de la comunidad científica. Hace pocos años corrió el rumor de que el proyecto
"Voyager" se quedaba sin financiación. Sólo 10 personas trabajan en
el control y estudio de la misión, y ¿saben cuánto tiempo pueden conectarse a
las antenas terrestres para "conversar" con las Voyager? 38 segundos
a la semana.
Las Voyager están
amortizadas. Como estamos escasos de recursos, el dinero vuela hacia proyectos
de investigación "de actualidad". Y si pueden aportar imágenes, tanto
mejor.
Los científicos
implicados en la misión Voyager intentan mantener viva la llama de la
curiosidad. Unos titulares espectaculares pueden suponer millones de dólares en
financiación privada del proyecto. No es mucho lo que necesitan: las Voyager
suponen un gasto de 4 millones de dólares anuales.
Ajenas a todo esto,
las sondas se alejan. Hay una página de la NASA que muestra la distancia en
tiempo real. Viendo cómo transcurren los kilómetros, uno toma conciencia de la
velocidad a la que viajan.
Rumbo a las
estrellas.
Antonio Carrillo.
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