lunes, 4 de marzo de 2024

Amor entre verduras


Hay amores que nacen en el arrullo de un barco en alta mar, en la estrechez y el vértigo de una noria o en la oscuridad de un cine, y son intensos. Los amores que surgen en el supermercado son eternos.

Cuando iniciaron su relación guardaron el secreto de su amor, por miedo a las familias, a que no los comprendieran. Fueron semanas de susurros, de miradas fugaces. A él le encantaba la ligereza de su talle, su aroma embriagador. Ella soñaba con su apariencia robusta y firme, imperturbable.

Dormían abrazados a sus hermanos, pero soñaban con estar en los brazos del otro, en una intimidad cálida y reconfortante. Cuando las luces blancas iluminaban el nuevo día, se buscaban con ansiedad. Y se enviaban un beso furtivo, imperceptible para los demás.

Él era un puerro de buen tamaño, pálido por haber crecido enterrado. Esa experiencia le causó un trauma que perdura y lo hace sudar por la noche. Ella lo sabe y le susurra palabras suaves para que descanse. Están cerca, puerros y apios, hermanados en la sección de verduras del supermercado. Las traviesas zanahorias se burlan de su altura, envidiosas de su silueta longilínea.

El amor de un puerro y un apio es un amor imperturbable y perpetuo. Sólo los nabos pueden amar con tanta intensidad, aunque su timidez les obliga a domeñar su pasión. Los nabos comprenden a los amantes y les guardan el secreto de su ardor. El resto de las verduras no saben nada, ajenas a este universo de sentimientos eternos, tan antiguos como la tierra misma. Tan profundos como el mar.

El apio mira arrobada al puerro, y se inventa apodos para él. Tan alto, tan fuerte, pero dulce y amable al mismo tiempo. No sabe qué ha visto en ella, pero cuando siente que le observa mil calambres suben por sus hojas.

En el supermercado hay descuentos y promociones. Hay secciones y novedades. Y empleados de mantenimiento. Pero por encima de todo se percibe el calor suave y sutil del amor romántico, una energía que empuja galaxias e ilumina firmamentos.

Y prende luces de miradas entre las verduras. A diario.


Antonio Carrillo

No hay comentarios:

Publicar un comentario