miércoles, 9 de enero de 2013

Anecdotario




 Algunas anécdotas. Espero que les resulten entretenidas


¿Por qué la ropa interior de los militares es de color verde camuflaje, si no está a la vista? Fácil: un militar en combate en algún momento debe lavar su ropa, y luego tenderla para que se seque. También entonces le conviene pasar desapercibido.




Sir Ronald Fisher fue uno de los fundadores de la estadística aplicada. En sus últimos años rechazó tajante que hubiera un nexo causal entre el cáncer de pulmón y el tabaco; afirmaba que todo se debía a una predisposición genética. Más tarde se supo que recibía una cantidad vergonzosa de dinero de una importante multinacional tabaquera.
Sin comentarios.

7


Los colmillos de los hipopótamos, que pueden medir hasta 60 cm y pesar 4 kilos, están más cotizados que los de elefantes; entre otras razones, porque su marfil no amarillea con el tiempo. Además, el hipopótamo es un animal extremadamente territorial y peligroso. Que no les engañe su aspecto, puede correr casi tan rápido como un caballo.

  


Según cuenta Isaac Asimov, el matemático Karl F. Gauss, conocido como el "príncipe de las matemáticas", se concentraba tanto en su trabajo que, cuando en 1831 le vinieron a comunicar la inminente muerte de su segunda esposa, gravemente enferma, contestó: "Sí, sí, pero pídale que espere un momento hasta que acabe con esto".
Seamos justos: lo más probable es que esta historia, que circula por internet, sea apócrifa.



El candidato socialista a la presidencia de Francia en 1995, Lionel Jospin, antes de iniciar un debate, y haciendo gala de su elegancia, saludó a su adversario Chirac de esta guisa:
- Que gane el mejor.
A lo que, lacónico, Chirac respondió:
- Gracias



Raúl Glaber, monje cluniacense, informa que Benedicto IX fue elegido Papa en octubre de 1032. ¡Tenía 11 años de edad!



La sal siempre ha sido un producto muy valioso. Los aztecas, por ejemplo, la conseguían evaporando su propia orina.



Manuel de Falla no soportaba la suciedad, y desinfectaba con alcohol cada una de las teclas del piano antes de tocarlo.



Jean-Baptiste Mouron tenía 17 años en 1684 cuando fue acusado de incendiario, y condenado a galeras durante 100 años y 1 día. Lo asombroso es que Mouron cumplió el castigo íntegro, y quedó libre a la edad de 117 años. Falleció unos años más tarde.



La tribu de los kachins (o Jingpon), al norte de Birmania, fue uno de los aliados que lucharon contra el ejército japonés. Estaban bajo el mando del general norteamericano Joseph Stillwell.
Un día el general recibió el informe de que los Kachins habían matado a 5.447 japoneses. el general se mostró extrañado: ¿cómo sabían el número exacto de bajas del enemigo? Un jefe Kachin le depositó unos extraños collares encima de la mesa: sólo tenía que contar las orejas, y dividirlas por 2.



El emperador romano Heliogábalo sufrió una campaña de desprestigio nada más ser asesinado. Por ejemplo, se comentó que servía a sus invitados manjares de cera y éstos eran obligados, bajo pena de muerte, a simular que estaban comiendo.



El Sol convierte hidrógeno en helio, y en este proceso nuclear irradia una cantidad de energía equivalente a la pérdida de 4 millones de toneladas de materia por segundo.



Se comenta que en una cena celebrada en Berlín, en honor al músico Johannes Brahms, el anfitrión propuso un brindis: “por el mas grande de los compositores”. Brahms se levanto en ese instante y, alzando su copa, dijo: “Por Mozart”.



Durante 3 años, desde 1687 a 1690, Isaac Newton fue miembro del Parlamento británico en representación de la Universidad de Cambridge. Durante todo este tiempo sólo pidió la palabra en una ocasión. Se hizo un silencio expectante por oír las palabras del genio:
- Propongo cerrar esa ventana, porque aquí hace un frío considerable- dijo.



Alguien le preguntó al (magnífico) filósofo y matemático Bertrand Russell si estaba dispuesto a morir por sus creencias. El genio respondió: "por supuesto que no; al fin y al cabo podría estar equivocado"



La caída de Rotterdam bajo dominio alemán en la Segunda Guerra Mundial es, cuanto menos, curiosa: la 11 compañía de paracaidistas (unos 60 hombres), transportada en viejos hidroaviones He-59, pisó suelo holandés en el césped de un estadio de fútbol, en medio de la ciudad. Cuando salieron a la calle, los pocos deambulantes no los reconocieron, ya que sus uniformes y cascos eran diferentes a los de la infantería. Se dividieron en dos grupos; unos abordaron un tranvía y sometieron al conductor; otros se apoderaron de automóviles civiles.
De esta guisa, en tranvía, el ejército alemán se adentra en el corazón de la ciudad.



Se cuenta que el matemático Peter Gustav Lejeune-Dirichlet no era en absoluto partidario de escribir cartas. Puede que fuera porque su padre fue jefe de una Oficina de Correos. Por ejemplo, cuando nació su primer hijo con Rebecka Mendelssohn (hermana del compositor), envió un sucinto telegrama a su suegro Abraham:
2 + 1 = 3



Claude Bernard fue el fisiólogo experimental más importante del siglo XIX. Por supuesto, esto implica que se trataba de un experimentador feroz, que se llevaba al salón de su casa los restos moribundos de cualquier animal atropellado.
El problema es que estaba casado con una mujer de fuerte carácter, ferviente católica, que desconfiaba de la ciencia y aportaba dinero a un movimiento antivivisección. Acabaron divorciados, claro está.



Dos jefes de una etnia papú de Nueva Guinea (desconozco cual; hay más de 50) se dispusieron a volar por primera vez. Sólo pidieron una cosa: que la puerta lateral no se cerrara. El piloto les advirtió del intenso frío en las alturas, pero insistieron. Embarcaron con unas piedras grandes, y solicitaron al piloto si podía sobrevolar un poblado vecino (y enemigo).
Sepa que Nueva Guinea es uno de los lugares más violentos del planeta.



El Emperador Augusto tenía sus manías; en invierno tenía tanto frío que llevaba cuatro gruesas túnicas sobre su recio cuerpo.



Mel Blanc, "el hombre de las mil voces", dobló al pato Lucas, a Pablo Mármol de los Picapiedra, a Piolín o al conejo Bugs Bunny. En algunos foros se comenta que era alérgico a las zanahorias. No es cierto; pero no le gustaba su sabor. Cuando imitaba a Bugs Bunny, mordisqueaba una zanahoria, pero luego la escupía.



Una cucaracha puede vivir una semana sin cabeza. He leído que esto es debido a que su cerebro no se encuentra en su cabeza sino en su cuerpo. Es falso; aunque sí es cierto que parte de su sistema nervioso (ganglios torácicos y abdominales) no se encuentra en la cabeza. Si se le corta la cabeza, morirá de hambre.




Los Anales de Fulda cuentan que el Papa Juan VIII fue envenenado por un familiar, pero como el efecto resultó demasiado lento, lo remataron golpeándole la cabeza con un martillo. Edificante.



La palabra ladrón viene del latín latronis, que es como se llamaba a los mercenarios romanos que trabajaban como guardias. A su vez, latronis podría venir del latín latus (lado), pues estos guardianes permanecían junto a la mercancía que debían (supuestamente) proteger.



El boomerang se asocia Australia, pero hace 3.000 años los egipcios ya lo conocían. En la actualidad, con los nuevos materiales, se pueden lanzar a una distancia récord de 100 metros.



Stalin decidió matar a John Wayne, un símbolo de la derecha norteamericana. Dos agentes secretos llegaron a introducirse en los estudios de la WArner, pero fueron detenidos por agentes federales. Lo sé, suena difícil de creer; pero leí la noticia en la sección de cultura del ABC.



Un ave ha adornado profusamente el capó de su vehículo. Por supuesto, no es plato de gusto, pero, ya puestos, le propongo que eche un vistazo. Verá que hay tres partes diferenciadas, de fuera adentro.
La orina es la parte más líquida y debe ser clara; si es verde, tal vez el pájaro sufría de una enfermedad hepática; si es roja, quizá haya consumido muchos frutos rojos o haya sido envenenado. Hay una sustancia clara llamada urato; si es blanca, el pájaro quizás estaba estresado; si es amarillenta, estaba mal nutrido. Lo del centro, más oscuro, son las heces en sí.
Ahora le toca limpiar; y conviene que lo haga, pues este conglomerado de sustancias puede dañar la pintura con su acidez. Además, son fuente de infecciones. Tendrá que tener un especial cuidado si están secas, pues pueden provocar que inhalemos un polvo lleno de hongos.



Una visita le preguntó un día a Picasso el porqué no tenía ninguna pintura propia adornando la casa, a lo que el pintor malagueño contestó que "no podía permitíselas"  




Kazuo Sakamaki, tripulante de un submarino de bolsillo durante el ataque a Peal Harbor,  fue el primer japonés capturado en la Segunda Guerra Mundial. Estuvo a punto de suicidarse en el Campo de Concentración. Con el tiempo, acabada la guerra, fue vicepresidente de Exportaciones de Toyota, presidente más tarde de la empresa automovilística en Brasil y miembro del Consejo de Administración de la Cámara de Comercio e Industria de Japón.


¿Me creerían si les digo que hay más; muchas más?

 Antonio Carrillo

jueves, 3 de enero de 2013

Nacionalismo y el yo ampliado



 

Hace 15 años tuve la fortuna de estudiar el nacionalismo como teoría política en la London School of Economics, en un curso que impartía James Mayall, uno de los mayores expertos en este tema.

El lema de la L.S.E. "Rerum causas cognoscere", "entender el porqué de las cosas", ejemplifica lo que fueron aquéllos meses de estudio; una inmersión desde la sociología y la política en un fenómeno complejo, que tiene su origen en el siglo XIX y ha sido fuente de conflictos desde entonces. Como español, el nacionalismo es un fenómeno que no me resulta ajeno; soy ciudadano de un país plurinacional, en el que conviven al menos cuatro sensibilidades nacionales (nacionalidades). Ello tiene su reflejo en el hecho de que hay cuatro lenguas oficiales en mi país y, como establece la Constitución de 1978, "La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección".

 
La Constitución, en un intento por conformar a todos, creó un entramado complejo. El artículo 2, algo esquizofrénico, establece que:

 
La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.
 

El Tribunal Constitucional tuvo que poner orden, y delimitar muy pronto (1981) los límites entre el Estado y sus nacionalidades:

"La autonomía hace referencia a un poder limitado. Autonomía no es soberanía -y aún este poder tiene sus límites-, y dado que cada organización territorial dotada de autonomía es una parte del todo, en ningún caso el principio de autonomía puede oponerse al de unidad, sino que es precisamente dentro de éste donde alcanza su verdadero sentido, como expresa el artículo 2 de la Constitución".(STC 4/1981)

 

A pesar de todo el (extenso) cuerpo doctrinal que ha fijado lo que significa convivir en un estado plurinacional, las tensiones nacionalistas son constantes, y protagonizan el debate político español desde hace décadas, sino siglos. Y es lógico que así sea, pues es un tema de una complejidad sociopolítica enorme.

De todos modos, abandonamos en este punto la teoría política, que apenas hemos esbozado. No apetece sumar argumentos, en absoluto definitivos, a un barullo que parece irresoluble. No nos acercamos, entonces, al fenómeno nacionalista desde las alturas de la Ley, sino desde unos altozanos más cercanos a la psicología. Nos interesa no tanto el fenómeno en sí como su asunción por el individuo como elemento identitario (perdón por el neologismo) de carácter - a menudo - ontológico.

Nos incumbe, pues, el sentir del sujeto nacionalista, que hace de la territorialidad, lengua o competencias un asunto trascendente, esencial.

Debo dejar claro desde un comienzo que estas torpes reflexiones provienen de un individuo (yo mismo) no nacionalista. Era complicado que tal fortuna encontrara arraigo en un sujeto tan disperso, tanto en lo relativo a sus orígenes territoriales como en su manera de pensar.

Mi genealogía es asunto que me interesa bastante poco; apenas bastan dos generaciones para que al menos una de las ramas se desplace de Andalucía hacia Extremadura. Cien generaciones en mi pasado, podría encontrar raíces en el ancho horizonte de las estepas del pueblo mongol. En realidad, poco importa: las identidades llaman siempre al orden cultural, no racial. No existen las razas en el género humano. Por tanto, lo que me distingue de cualquier otro homo sapiens son unas costumbres (y un fenotipo) heredadas tras milenios de evolución, cultural y natural, en distintos ámbitos geográficos y climáticos. Pero, en esencia, y esto es importante resaltarlo, los humanos conformamos una sola especie.

En definitiva: desde la genealogía o la genética poca respuesta encontramos al sentimiento nacionalista. Es cuestión, pues, insisto en ello, de raigambre cultural. El nacionalista se alimenta de una llamada que considera ancestral, un vínculo íntimo con un idioma, una identidad, un folclore que, en muchos casos, considera amenazado por otra cultura más (numéricamente) potente; o, en otros casos, por una minoría que buscan desmembrar la unidad nacional. El nacionalista procura defender lo suyo frente a lo que considera imposiciones ajenas a su identidad. Distingue, entonces, entre los míos y los otros.

 
De nuevo me enfrento a una exigencia casi irresoluble: intentar desentrañar la esencia de un fenómeno que me resulta ajeno. Me crié en una enorme "ciudad dormitorio" cercana a Madrid. Crecí en un terreno de aluvión, un lugar de encuentro de emigrantes procedentes de toda España, conformado por viviendas de ínfima calidad, todas iguales, sin apenas parques, fiestas patronales o rasgos diferenciadores. En esta ciudad sin historia, enormes colmenas de protección oficial, regentadas por enormes porteros automáticos, hablan un único dialecto: el del anonimato.

 
Mi infancia tiene el aroma de una encrucijada de caminos, de un tren sin estaciones.

¿Qué consecuencia tuvo esta experiencia en mi "yo"? Llegados a este punto, conviene que nos apoyemos en una metáfora.
Imagine: somos células. Usted y yo. Formamos parte de un todo más complejo, pero nos diferenciamos por una membrana que nos individualiza. Sin embargo, esta pared, a la vez que nos distingue, nos sirve de vínculo con lo que nos rodea, porque es una barrera permeable. No puede ser de otra manera: el aislamiento conduce a la muerte del hombre.

No todo se adentra en nuestro interior, claro está, pero la comunicación es bastante fluida. El entorno alimenta nuestro cuerpo y nuestra mente. Hay miles de corpúsculos pululando en el caldo que resguardamos en nuestro interior; y nos interesa sobremanera las mitocondrias. Resulta curioso que tengamos A.D.N no humano en ellas. Es una herencia genética que heredamos de nuestras madres, y se adivina una antigüedad enorme en su simplicidad formal. En nuestra metáfora de hombres-célula, la mitocondria es el lugar en el que se almacenan los saberes y costumbres que hemos heredado. Están en nuestro interior, forman parte de nosotros, nos aportan la energía necesaria para vivir, pero sus genes no son los nuestros. Son demasiado antiguos como para seguirles el rastro.

Otros corpúsculos danzan en el caldo de nuestro interior: nuestra profesión, amores y sentires, memorias y olvidos, posesiones y pérdidas, rutas trazadas y por afrontar.... Somos complejos, qué duda cabe, y más aún si tenemos en cuenta que todo este bagaje interactúa con las otras células que nos acompañan en este viaje que llamamos vida. Nos hacemos a cada momento trasvasando lágrimas y risas, en una corriente (simpatía) imparable. Todas las células conforman un supraorganismo palpitante que denominamos nación.

Pero observe: en lo más profundo de la célula que es usted se oculta el núcleo, el reducto del "yo íntimo". Su membrana no es tan permeable, porque lo que guarda en su interior es valioso y único. ¿En qué consiste? Hay una genética que en parte predispone nuestra vida desde que nacemos, un sistema operativo que ofrece una coherencia estructural y funcional al "ser". En nuestro yo más profundo protegemos lo que consideramos esencial: hijos, ideales, seguridad o cordura se agolpan en este pequeño cubil, permanentemente alertas a cualquier ataque que nos pueda desestabilizar.

¿Qué sucede si añado muchos otros factores a este "yo interior"? Su membrana elástica se estira y agranda para poder asimilarlos, pero con ello se hace más delgada, se debilita. Si considero parte de mi esencia asuntos tales como la identidad nacional, si hago del nacionalismo parte de mi ser,  me veré obligado a luchar por defender la integridad de un "yo ampliado". El perímetro de mi núcleo será demasiado grande, y puedo agotarme yendo de un sitio para otro, en un intento por resguardar mis defensas,  desatendiendo mientras tanto asuntos, quizás, más importantes.

Pero, además, hay otro factor a tener en cuenta. Si la identidad nacional encuentra refugio en las mitocondrias que flotan en el citoplasma, es más permeable a las experiencias provenientes del exterior. Es decir, puedo cambiar, aprender o asimilar desde el compartir. Sin embargo, una identidad nacional resguardada en la seguridad del núcleo corre el riesgo de anquilosarse en su aislamiento.

Todo lo dicho no deja de ser simples elucubraciones de un no nacionalista, y no tiene la menor trascendencia. De hecho, es probable que si hubiera nacido en Cataluña o el País Vasco, mi percepción sería muy distinta. No hubiese escrito este artículo, sino otro muy distinto, y en otra lengua.

Somos de donde nos hacemos personas, y ello nos define.

Si acaso, lo único que importa es el respeto. El raro ejercicio de la empatía nos hace amables a la diversidad, al intercambio de ideas. A la curiosidad por el otro.

Finalmente, no es una historia de buenos y malos. Es una historia de corazones; y el corazón tiene razones que la razón ignora.

(Las fotos corresponden a portones de casas solariegas de la ciudad de Cuenca)

Antonio Carrillo

miércoles, 2 de enero de 2013

La educación como fenómeno




En este artículo, publicado en RSXXI, reflexiono sobre la educación como fenómeno humano.

De la Paideia griega a las trincheras de la I Guerra Mundial. El camino de encontrarnos.

Y la sombra de la privatización.

Link al artículo sobre educación para el siglo XXI

pruebe también en:

http://www.rsxxi.es/contenido/educaci%C3%B3n-para-el-siglo-xxi

Antonio Carrillo

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Apolonio de Tiana: el Cristo que no fue

 

Voltaire admiraba la figura del filósofo y matemático griego Apolonio de Tiana. Llegó a decir que su importancia histórica superaba al mismísimo Jesucristo. Esto es, por supuesto, una solemne tontería.

Sin embargo, nos interesa, y mucho, el personaje de Apolonio porque, precisamente, ha sido reconocido históricamente como un trasunto pagano de Jesús de Nazaret. El teólogo exegético Ferdinand Christian Baur lo definía en el siglo XIX como una réplica filosófica a Cristo. Mucho antes, Eusebio de Cesarea, uno de los primeros padres de la iglesia, escribió su Discurso de Amor a la Verdad, en el que rebate a Hiérocles de Alejandría (gobernador romano y filósofo neoplatónico) en el intento de glorificar a Apolonio. Como vemos, desde muy pronto se establecieron concordancias entre la vida de Apolonio y la de Jesús. ¿Por qué?

De Apolonio sabemos bastante, mucho más que del Jesús histórico, del que no sabemos apenas nada (de fuentes fiables). La bella emperatriz Julia Domna, esposa y madre de emperadores (Severo y Caracalla), encargó al sofista griego Flavio Filóstrato que redactara su biografía. También lo citan, entre otros, Apuleyo, Vospico, Luciano, Lampride, Dione Casio u Orígenes. En el museo de Adana, en Turquía, una inscripción en piedra dice literalmente que Apolonio "extingue las faltas de los hombres", y que ascendió a los cielos para que pudiera "librar a los hombres de sus males".

 

No se conoce la fecha exacta de su nacimiento, pero la más probable se corresponde al año 4 ó 6 a.C. Apolonio nació, esto sí es seguro, en Tiana (ciudad de la hoy turca Capadocia), y era de familia noble. Su venida al mundo está revestida de todo tipo de leyendas, como corresponde a un personaje de su época y categoría. Según algunas crónicas, fue engendrado después de un sueño místico de su madre (al igual que Jesús). El parto, además, fue espectacular. Charles B. Waite, juez y teólogo decimonónico, autor de la “Historia de la Religión Cristiana hasta el año Doscientos” nos lo describe de esta guisa:

 

“’Antes de su nacimiento, Proteo, un dios egipcio, se le apareció a su madre y le anunció que se encarnaría en el niño venidero. Siguiendo las indicaciones dadas en un sueño, ella se dirigió a un prado para recoger flores. Estando allí, una bandada de cisnes formó un coro a su alrededor, agitando sus alas y cantando al unísono. Mientras estaban ocupados en ello, y el aire era abanicado por un delicado céfiro, Apolonio nació.”

 
Por lo leído, no hizo falta anestesia epidural alguna.

Con tales antecedentes, no es de extrañar que se tratara de un niño con una prodigiosa inteligencia y extrañas facultades. Contando apenas catorce años estudió ciencias fenicias en la ciudad de Tarso, bajo la tutela de Eutidemo, profesor de retórica (no el sofista citado por Platón). También se adentró en el conocimiento de la filosofía pitagórica y las matemáticas como pupilo de Euxeno de Heráclea.

Con la muerte de su padre, a los 20 años, heredó una gran fortuna, pero la donó en su totalidad, dando ejemplo de lo que sería su filosofía de vida. Muy influenciado por la corriente pitagórica, decidió vivir una vida ascética; vestía con una sencilla toga de lino blanco, optó por el celibato y jamás probó el vino. Sólo comía legumbres, frutas y verduras. Se refugiaba del frío en los templos, y solía ir descalzo.

Como ejemplo de introspección, basta con indicar que se abstuvo de hablar durante cinco años.

Con tales mimbres, pronto se ganó una reputación de sabio. Una cohorte de seguidores comenzó a seguir sus pasos por medio mundo: Grecia, por supuesto, pero también Babilonia, Egipto, Creta, Sicilia, Roma, Cádiz... Al final de sus días, Apolonio dominaba 16 idiomas.

 
Los seguidores lo abandonaron sin embargo cuando su caminar lo condujo lejos, muy lejos. Nada menos que a la India, en donde aprendió de los Brahmanes. Y más lejano aún, a Cachemira, y al Tíbet. Sabemos de su presencia en templos del Himalaya gracias a Damis, un discípulo que se encontró en el camino y el único que lo siguió en su andadura. De Damis y sus muchas anotaciones consiguió la información el biógrafo Filóstrato, dos siglos más tarde.

Este suceso extraordinario también lo asemeja a Jesús, del cual se rumorea que, en sus llamados "años perdidos" (desde la juventud hasta los 30 años), recorrió tierras de Oriente. Algunos autores afirman que existen pruebas, incluso documentales, de la presencia del nazareno en tierras del Tíbet.


¿Es esto posible? Es improbable, y desde luego no conozco ninguna prueba fiable de tal viaje, como tampoco de la existencia del Yeti. El corresponsal de guerra ruso Nicolás Notovitch visitó India y Tíbet a finales del XIX. Afirmó que oyó hablar de un manuscrito sobre la vida del Santo Issa (Jesús en árabe) guardado en el monasterio de Hemis Ladakh. Nadie ha podido demostrar su existencia. Sin embargo, sí parece que Apolonio tuvo conocimiento del pensamiento de Oriente; primero, existen textos sánscritos que citan a los ascetas de las regiones occidentales Apalunya (Apolonio) y Damisaa (Damis); segundo, a raíz de su extraordinario viaje, Occidente conoce de la existencia de los Upanishads (libros sagrados védicos) y de la Bhagavad Gita, parte del texto épico Majábharata.
 
 

A su vuelta del lejano Oriente su aspecto físico lo delata: más parecido a los Brahames que a los sofistas griegos, su barba era larga espesa, y largos también sus cabellos.

Vuelven entonces los discípulos, que adoptan tanto su aspecto como su forma de vida, y se genera una leyenda en vida de Apolonio como maestro del género humano. En el relato de su devenir abundan los milagros, los hechos sin explicación posible: se negó a subir a un barco augurando su naufragio, que en efecto se produjo. Predijo el asesinato del emperador Domiciano. En Roma resucitó a una doncella de noble cuna (¿Lázaro?), y en diversas celebraciones hizo aparecer de la nada panes o frutos (¿multiplicación de panes y peces?)

Sin embargo, en estos hechos extraordinarios encontramos una diferencia fundamental entre Apolonio y Jesús; mientras en el segundo los milagros se consideran pruebas irrefutables de su naturaleza divina, Apolonio quitaba importancia a los mismos, pues los consideraba como algo secundario y sujetos a una explicación racional. ¿Acaso reanimó a la joven utilizando sus conocimientos en medicina? Recordemos que Apolonio se ganó un profundo respeto en el templo de Esculapio por sus remedios curativos ¿Vio algo en el barco que le permitió augurar su próxima zozobra? Lo cierto y verdad es que Apolonio no le atribuía causas mistéricas a los fenómenos; afirmaba así que volcanes o mareas eran acontecimientos de orden natural, y que la hombre llegarían a conocer sus causas.

En definitiva, Apolonio ni era ni se creía un ser sagrado, no estaba llamado a una cruzada mesiánica. Tan sólo enseñaba, curaba, hablaba de paz y buenas costumbres. No pidió que le siguieran, y mucho menos que nadie continuara su obra.

Vespasiano le consideraba, sin embargo, cercano a la divinidad, y solía pedir su consejo en asuntos de Estado. Lo mismo otros monarcas de su época, persas, egipcios, babilonios, hindúes... Cuando el rey de Babilonia Vardane le preguntó cómo reinar en paz, la respuesta de Apolonio fue: "Ten muchos amigos y pocos confidentes". Es la respuesta de un filósofo.


Rechazó los sacrificios, le preocupaba la moderación en las costumbres, la paz entre los pueblos, y se negó a recibir prebendas de los poderosos. Sin embargo, los reconocimientos que recibió en vida fueron numerosos: Elio Lampride afirma que el emperador Alejandro Severo, el primer emperador que no persiguió a los cristianos, tenía en su lararium (altar privado), entre otras figuras como Jesús, Abraham y Orfeo, la imagen de Apolonio; el historiador Flavio Vopisco, en su obra "Vida de Aurelio", afirma en boca del emperador "que debe honrársele como ser superior". El autor llega a decir que "es un verdadero amigo de los dioses y entre los hombres no es posible encontrar un ser más santo y más parecido a Dios". Dione Casio afirma que el emperador Caracalla erigió un templo en su honor. El Emperador Tito, tras recibir consejo de Apolonio sobre el año 80 d.C., le respondió: "En mi propio nombre y en nombre de mi país le doy las gracias, y estaré atento a esas cosas. De hecho, yo he conquistado Jerusalén, pero Usted me tiene  capturado a mi".

Se dice que, cercano el fin de su vida, abrió una escuela esotérica en Éfeso; pero poco se sabe a ciencia cierta de su muerte. Ni siquiera se conoce la ubicación de su tumba. Unos autores dicen que murió en el templo de Atenea, en Lindo, Rodas (donde nació el sabio Cleóbulo); otros defienden que expiró en el templo dedicado a Artemisa en Éfeso, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

 

Una leyenda (mi preferida, pues lo acerca a la figura de Epiménides, con la que veo alguna relación) sitúa su muerte en Creta, en un templo guardado por perros salvajes que, dóciles, dejaron entrar al sabio. Las puertas del templo se abrieron solas, y un coro celestial lo acompañó en su ascensión. Por cierto, muchos apologistas dan por cierto que resucitó, y que se apareció a un (suponemos que aterrado) discípulo, que dudaba de él.

¿Por qué Cristo fue Jesús de Nazaret, y no Apolonio de Tiana? Se me ocurren varias razones.

Apolonio no fundó una religión, y más que discípulos tuvo alumnos. No creo que se le apareciera en forma cuasi-incorpórea a un discípulo por tener dudas; la duda es amiga fiel de la filosofía, y Apolonio era filósofo. Es seguro que Apolonio no pretendió que nadie siguiera tras su muerte con un adoctrinamiento que él mismo desaconsejaba.  

Apolonio se expuso a muchos sucesos como protagonista absoluto de su época; no podía haber misterio ni enigma alguno si él mismo quitaba importancia a sus pretendidos milagros. Dejó tras de sí libros, cartas, enseñó todo a lo largo de su mundo y no daba lugar a interpretaciones. Fue un gran hombre, pero nada más. De hecho, muchos de los milagros y misterios que se le atribuyen parecen tomados de un cristianismo primigenio, como si desde el agnosticismo se quisiera responder a la figura emergente de Cristo.

También pudo ser al revés, y los autores de los evangelios podrían haberse apropiado de habladurías que circulaban sobre el famoso Apolonio. Es bien sabido que la Biblia rebosa de simbología recogida de tradiciones babilónicas y egipcias. Al fin y al cabo, la emulación de arquetipos y simbologías antiguas es algo común en la religiosidad humana. (Génesis, diluvio universal, pecado original, nacimiento de una virgen, resurrección al tercer día, etc.)

Pero, en mi opinión, el motivo más importante lo encontramos en otra personalidad excepcional: Pablo de Tarso. Pablo creó (moldeó) a Cristo y su iglesia sin conocer a Jesús. El cristianismo es más obra suya que de los evangelistas sinópticos, del evangelista Juan o del mismo Jesús histórico. No hubo un "Pablo" que supiera (o quisiera) hacer de Apolonio una figura mítica que trascendiera a la persona.

Ello no le resta mérito al Apolonio hombre. Sin lugar a dudas, un ser humano excepcional. Pero no hijo de Dios. Tampoco Dios mismo.

 

Tan sólo filósofo.

Antonio Carrillo.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Puertas del infierno


 
Se encuentra usted en Darvaza, Turkmenistan, en el desierto de Karakum, un lugar yermo y gigantesco del Asia Central. Hace 41 años, un equipo de geólogos soviéticos buscaba en el subsuelo yacimientos de gas cuando, súbitamente, la tierra se hundió, dejando al descubierto una enorme fosa de 60 metros de diámetro y 20 metros de profundidad, tragándose todo el equipamiento e instrumental de los científicos.

No era cuestión perderlo todo; y los geólogos, preocupados por la fuerte emanación de gases venenosos, decidieron prenderle fuego. En unas horas, días a lo sumo, se debía consumir todo el gas.
 
 

Se prendió la llama en 1971, y en la actualidad sigue ardiendo con la intensidad del primer día. Seguro hay enormes depósitos de gas subterráneos, que abastecen el cráter de combustible. Los lugareños llamaron al fenómeno "la puerta del infierno".

Observe este vídeo. Entenderá el porqué del nombre.
 
 

Sin embargo, hay infiernos invisibles, tanto o más peligrosos que el cráter de Darvaza; no se me ocurre mejor ejemplo que la ciudad de Centralia, en Pensilvania, EEUU.

El municipio era un lugar próspero en el siglo XIX, que se enriqueció por el carbón de sus tierras. Llegó a tener siete iglesias, dos teatros y cinco hoteles. Dos vías férreas comunicaban Centralia con el resto del país.
 
 

Según avanzaba el siglo XX, el abandono de las minas provocó su progresivo declive; pero en absoluto era una ciudad muerta. Hasta que se produzco el silente desastre.

En mayo de 1962, cinco voluntarios de la compañía de bomberos se aprestaron a limpiar el vertedero municipal, situado en una mina abandonada. Le prendieron fuego, y aguardaron a su extinción. Pero el fuego no se apagaba.

Oculto bajo tierra, el fuego recorrió desatado kilómetros de túneles abarrotados de carbón. Toda la ciudad estaba minada, y fue imposible detener el fuego. Sin embargo, durante veinte años el infierno desatado pasó casi desapercibido. Sólo algunos vecinos se vieron afectados por extrañas emanaciones de monóxido de carbono.
 
 

En 1979 el empleado de una gasolinera verificó con una vara el nivel de combustible de los depósitos subterráneos. Cuando la retiró, estaba muy caliente. Tuvo la idea de bajar   un termómetro amarrado a una cuerda: la temperatura de la gasolina almacenada en el subsuelo alcanzaba los 78°C. Poco tiempo después un niño estuvo a punto de perder la vida, cuando el suelo cedió bajo sus pies.

La población tomo conciencia del problema: cientos de metros bajo la superficie, un incendio tremendo provoca temperaturas de cientos de grados; un auténtico infierno. El fuego lleva 50 años quemando carbón, uno de los combustibles con mayor poder calorífico que se conocen. Las entrañas de la arbolada Centralia ocultan un inmenso y poderoso horno.
 
 

Hoy Centralia consta como una población con 0 habitantes, y no tiene código postal, aunque hay algunas casas habitadas. Carteles advierten del peligro de adentrarse en la zona. Sin embargo, los indicios del horror son escasos: fumaradas al sur del municipio, algunos árboles quemados,  y una carretera con el firme agrietado.
 
 

¿Cuándo se apagará el infierno subterráneo de Centralia? No antes de 250 años.

Durante siglos, bajo la calma de los bosques, la tierra arderá en silencio, creando una puerta hacia el infierno.

Antonio Carrillo.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Trabajos suicidas




En este artículo, publicado por RSXXI, reflexiono sobre el trabajo y las tasas de suicidio tan elevadas que se relacionan con el entorno laboral.

Causas hay muchas; pero propongo una reflexión sobre el tiempo, sobre la violencia sobre el tiempo orgánico (interno) como expresión de esclavitud.

Espero que les guste. Hay mucho de mí en él.

Enlace a texto "trabajos suicidas"

Antonio Carrillo

jueves, 13 de diciembre de 2012

Entrevista a Antonio Carrillo, gerente de Tradux: La crisis del tiempo


 
Ha nacido una revista.
 
Es una buena noticia en estos tiempos, más propicios al miedo que a la aventura.
 
Además, la alegría es doble; RSXXI es un ámbito que apuesta por el humanismo, por una visión alternativa, más pausada, de la realidad cultural y socioeconómica. Frente a la moda de lo inmediato y lo escueto, Los Ritmos del Siglo XXI se detiene en el análisis en profundidad, procura despertar la conciencia de una sociedad adormilada y respeta la inteligencia de sus lectores. Es casi inaudito. 
 
Como afirma el lema de la London School of Economics, RSXXI pretende "Rerum causas cognoscere"; comprender el porqué de las cosas.
 
He tenido el privilegio de inagurar la sección "Sucesores de Tales", en la que empresarios con una visión humanística aportan su experiencia. Agradezco muy especialmente a Marcelino Covarrubias, filósofo, escritor y periodista, adjunto a dirección de RSXXI, que haya apostado por mi palabra, por mi verso libre. Es algo que le agradecere siempre.
 
Pero de las opiniones que se vierten a continuación, y que tienen mucho que ver con el mundo de la traducción, sólo yo tengo la culpa