Ya hemos entrado en el otoño (en el hemisferio norte); los días se
acortan, el frío se intensifica, los niños vuelven al colegio y traen a casa
las más variadas e imaginativas variantes de virus estomacales.
Lo de todos los años.
Si usted tiene niños pequeños en casa - o un marido, que a estos efectos viene a
ser lo mismo – se enfrenta a la tesitura de lidiar con un enfermo aquejado de
dolor de estómago, malestar general, dolores musculares, diarrea, vómitos y,
posiblemente, fiebre.
Usted, avezada en tales cuitas, se dispone a cuidar del enfermo.
Sabe que con una gastroenteritis vírica no se deben emplear antibióticos, que
atacarían el sistema inmunológico que lucha contra el virus y destruirían la
flora intestinal. Y sabe que no se debe comer comida sólida las primeras horas;
acaso pasadas 24 horas el paciente intentará ingerir una dieta blanda. Contra
la fiebre, paracetamol. Nunca ibuprofeno, que daña la mucosa del estómago.
Pero, sobre todo, tiene claro el mantra sagrado: el principal
enemigo es la deshidratación.
Hasta aquí, todo perfecto.
Diligente, compra Aquarius para reponer las sales minerales. Su
marido le comenta con voz queda desde el sofá que, posiblemente, una Coca-Cola
fresquita le caería bien al estómago. Si vomita, beberá enseguida un poco de
líquido a pequeños sorbos.
Lo lamento, pero ya vamos mal.
Cuando se tiene diarrea y vómitos el cuerpo pierde mucha agua; la
deshidratación, en efecto, es el principal problema. El cuerpo reacciona, y los
riñones retienen la orina, expulsando apenas medio litro diario. Es normal
incluso sentir malestar en la zona lumbar.
Pero si
tomamos Coca-Cola aportamos al cuerpo cafeína, una sustancia muy diurética. Y
lo que queremos evitar es precisamente perder líquidos. Además. como sugiere el
sufriente esposo, la Coca–Cola está rica fresca, pero las bebidas frías causan
contracciones estomacales.
Pero hay más.
Está el problema del exceso de azúcar.
La Coca Cola
contiene una gran cantidad de azúcar. Las paredes del intestino son impermeables
al azúcar, pero sí permiten el paso del agua en ambas direcciones ¿Qué
determina si el agua sale o entra de una membrana celular? La llamada presión
osmótica. Si los líquidos de ambos lados de la membrana celular tienen la misma
presión (potencial químico) no hay trasvase de agua. Son las famosas bebidas
isotónicas.
Con un líquido
hipotónico la célula gana agua para igualar la presión osmótica. Pero la
Coca-Cola, rica en azúcares, es una bebida hipertónica; la membrana del
intestino debe liberar agua para compensar el desequilibrio, lo que provoca la
denominada diarrea osmótica.
La Coca-Cola,
que es una bebida de origen norteamericano, utiliza, como es lógico, jarabe de
maíz. Es un edulcorante con un altísimo contenido en fructosa , un hidrato que
muchas personas asimilan con dificultad, empeorando los problemas gastrointestinales.
Y, por si fuera poco, como su peso molecular es muy bajo, apenas 180.16 g/mol, la
presión osmótica en el caso de la Coca-Cola resulta especialmente alta.
“Pues
cómpramela light, carajo”, masculla el marido, hastiado con tanto inconveniente.
Pero el aspartamo que le aporta dulzor es un laxante. Por último, el intestino
irritado por la diarrea se encuentra acidificado, y por tanto requiere de un líquido
ligeramente alcalino. Y la Coca-Cola tiene un Ph demasiado alto.
Vale; Coca-Cola no. Pero ¿qué
sucede con el famoso Aquarius?
Entramos en terrenos interesantes, por poco sabidos: la
deshidratación que provoca el ejercicio físico debido al sudor es sustancialmente
diferente a la que proviene de una gastroenteritis.
Cuando sudamos perdemos principalmente sodio, en una cantidad
promedio de 35 mmol/l. También perdemos potasio, pero en una cuantía mucho menor.
Por tanto, tiene sentido que las bebidas como Aquarius se centren
fundamentalmente en aportar sodio. Es una bebida para deportistas.
Pero su marido. postrado como si se le fuese la vida, está
perdiendo fundamentalmente potasio. Llamamos hipopotasemia al desequilibrio
electrolítico causado por el descenso de los niveles del ion potasio en sangre. Y
el vómito tiene mucho que ver en este descenso.
Es importante saberlo: cuando se vomita repetidas veces se expulsa
del cuerpo buena parte del jugo gástrico, que es muy
rico en potasio. Y el Aquarius nos aporta poco potasio. La llamada Bomba
sodio-potasio, de la que depende nuestro equilibrio celular, corre entonces
peligro.
¿Qué podemos hacer?
Lo primero:
conviene tener claro que la diarrea es un mecanismo que nuestro cuerpo utiliza
para librarse de virus o sustancias en mal estado. Salvo que pasen demasiados
días, que sean niños pequeños o personas muy ancianas, conviene no obsesionarse
con la diarrea. Como tampoco conviene obsesionarse con la fiebre, otro
mecanismo del organismo que lucha contra el virus.
Hay remedios
naturales que podemos utilizar pasadas 24 horas. El agua de arroz, rica en
almidón, protege la mucosa del intestino, reduce la inflamación y retiene el
agua. Yo, particularmente, soy muy partidario de la manzana. Aunque hay que
saber prepararla.
Si se tiene
diarrea la manzana hay que tomarla sin piel, porque su exterior es rico en
fibras que no se disuelven en agua y aceleran el tránsito intestinal, que
pretendemos apaciguar. Mejor las pelamos, para aprovechar otra fibra, la
pectina, esta sí soluble, que se encuentra en su pulpa, que retiene líquido y absorbe
las bacterias. Pero, además, debemos rallarla y dejar que se oxide media hora
al aire. Que se oscurezca.
La sustancia
que ennegrece la manzana es el tanino, con fortísimas propiedades astringentes
y antiinflamatorias.
Hay personas
que toman carbón activo para absorber el agua del intestino. Yo creo que es un
remedio excesivo, demasiado fuerte. Con el arroz y la manzana debería bastar.
Pero,
mientras tanto, en la fase más aguda ¿qué bebemos? Francamente, lo más conveniente
es ir a la farmacia y comprar sobrecitos de suero hiposódico. Se disuelven en
un litro de agua y tienen los electrolitos, minerales y niveles de glucosa que
nuestro cuerpo necesita. Hay remedios caseros para fabricar bebidas semejantes,
utilizando sal, azúcar, bicarbonato y limón. Pero el suero es barato, el sabor
no es muy malo, y no creo que merezca la pena crear un mejunje que puede no
tener las proporciones adecuadas.
Muy
importante: cuando se vomita se activa un complejísimo reflejo del sistema
nervioso que permite que saquemos por la boca lo que procede del estómago, un
camino en absoluto sencillo ni fácil de realizar. Hace falta la acción
coordinada de varios órganos en un mecanismo complejo que, además, perdura en
el tiempo. Porque el reflejo del vómito se mantiene activo durante unos 40
minutos. Por consiguiente, tras vomitar no se debe dar al enfermo ni un leve
sorbo de agua. Todo lo que se le introduzca reactivará el reflejo y empeorará
su situación, con unas nauseas cada vez mayores. Conviene esperar un rato.
Acabo, con lo
más importante.
A
continuación, ustedes, pacientes lectores, van a olvidar todo lo que han
leído y no van a hacer ni caso de mis consejos ¿Por qué?
Porque no
tengo la carrera de medicina. Tampoco la de enfermería o la de farmacia. Hablar
de temas de salud en foros de internet no especializados resulta peligroso,
porque se pueden asumir como verdades auténticas estupideces. Si aparece un
cuadro de gastroenteritis en su familia acuda a su médico, que ha estudiado
muchos años para saber lo que realmente le conviene. Es posible que esté de
acuerdo con algo de lo que escribo en este artículo, pero eso no valida el
resto. Ni resta valor a la crítica que acabo de hacer.
Nada puede
suplantar la experiencia de un médico de cabecera, lo que lee en los ojos de
los pacientes, lo que percibe palpando su vientre o auscultando sus intestinos.
Jugar a ser médico era divertido de adolescente; ahora es asunto que no tiene
tanta gracia. Porque por culpa de la automedicación, por ejemplo, o el mal uso
de las pautas de toma de antibióticos, estamos creando cepas de bacterias
resistentes.
En fin. Un
artículo que no ha servido para nada.
Patético ¿No
creen?
Antonio
Carrillo
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